Django o el ajuste de cuentas

Un cineasta iconoclasta, Quentin Tarantino, y un tema sensible, la esclavitud en Norteamérica. La polémica que ha levantado la película Django Unchained demuestra que, realmente, la combinación de estos dos ingredientes hacen un cóctel explosivo. ¿Pero el tono del film banaliza el trato de las personas negras? Hay algunas escenas que lo podrían hacer pensar, como por ejemplo la discusión entre miembros del Ku klux klan sobre los agujeros de las capuchas, que no les permiten ver bien: el humor es capaz de humanizar los personajes más despiadados. Ofendido, el documentalista Spike Lee tuiteó: “la esclavitud americana no fue un …

djangoUn cineasta iconoclasta, Quentin Tarantino, y un tema sensible, la esclavitud en Norteamérica. La polémica que ha levantado la película Django Unchained demuestra que, realmente, la combinación de estos dos ingredientes hacen un cóctel explosivo.

¿Pero el tono del film banaliza el trato de las personas negras? Hay algunas escenas que lo podrían hacer pensar, como por ejemplo la discusión entre miembros del Ku klux klan sobre los agujeros de las capuchas, que no les permiten ver bien: el humor es capaz de humanizar los personajes más despiadados.

Ofendido, el documentalista Spike Lee tuiteó: “la esclavitud americana no fue un espagueti western a lo Sergio Leone. Fue un holocausto”. Aun así, la implicación personal del espectador está cinematográficamente inducida a ponerse en la piel de los personajes negros, a través de planos más subjetivos o una sobresaturación cromática de la pantalla.

Una mezcla de imágenes extremadamente sobrecogedoras hacen consciente al público de la crueldad que estas personas tuvieron que sufrir. “Irás allá, perderás el nombre, te darán un número y una maza. Y te dirán: a trabajar”, amenazan a Django, que pasa a ser respetado cuando creen que es amo de esclavas. El film hace foco en la relación de explotación de las personas blancas sobre las negras, condenadas a dejar de ser, para pasar a ser parte de un engranaje dentro de la producción. Una cosificación imposible de erradicar, según el personaje de Samuel L. Jackson.

A pesar de que el análisis de clase se queda corto, los estereotipos y las teorías seudocientíficas discriminatorias sobre las personas negras quedan completamente desbancadas. En cambio, en los planos que encuadran a los propietarios de las plantaciones, todos blancos, los recursos audiovisuales vehiculan la criminalización de estos explotadores. Efectos sonoros animalizados, y una cámara distante, culpabilizan también la carencia de solidaridad de las llamadas, por Malcom X, “esclavas domésticas” (aquellas que querían su amo más que a ellas mismas) versus las “esclavas de campo” (aquellas que odiaban su amo).

Además, Tarantino acentúa la crítica a la esclavitud recurriendo al estilo propio. Recupera las hiperbólicas salpicaduras de sangre de Reservoir Dogs o Jackie Brown para retratar la brutalidad con que las personas negras eran tratadas. De Kill Bill, saca la trama: la víctima de una injusticia que se mueve por sed de venganza con la intención de rendir cuentas (o de hacer pagar la deuda que alguien tiene con ella, en inglés, “kill the bill”), y así dar un desenlace diferente a la Historia, como Inglorious Bastards.

En el primer caso, era una mujer; ahora se trata de un hombre negro. El héroe masculino del típico cuento de hadas. Desgraciadamente, Broomhilda no es una Uma Thurman, sino una especie de Penélope que espera, paciente y sufrida, su Ulises.

Mireia Chavarria | Publicado en En Lluita | Para AraInfo

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