Ecos del pasado

Este mayo se han cumplido 14 años de la publicación de "Europa contra Europa. 1914-1945" (Editorial Crítica, 2011), una obra del historiador aragonés Julián Casanova en la que se resumen episodios clave de la historia de Europa en el periodo de entreguerras (1914-1945), en ese periodo de tiempo que el historiador británico Eric Hobsbawn definió como la Era de las catástrofes, desde el inicio del siglo XX "corto" (1914-1991), con la quiebra de los imperios centroeuropeos, hasta el final de la Segunda Guerra Mundial en 1945; un espacio de tiempo en el que la violencia fue una actriz fundamental que …

Jorge Serrano Fernández

Este mayo se han cumplido 14 años de la publicación de "Europa contra Europa. 1914-1945" (Editorial Crítica, 2011), una obra del historiador aragonés Julián Casanova en la que se resumen episodios clave de la historia de Europa en el periodo de entreguerras (1914-1945), en ese periodo de tiempo que el historiador británico Eric Hobsbawn definió como la Era de las catástrofes, desde el inicio del siglo XX "corto" (1914-1991), con la quiebra de los imperios centroeuropeos, hasta el final de la Segunda Guerra Mundial en 1945; un espacio de tiempo en el que la violencia fue una actriz fundamental que se llevó al cementerio a decenas de millones de personas. El cómo y quiénes brutalizaron de tal forma a esa Europa en la que "un grupo de criminales se hicieron con el poder" es la idea fundamental de la obra en la que indaga el escritor aragonés.

Europa entró al siglo XX siendo el motor económico, político, militar y cultural del mundo y en tan sólo catorce años ese papel hegemónico se quebró. El inicio de la Primera Guerra Mundial supuso el "fin de un viejo orden", que hundía sus raíces en el siglo XIX, y el inicio de una "cultura de enfrentamiento" que no acabó en 1919 con la mutilada e injusta Paz de Versalles. Porque lo que siguió a 1914 y duró hasta 1945 fue una guerra civil europea que se llevó por delante a 80 millones de personas en tres décadas, en unos "tiempos de odios" que marcaron a sangre y fuego la historia del continente europeo.

Casanova no se limita sólo a narrar eventos militares y políticos, sino que analiza las ideologías, los conflictos sociales y las rupturas existentes en el periodo de entreguerras. Hechos notables como el auge de los totalitarismos en Rusia, Italia y Alemania, la fragilidad de las democracias parlamentarias y repúblicas creadas en numerosos estados europeos tras la Gran Guerra, el papel de las revoluciones como la rusa o la Guerra Civil española, una "guerra internacional en suelo español", son algunos de los elementos centrales de la obra.

De la Gran Guerra salieron dos fenómenos que estremecieron al mundo. El comunismo, primero, en Rusia, tras "la venganza de los siervos", que se llevó por delante a una dinastía imperial del medievo —los Romanov— y a todo un sistema feudal, y en segundo lugar al fascismo —primero en Italia y después en Alemania— que instaló un culto a la violencia y al expansionismo que acabó siendo la causa del inicio de la Segunda Guerra Mundial.

Pero estos movimientos, que tras su instalación en el poder inauguraron nuevas formas de violencia, necesitaron de bases sociales, intelectuales y políticas para asentarse en el poder y aplicar mecanismos de represión que les sirvieran para cumplir sus objetivos. Casanova los explica en la obra con precisión, afirmando que ni Stalin, ni Mussolini, ni Hitler, ni Franco u otros dictadores europeos hubieran llegado al poder sin el respaldo de millones de personas, pero tampoco sin el respaldo de individuos que ostentaban el poder mucho antes que los criminales citados. Así pues, figuras como Mussolini o Hitler no se pueden entender sin atender a quienes estaban en el poder antes de que llegaran a dirigir el gobierno.

En ese periodo de tiempo, que otros autores como Enzo Traverso han definido como una "guerra civil europea", florecieron fenómenos que incorporaron visiones antagónicas sobre Europa; la lucha entre el liberalismo y el autoritarismo, entre el comunismo y el fascismo, los nacionalismos de los Estados europeos frente al internacionalismo que proponían los partidos obreros y el movimiento obrero. Un dualismo que llegó a estremecer al continente más poderoso del mundo y que fue testigo de unas formas de violencia nunca antes vistas: el genocidio, la brutalidad de las trincheras, las persecuciones políticas, la violencia sexual o las limpiezas étnicas.

Europa fue escenario de una espiral de barbarie donde la deshumanización y los crímenes de lesa humanidad brotaron por todo el continente. De aquel pasado violento salieron memorias que intentaron contar lo que pasó. En muchos países de Occidente no hubo problemas para sacar a la luz a las víctimas del fascismo, con la clara excepción de España y Portugal, cuyos regímenes sobrevivieron a la caída de los fascismos en 1945. Lo mismo ocurrió en Rusia, cuando las víctimas del comunismo comenzaron a contar sus testimonios orales tras la caída del bloque soviético en 1991. Las democracias actuales tienen el deber de contar lo que pasó si no quieren volver al autoritarismo que asoló Europa no hace tanto tiempo. Julián Casanova lo dejó claro en "Europa contra Europa".