Para las estadísticas -ese cementerio de los casos individuales y las historias sentimentales- una persona en paro de larga duración es aquella que “lleva un mínimo de 12 meses buscando empleo y no ha trabajado en ese período”. Añade la estadística -el Instituto Nacional de Estadística (INE)- que ese alguien debe estar apuntado a los servicios estatales de búsqueda de empleo.
Chuse pertenece al Grupo de Personas paradas y precarias de la Confederación General del Trabajo (CGT) de Zaragoza, tiene 48 años y para él, que desde 2011 se encuentra en situación de desempleo terminal “con algún currillo de vez en cuando, pero también he rechazado mucha mierda”, el paro de larga duración va mucho más allá de las definiciones. “No es lo mismo un trabajador precario, un trabajador en paro o un trabajador en paro de larga duración... el de larga duración está rozando la pobreza”, considera.
Cifras y problemas con las cifras en el paro de larga duración
Desde 2009 hasta 2014 las estadísticas reflejan un aumento del desempleo de larga duración. Así, si en los inicios de la crisis la ciudadanía registrada en este grupo representaba el 4,3% de la población en edad de trabajar, hace cuatro años, la cifra se situaba en el 13%. Desde entonces y hasta 2016 -último período del que se tienen referencias numéricas en el INE- se aprecia un leve descenso de quienes llevan más de 12 meses sin empleo. Así, en 2015 se registraron un 11,45% de parados y paradas de larga duración, mientras que en 2016 esa cifra era del 9,6%.
“Los parados de larga duración no se reflejan en las estadísticas”, comenta Chuse. Lo cierto es que medios de comunicación nada sospechosos de pertenecer a la izquierda radical como Financial Red, una web que aglutina blogs especializados en economía y finanzas, dan la razón a Chuse: confrontar el paro de larga duración con el paro a secas como si fueran dos realidades distintas, es actualmente una ficción. Señala el portal financiero que “prácticamente se puede afirmar que el número de desempleados de larga duración es el preponderante dentro de la tasa de desempleo”.
Pese a esto, está bastante extendida la creencia que reza que el paro de larga duración es una anomalía dentro de la problemática del desempleo.
Esta tabla del Instituto Aragonés de Empleo demuestra lo contrario. El paro de larga duración representa el 34% del total del paro aragonés registrado en el mes de febrero de 2018.
Del mismo modo, el descenso del paro de larga duración que -según el INE- se lleva experimentando desde hace unos años, también debería ser analizado con detenimiento.
Una de las premisas básicas para que una persona sea considerada en esta categoría es la ya mencionada obligación de estar apuntada a los servicios de búsqueda de empleo. Muchas desempleadas y desempleados acaban, hastiadas de tener que presentarse al INAEM (o INEM) y cansadas de hacer cursos para conseguir trabajo, asumiendo que han sido expulsadas del sistema laboral. A la postre terminan por desaparecer de las estadísticas del mismo modo en que desaparecen aquellos y aquellas que se ponen a estudiar.
“Hace 10 años yo salía de un curro y entraba en otro”, afirma Chuse. “Con 48 años estoy fuera del mercado laboral y en cambio me hablan de reciclarme”, añade. “Los cursos deberían servir para algo”, concluye el miembro del grupo de CGT.
Con frecuencia son aquellas personas de edad avanzada las que antes “abandonan” el sistema de “control” estadístico estatal. Son esas mismas -las que superan los 50 años- las que más sufren el paro de larga duración. Según datos del Instituto Aragonés de Estadística, este nicho demográfico representa alrededor del 56% de la población en paro que lleva más de un año sin trabajar.
Más allá de esto, el registro estadístico del paro de larga duración también entraña otro problema metodológico. Con la precarización del mercado laboral, la turistificación del empleo en el Estado español y la aparición de ese eufemismo terrible al que llamamos “minijobs”, se hace difícil llevar un conteo certero del verdadero desempleo de larga duración. ¿Puede entrar dentro de esta categoría alguien que en los dos últimos años haya trabajado dos meses? A efectos numéricos no; a efectos prácticos, qué duda cabe.
Ayudas, Astérix y Obélix
En uno de los capítulos más famosos de la tira cómica francesa de Astérix y Obelix, los dos galos tienen que enfrentarse a 12 pruebas propuestas por el Cesar de Roma. La mayoría de los embates son superados con bastante holgura por el dúo cómico. Sin embargo, la octava prueba plantea serios problemas para Astérix y Obélix.
La pareja tiene que encontrar el formulario A38 en “La Casa Enloquecida”, un edificio regentado por un grupo de burócratas incompetentes. En primera instancia los galos intentan usar la poción mágica para resolver el problema, pero eso no les sirve de nada y están a punto de enloquecer. Finalmente, Astérix entiende que para superar la prueba debe jugar al mismo juego que práctica la burocracia. Así, se inventa un formulario inexistente y hace enloquecer al personal de “La Casa Enloquecida”.
Los conflictos a los que se enfrentan los y las paradas para conseguir las prestaciones por desempleo tienen en ocasiones visos con la octava prueba de Astérix y Obélix.
Chuse explica su recorrido por el mundo de las prestaciones: “Cobre un año el paro, después el subsidio, después el plan PREPARA durante 6 meses. Si tienes más de 40 años y responsabilidades familiares demostrables, te dan el Ingreso Aragonés de Inserción (IAI). Cuando se terminan todas las prestaciones te dan a entender que eres lo peor. Te mandan a un trabajador social y te dan un vale de 150 euros para ir al supermercado. Tienes que comprometerte a no mendigar. Además, no puedes tener familia. La trabajadora hace un informe sobre si hay alguien en tu entorno que puede ayudarte y luego lo mandan a la diputación de Aragón. Pueden pasar unos meses y te puedes morir de hambre antes de que te den el IAI. Antes del IAI, cobras la RAI (Renta activa de inserción). Solo puedes pedir el RAI tres veces.”
Cuando lo entrevisto, le pido que me explique varias veces cómo funciona el sistema de ayudas al desempleo e incluso así, al llegar a casa tengo que buscar información por internet para terminar de entenderlo. No es que Chuse se explica mal, el problema es que para comprender el sistema hay que sufrirlo o ser quien lo diseña. “Vivir así, es como un trabajo más”, comenta el miembro del Grupo de Personas Paradas y Precarias de la CGT dando la mejor definición de lo que significa caer en las redes burocráticas aragonesas.
Según encuentro en internet, la cosa funciona del siguiente modo: “Si es desempleado de larga duración mayor de 45 años, discapacitado (igual o superior al 33%), víctima de violencia de género o emigrante retornado, deberá consultar si puede pedir la Renta Activa de Inserción (RAI). Si no cumple los requisitos de la RAI, puede solicitar el Plan Prepara. Si ya agotó la RAI, no podrá pedir el Plan Prepara después. Si agotó la RAI y/o el Plan Prepara, y no tiene derecho a ninguna otra ayuda, la tercera opción es el Programa de Activación para el Empleo (PAE), para desempleados de larga duración con responsabilidades familiares, que es la última de las ayudas posibles.”
Me siento como Astérix en “La Casa Enloquecida”. Lo único que consigo entender de esas explicaciones que encuentro en el ciberespacio es que las ayudas no significan más que beneficencia. La RAI: 426 euros mensuales; el Plan Prepara: entre 400 y 450 euros mensuales; el PAE 426 euros al mes. ¿Qué se puede hacer con esa cantidad de dinero? ¿Cómo se puede vivir?
“Luego hay otras ayudas no públicas como las que ofrecen organizaciones evangelistas”, explica Chuse. Toda ayuda lleva una contraprestación. En este caso hacer ver que se cree en ciertas ideas místicas.
Para Chuse la única forma de acabar con el desempleo de larga duración pasa por cauces muy distintos a las ayudas. “Lo primero es alcanzar el trabajo digno”, afirma. “No es cierto que no exista trabajo”, añade. “No se trata de reformar el modelo, sino de conseguir el reparto del trabajo y la riqueza”, concluye.
Cuando le pregunto por la renta universal me dice que hay que ser muy cauteloso con ese término. Para él la única renta básica que puede luchar contra el paro es la Renta Básica de las iguales, es decir “el derecho que tiene cada ciudadano y cada ciudadana, por el hecho de nacer, a percibir una cantidad periódica para cubrir sus necesidades materiales”.
Estigmatización y enfermedad
“Nos echan la culpa de que no estamos buscando trabajo y nos dicen que ‘tenemos que ser flexibles’”, afirma Chuse. Sin embargo, añade que “el INAEM es el último lugar al que tienes que ir para buscar empleo. Según algunos datos sólo el 6% lo consigue por ahí.”
Otro de los fenómenos que han llegado con la crisis es la revalorización del trabajo. En un momento en el que suenan trompetas de amenaza anunciando la desaparición de muchos empleos que antes realizaban humanos y en los que el paro del Estado español se sitúa en el 16,3%, tener un trabajo significa cierta posición social.
“Se ha producido la segmentación de la clase trabajadora entre los que tienen empleo y los que no tienen empleo”, dice Pedro, otro miembro del Grupo de Personas Paradas y Precarias de la CGT de 29 años.
Quienes no poseen la suerte de percibir remuneración por su trabajo, automáticamente son percibidos como personas de menor rango. “En la oficina de empleo juegan con nosotros”, comenta Chuse. “Te hacen sentir mal si cobras el Prepara, te dicen que eres el culpable de no tener trabajo y si te han despedido eres tú el culpable. Es la moral cristiana: has pecado”, añade. “En el INAEM hay un guardia de seguridad y para ir al baño te piden el DNI, para que no te lleves nada”, concluye.
A ese estigma hay que sumar todos los problemas psicológicos que se derivan de la falta de trabajo. “Hay estadísticas que demuestran que el paro de larga duración hace aumentar las enfermedades. La vida sedentaria hace surgir la enfermedad... el paro de larga duración lleva a suicidios y a ataques al corazón”, señala Chuse.
Según el blog de la plataforma Dempeus per la Salut Pública “un estudio realizado en Alemania señala que los parados presentan más tabaquismo, obesidad, sobrepeso, consumo de alcohol y drogas, más inactividad, peor percepción de su salud y menor consumo de frutas y vegetales”.
A eso hay que añadir las enfermedades psicológicas que se derivan de una situación prolongada de desempleo. “Un estudio realizado en Australia” dice la plataforma, concluye que entre los desempleados “aumenta el riesgo de depresión”. Otra investigación realizada en Estados Unidos informa de que el paro hace aumentar los trastornos del sueño.
Añade la plataforma citada que con el desempleo “la utilización de los servicios sanitarios se incrementa. Más consultas, hospitalizaciones y consumo de medicamentos”. Eso supone un mayor gasto para las arcas del estado.
“La gente necesita trabajo para sentirse útil”, afirma el miembro del grupo de CGT. En este sentido su discurso entronca con el libro del sociólogo William Davies, “La industria de la felicidad”, en el que se hace una crítica descarnada al modelo laboral occidental. “Un cálculo hecho por el economista británico de la felicidad Andrew Oswald sugiere que una persona desempleada necesitaría una prestación de 250.000 libras esterlinas al año para compensar las negativas consecuencias psicológicas de su desempleo”, escribe Davies.
Dicho todo esto, la pregunta parece pertinente: ¿Si la ciudadanía y el estado pierden con el desempleo, a quién beneficia que haya millones de personas sin trabajar?
Las mujeres y el paro de larga duración
Paz tiene 40 años. Actualmente estudia periodismo y está parada. También pertenece al Grupo de Personas Paradas y Precarias de la CGT. Es ella quien pone voz a las cifras relativas del paro de más de un año y las mujeres. “El estigma por ser mujer es peor. La sociedad no asume que las mujeres no trabajemos. Siempre te dicen: tienes la opción de limpiar casas”, señala Paz. “Te dicen: si eres parada de larga duración deberías asumir cualquier trabajo para el que se supone que te han preparado... se refieren a tareas del hogar”, añade.
No existen películas sobre mujeres en paro de larga duración, no existe una literatura obrera que las dignifique. Ellas, no pueden tener lunes al sol ni un hijo llamado Billy que quiere bailar.
Y con todo, el estigma no quita que según los datos del INAEM las mujeres se vean mucho más afectadas por el paro de larga duración que los hombres. Según el Instituto Aragonés de Empleo casi el 60% de las personas que llevan 12 o más meses sin trabajar son mujeres. Son mujeres invisibles.
En el caso de las mayores de 40 años, esa cifra aumenta hasta casi el 65%, haciendo válida la sentencia de Paz: “La mujer a los 40 años deja de ser vista como útil; morimos”.







