“Donde hay poca justicia, es un peligro tener razón”

Esta cita de Quevedo me maravilla por su exactitud y, al tiempo, me estremece si la saco a pasear del encierro de la mente. Llevamos demasiado tiempo en que los magistrados se erigen como dioses, de jueces y parte. Seamos justos y sí, hay que concretar: no son todos, pero siempre demasiados. Jueces que prevarican, jueces que no atienden la propia ley y no se despegan de sillones caducados hace años, jueces que, en virtud de algo que conocen muy bien, el gremialismo, se protegen unos a otros y casi nunca son enjuiciados. Jueces que, últimamente y cada vez con …

Carlos Tundidor

Esta cita de Quevedo me maravilla por su exactitud y, al tiempo, me estremece si la saco a pasear del encierro de la mente.

Llevamos demasiado tiempo en que los magistrados se erigen como dioses, de jueces y parte. Seamos justos y sí, hay que concretar: no son todos, pero siempre demasiados.

Jueces que prevarican, jueces que no atienden la propia ley y no se despegan de sillones caducados hace años, jueces que, en virtud de algo que conocen muy bien, el gremialismo, se protegen unos a otros y casi nunca son enjuiciados. Jueces que, últimamente y cada vez con más presión, intentan sustituir al poder legislativo y se pronuncian, conscientemente, sobre leyes antes de refrendarse o, incluso refrendadas por las Cortes.

“Donde hay poca justicia, es un peligro tener razón” Quevedo

Tenemos muchos órganos judiciales para la defensa, en principio, de los derechos que nos asisten. Juzgados de Paz, Tribunales de primera instancia, de lo Mercantil, Penal, de lo Social, Administrativo, de Menores, sobre la Mujer, Audiencias provinciales y Tribunales superiores, Audiencia Nacional y Tribunal Supremo, Tribunal Constitucional y Tribunales de La Haya…

La garantía de que si un tribunal falla se puede elevar a otro superior y a otro, y a otro… tranquiliza mucho. Lo peor, es que tranquiliza, solo, a quienes tienen amplios bufetes para su servicio. Lo peor es que la inmensa mayoría de la ciudadanía no tienen esos recursos para conseguir allí, un defecto de forma o retrasar hasta la prescripción, al socaire, revocar jueces o testigos, entre tanto, pagar silencios o rumores… Claro, eso vale dinero, mucho dinero. Sobre todo, cuando se recurre la sentencia.

Nos podemos creer aquello que dijo un ladrón eximido de culpas “la justicia es igual para todos”, lo dijo y se fue a cazar elefantes.

Los jueces son casi todos de extracción social humilde. Ja, ja, lo siento, creo que me he pasado con la ironía. Para ser juez, además de 25 años y una carrera, se necesita aprobar una prueba selectiva larga y dura. Tanto que, los propios jueces, estiman que es necesario cubrirla a tiempo completo (dos o tres años) y con apoyo de tutores. Otro año de prácticas en despachos o tribunales y seis años de servicio en la magistratura. En la práctica, la mayoría de los señores jueces han de tener un padre o madre complaciente, solícito, de “posibles”, para soportar que su vástago, a los treinta y cinco años, siga al pairo en la economía y esté, entonces, a punto de convertirse en juez.

Con estos antecedentes, padres de buena posición y de ideologías conservadoras, hijos que entran en la “crème de la crème” funcionarial, personas que tendrán un ascendiente social deslumbrador en la sociedad, no es difícil pensar que los señores y señoras del martillito en el Estado español, leerán todos los días a Francisco de Quevedo, Así que ¿habrá peligro en tener razón?

Señores pobres, necesitados, medio pensionistas, trabajadores, personas que no tienen despachos de abogados a su servicio, las y los ciudadanos exentos de muchos “posibles”, pueden tener la seguridad de que, con esta justicia a su disposición, podrán tener abogados a “tutiplén” gratis, recursos gratis a otras instancias, instancias a tribunales superiores a cargo del estado y con mucho gusto, incluso llegar al Tribunal Supremo por ustedes será sencillo, gratuito y apoyado por amables funcionarios desde el primer momento del juicio. ¡Ah! ¿qué no es así? ¿qué no os lo ponen en bandeja para llegar hasta arriba del todo? No me lo puedo creer. ¿Tendrá razón don Francisco? ¿Estará pensada la cita para nuestros jueces?

Hace poco, escuché a un profesional de Hacienda denunciar que, los mismos españoles que portan banderas hasta en el lavabo −pocos cientos−, tienen depositados 140.000 millones de euros en los paraísos terrenales de las Islas Vírgenes y en otros similares, aunque tengan su virgo roto. Y los depositan, porque saben que, en caso de denuncia (papeles de Panamá, listas suizas), la justicia, aquí, será magnánima y les concederá bula para una regularización. Y luego dirán que la justicia es cara. −Creo que eso era para el pescado, pero aquí, puede valer−. Los pobrecitos millonarios abanderados tienen una posibilidad de que la justicia los “agarre”. Pero solo una… ¿entre cuántas? Los pobres no tienen ninguna, los agarran a todos, aunque no hayan leído a don Francisco.

No sé qué pasaría si a los jueces los controlara una comisión elegida democráticamente, e independiente de partidos, destinados “ad hoc” para ese control. Ingenuo de mí, pienso que mejoraría el sistema y que prevaricar, negarse a juzgar sin causa legal, retardo malicioso, litigar de por sí, aconsejar a personas, partes de un juicio, desempeñar puestos inválidos, entorpecer de mala fe la justicia y otros cuantos “pecadillos” judiciales, si se demostrara ante esa comisión, elevaría el sistema judicial a la tierra en vez de al trono.

A los del poder legislativo los eligen los votantes, a los del poder ejecutivo los eligen los cortesanos, algunas veces llamados diputados, ¿y a los del poder judicial? Estos, se eligen, la mayoría, por los propios de su cuerda, de manera gremialista. Entre otros, el Consejo General del Poder Judicial, los del loctite con los sillones. No parece de recibo, claro. Alguien los tendrá que controlar para ser una justicia democrática, para que la cita del señor Quevedo, que algo sabría del asunto, fuera perdiendo vigencia.

No hay duda, me da miedo tener razón.

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