Desde Aragón, diversas organizaciones sociales se suman a la memoria activa que recorre Abya Yala y el planeta, recordando que la justicia completa aún está pendiente y que las causas por las que Berta dio la vida siguen abiertas.
Cáceres fue cofundadora y coordinadora general del Consejo Cívico de Organizaciones Populares e Indígenas de Honduras (COPINH), un referente en la defensa de los bienes comunes y los derechos de los pueblos indígenas en Honduras.
Su liderazgo se hizo internacionalmente visible por la oposición al proyecto hidroeléctrico Agua Zarca, una represa promovida sobre el río Gualcarque, territorio ancestral y sagrado para el pueblo lenca. Aquella resistencia, organizada y persistente, puso en cuestión no solo una obra concreta, sino un modelo extractivista que avanza sobre ríos, montañas y comunidades sin consulta previa, libre e informada.
Un crimen con responsabilidades señaladas
En estos diez años, distintas investigaciones y procesos judiciales han apuntado hacia la implicación de actores empresariales, estructuras armadas ilegales y responsabilidades dentro del propio Estado hondureño. El asesinato de Berta no fue un hecho aislado ni un acto fortuito: se inscribe en un contexto de criminalización de la protesta social y de violencia política sistemática contra quienes defienden la tierra y el agua en Centroamérica.
La represa Agua Zarca, impulsada por la empresa Desarrollos Energéticos S.A. (DESA), simboliza la colisión entre el discurso del “desarrollo” y los derechos colectivos. Berta lo expresó con claridad en múltiples foros internacionales: no se trata de estar contra la energía, sino contra un modelo que convierte los ríos en mercancía y excluye a las comunidades de las decisiones que afectan a su propia supervivencia.
“Berta se sembró”
Lejos de apagarse, la lucha continuó. En Honduras, el COPINH ha mantenido viva la defensa del río Gualcarque y la exigencia de justicia integral. La frase que se repite en movilizaciones y murales “Berta no murió, se multiplicó” no es una consigna vacía: expresa la continuidad de una ética política basada en el cuidado de la vida, la organización comunitaria y la autonomía de los pueblos.
Esa dimensión internacionalista de su legado encuentra eco también en Aragón. La solidaridad entre pueblos no es un gesto retórico, sino una práctica sostenida que vincula la defensa de los bienes comunes en Honduras con las luchas territoriales y ambientales en Europa y en nuestro país. El extractivismo no reconoce fronteras; la resistencia, tampoco.
Aragón recuerda y convoca su memoria
Con motivo del décimo aniversario, varias organizaciones aragonesas han unido fuerzas para recordar a Berta y actualizar su mensaje. Este martes 3 de marzo, a las 18:30 horas, el Centro Joaquín Roncal ( en la calle San Braulio, 5-7 de Zaragoza) acogerá la proyección de un documental y un coloquio dedicado a las distintas facetas de su vida y compromiso.
Convocan el acto el Comité de Solidaridad Internacionalista, Ecologistas en Acción, AHSA (Aragón hacia la Soberanía Alimentaria), el Comité Cristiano de Solidaridad Óscar Romero, Ecozine Asociación Cultural, Amnistía Internacional y ASA (Acción Solidaria Aragonesa).
La iniciativa pretende no solo rendir homenaje, sino generar un espacio de reflexión colectiva sobre la defensa del territorio, el papel de las empresas transnacionales y la responsabilidad de los Estados en la protección de quienes defienden derechos humanos.

Diez años después: preguntas abiertas
Una década es tiempo suficiente para que se dicten sentencias, pero no necesariamente para que se alcance justicia plena. ¿Se ha depurado toda la cadena de responsabilidades? ¿Se han transformado las condiciones que hicieron posible el crimen? ¿Se garantiza hoy la seguridad de las defensoras ambientales en Honduras y en otros países?
Las respuestas, en gran medida, siguen siendo incómodas. América Latina continúa siendo una de las regiones más peligrosas para quienes defienden la tierra y el medio ambiente. El caso de Berta Cáceres se ha convertido en símbolo global precisamente porque revela la intersección entre patriarcado, racismo estructural, intereses corporativos y debilidad institucional.
Desde Aragón, una mirada al mundo
Recordar a Berta desde Aragón implica reconocerse en una red de luchas que trasciende geografías. Implica también asumir que las decisiones de consumo, inversión y política exterior en Europa tienen impacto directo en territorios como el del pueblo lenca. La memoria, si es coherente, interpela.
Diez años después, su figura sigue siendo faro y desafío. Farolillo que ilumina caminos colectivos; desafío porque obliga a preguntarse qué significa, en la práctica, defender la vida frente a un modelo que la subordina al beneficio económico.
Berta Cáceres fue asesinada por oponerse a una represa. Pero lo que defendía era mucho más grande que un río: defendía la posibilidad de que los pueblos decidan sobre su destino. Esa idea, tan sencilla como radical, continúa atravesando fronteras. Y mientras haya comunidades organizadas y memoria activa, seguirá encontrando voz.


