Desinformarse objetivamente

Con el título que encabeza este artículo definía la labor de la comunicación alternativa quien fue editor de la revista Viento Sur, Miguel Romero, desde su aparición en 1992 hasta el 26 de enero de este año en que falleció. Efectivamente, en el mundo actual y, más concretamente, en el Estado español, para quienes nos movemos en los medios alternativos y de contrainformación nunca ha sido fácil contrarrestar la propaganda difundida desde los medios de referencia dominante ante cualquiera de los asuntos fundamentales que son motivo de controversia en nuestras sociedades. Por eso hace falta desintoxicarse constantemente de lo que …

VIENTO SUR portadaCon el título que encabeza este artículo definía la labor de la comunicación alternativa quien fue editor de la revista Viento Sur, Miguel Romero, desde su aparición en 1992 hasta el 26 de enero de este año en que falleció. Efectivamente, en el mundo actual y, más concretamente, en el Estado español, para quienes nos movemos en los medios alternativos y de contrainformación nunca ha sido fácil contrarrestar la propaganda difundida desde los medios de referencia dominante ante cualquiera de los asuntos fundamentales que son motivo de controversia en nuestras sociedades. Por eso hace falta desintoxicarse constantemente de lo que nos cuentan y cuestionar el marco de sentido común hegemónico en que se pretende encajar cualquier aspecto de la conflictiva realidad para ir introduciendo el “buen sentido” contrahegemónico entre los y las de abajo.

En nuestro caso, el hecho de ser una revista vinculada desde el principio a un pensamiento crítico de izquierdas, a una visión de la política internacional ajena a alineamientos incondicionales en torno a una u otra vieja o nueva gran potencia, ya sea del Oeste, del Este, del Norte o del Sur, así como a las nuevas aportaciones procedentes de diferentes movimientos sociales, nos ha obligado a un esfuerzo notable por hacer llegar nuestra voz a ámbitos que se hallan más allá de los pequeños círculos con los que nos relacionamos. Obviamente, las nuevas redes digitales están suponiendo una potencialidad enorme para alcanzar una mayor audiencia y retroalimentación, como estamos comprobando.

Quizás dos ejemplos muy significativos de esas dificultades se encuentren en relación a lo que ha sido la impugnación de la mitificada Transición política, por un lado, y al tratamiento del llamado “conflicto vasco”, por otro. Respecto al primero, no ha sido fácil, con ocasión de sucesivas conmemoraciones, impugnar el discurso oficial según el cual aquel proceso que condujo a lo que se conoce hoy como “el régimen del 78” fue algo extraordinario y, sobre todo, “el único posible”. Contra ese determinismo retrospectivo insistíamos en que otro camino, el de la ruptura democrática, era posible. Solo desde la irrupción del 15M hemos podido salir de la condición minoritaria en que nos hallábamos a medida que el ciclo de protestas que aquel Acontecimiento inauguró ha cuestionado la “cultura del consenso” y del cinismo político de aquella Transición: se ha ido abriendo paso así la reivindicación de una “democracia real” desde la ocupación de las plazas y las calles y, con ellas, la aspiración a la creciente ampliación del espacio público y de una política no subordinada a la elite política corrupta.

En cuanto al segundo, ha sido siempre muy difícil hacer llegar argumentos a favor de una salida dialogada del conflicto vasco. Esto se ha debido tanto a la persistencia de la actividad armada de ETA como a la interesada utilización de aquélla por parte del Estado español para cohesionar a la mayoría de la sociedad española en torno a un discurso “antiterrorista” y de recorte de libertades. De esta forma, se ha ido criminalizando a todas aquellas fuerzas y personas que, aun rechazando por motivos éticos y políticos la estrategia de ETA, pudieran compartir algunos de sus objetivos como el derecho de autodeterminación del pueblo vasco.

Un tema en el que también hemos tratado de desarrollar un esfuerzo especial ha sido el relacionado con la necesidad de difundir una mirada crítica del europeísmo ingenuo e incondicional que ha predominado en la gran mayoría de la sociedad española. Eso ha sido así debido al peso que en nuestro imaginario colectivo ha jugado “Europa” como presunta solución a los viejos problemas de “España”. Frente a esa mitificación, a partir sobre todo del Tratado de Maastricht en los primeros años de la década de los 90 y luego con la entrada en el euro, no nos hemos cansado de ofrecer argumentos críticos frente a la Unión Europea a medida que la ola neoliberal ha ido arrasando derechos y conquistas sociales hasta llegar a la intensa “terapia de choque” emprendida con el pretexto de la crisis financiera y sistémica de 2008.

Orígenes de Viento Sur

Entrando ya en los orígenes de nuestra revista, su número 1 salió a la luz en enero-febrero de 1992. Su editor hasta el número 132, Miguel Romero, recordaba así aquel momento, justamente cuando llegábamos al número 100 en enero de 2009: “Eran momentos de crisis, de referencias, de malestar político, de ‘alejamiento de la política’ llegaba a decirse. La caída del muro de Berlín planteaba interrogantes a todas las corrientes marxistas (especialmente a quienes habíamos esperado y luchado por que el derrumbe de la burocracia fuera el origen de un renacimiento socialista) a la que era necesario buscar respuestas, más allá de la reafirmación doctrinal (…). Queríamos reivindicar la política y la organización revolucionaria pero para eso había que someterlas a la crítica, a la autocrítica, al debate, sin censuras, sin habitaciones cerradas y sin empezar de cero. Al servicio de este objetivo ineludible se empezó a diseñar Viento Sur. Reivindicar la política significaba también rebelarse contra su reducción al ámbito del Estado. Había que defender el sentido de la política entendida como una acción militante articulada cuyo objetivo es combatir todas las manifestaciones del poder establecido”.

Detrás de esta revista ha estado un reducido equipo de personas voluntarias que ha contado siempre con un amplio número de colaboraciones en los temas monográficos que hemos ido abordando en cada número, así como en distintas secciones. Entre éstas, además de las habituales sobre política española y mundial, cabe destacar una dedicada a la fotografía, otra a la poesía y otra a reseñas de libros. Viento Sur se define como “una revista política militante y su espacio político es el anticapitalismo, dentro del cual queremos que convivan, y debatan, ideas, análisis, enfoques, plurales sobre temas de actualidad, entendida en sentido muy amplio: todo lo que suscita la atención y el interés en cómo combatir al capitalismo, comprenderlo, analizar sus instituciones, hacer un balance crítico de las decisiones con las que está destruyendo derechos e impidiendo a la mayoría de la humanidad vivir dignamente… puede entrar en el sumario de la revista” (“al vuelo”, Viento Sur, 131, diciembre 2013).

Por la redacción de Viento Sur, Jaime Pastor | Para el Especial ‘Medios libres. Quiénes son y cómo trabajan’

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