Desde abajo y sin paracaídas: sobre redes, procesos y reivindicaciones

Viernes por la noche. Fuera cae la niebla, un frío y una humedad terribles para todas, en especial para quienes no pueden afrontar los gastos de calefacción y para las personas sin hogar. Ante la pantalla, una multitud de rostros, unos conocidos, otros que te recuerdan dónde hemos coincidido, los más no han tenido relación entre sí. ¿Qué hacemos aquí? Como dice una de las personas, “nosotras no tenemos horario”. En la mesa, esta vez telemática, un proyecto diseñado con cariño, cocinado a fuego lento, animado desde algunas voluntades que quieren aunar otras, cuantas más mejor. La reforma de un …

Viernes por la noche. Fuera cae la niebla, un frío y una humedad terribles para todas, en especial para quienes no pueden afrontar los gastos de calefacción y para las personas sin hogar. Ante la pantalla, una multitud de rostros, unos conocidos, otros que te recuerdan dónde hemos coincidido, los más no han tenido relación entre sí. ¿Qué hacemos aquí? Como dice una de las personas, “nosotras no tenemos horario”.

En la mesa, esta vez telemática, un proyecto diseñado con cariño, cocinado a fuego lento, animado desde algunas voluntades que quieren aunar otras, cuantas más mejor. La reforma de un espacio del Casco Histórico desde las voces del vecindario, de la comunidad educativa, de las gentes del patrimonio, de los jóvenes, de profesionales de servicios sociales… Algunas más que no han podido venir y han manifestado su voluntad de colaborar aportarán su granito de arena gracias, una vez más, a las nuevas tecnologías (habrá que buscar otro término porque ya llevamos años conviviendo con y creando espacios en ellas). Un ambiente romano, andalusí, cristiano, renacentista, decimonónico...

Parece un objetivo pequeño, un lugar un tanto “dejado” por las administraciones. ¿Qué interés puede tener? Detrás de las recreaciones mostradas, un mar de horas de trabajo. Recogidas las aportaciones previas de iniciativas ciudadanas, pensando en el bienestar de las personas residentes y de las viandantes, recogiendo el peso y el orgullo de 2500 años de historia que nos arraiga en el territorio. Atentas a las necesidades de quien habitan este pequeño fragmento de la ciudad. Soñando un espacio deseado y vivido. Desde el cariño hacia la composición social existente, una mezcla de hogares humildes, incluso mal acondicionados, de viviendas modernas y bien equipadas, también algunos solares (¿futuros refugios para los coches “expulsados” de la calzada?), y de equipamientos culturales y sociales para mayores. Un afán por mejorar la vida de las personas más vulnerables. Un impulso por hacer comunidad, por ser mejores y por querer mejor a este rinconcico de la ciudad y a sus habitantes.

Y, cómo no decirlo, nervios ya que ha podido haber discrepancias, aun pequeñas, en el diseño previo. No sabemos el eco de la propuesta entre quienes llegan por primera vez. De repente, llueven los agradecimientos, las sugerencias, siempre de mejora, la necesidad de prestar atención a una perspectiva que no habíamos atendido. Una mirada se ilumina cuando abrimos puertas nuevas de colaboración al margen del objetivo inicial. Tal vez se concreten y se tejan nuevos hilos de un barrio vivo; tal vez no y el esfuerzo habrá sido en vano. Bueno, no tan en vano porque pusimos los talentos en común. Plasmamos un sueño para y desde lo colectivo, en perspectiva multidisciplinar y desde abajo. Recogimos también, por qué no, los malestares. Y de aquí siempre parte y resurge la vida.

Nuevos plazos para rematar el diseño y demostrarnos que somos capaces de crear, de generar sinergias y propuestas de mejora y de orgullo de ciudad, de lugar habitado donde paseamos, donde compramos, donde vamos al colegio, donde… (hay que dejar espacio para lo nuevo, lo inimaginado). Que tenga en cuenta las necesidades de las personas currantes (transportistas de mercancías al comercio de proximidad, repartidores, taxistas, barrenderas…).

Porque el denominado “espacio urbano” también se vive y se habita como una prolongación de nuestras casas en este rincón del mundo mediterráneo. Queremos un ámbito amable, donde compramos en la tienda de barrio o en el mercado, donde podamos sentarnos y cobijarnos bajo una sombra en el tórrido día de julio, charrar con la vecina, tomarnos algo con nuestros amigos. Un lugar de paseo, de encuentro y de accesibilidad plena. Aparece la necesidad ineludible de mejorar las viviendas. ¿De qué sirve una calle, una plaza, un solar bonito si paso frío en invierno y mucho calor en verano, si no puedo salir porque carecemos de ascensor…?

Nuevos hilos en las redes, tejidos desde visiones innovadoras puestas encima de la mesa. Redes que hay que regar para que crezcan y maduren. Quizás surjan fuerzas insospechadas, empoderamientos no previstos que combatan el desánimo, el desarraigo, la soledad y la pobreza material, intelectual, espiritual… Solo así nos encontrarán más fuertes, más preparadas, mejor armadas desde el respeto, desde la confianza en quien tenemos al lado, desde el cariño, desde el bien común. Cuando vengan quienes apuestan por el individualismo, la tabla rasa y la modernidad sin raíces, quienes deseen dividirnos o darnos lecciones desde su pedestal, “progre” o “carca”, nos encontrarán de pie, abrazadas y enraizadas en un territorio que defendemos porque lo amamos y que lo amamos porque todas, sin excepción y sin exclusión, lo habitamos y lo cuidamos.

Ahora, a esperar la nueva cita y los nuevos pasos que hagan nuestro sueño realidad. Construimos un mundo nuevo en nuestros corazones, en nuestros hogares, en nuestros lugares de trabajo y de ocio, en nuestras vidas. Desde el humilde objetivo de soñar un espacio de nuestro barrio. No concibo otra forma de hacer y de transformar nuestro barrio, nuestra ciudad y nuestra vida. Un placer y un orgullo encontrarnos gentes tan diversas en sintonía. Vale . [i]


[i] El verbo «valer», a su vez, proviene del latín valeo, que significaba ‘tener fuerza/salud’. Por tanto, decir «vale» significa poco más o menos que lo que ha dicho el otro tiene fuerza, o sea, que es válido.

Como fórmula de despedida, «vale» es un uso arcaizante que sobrevive desde el latín (segunda persona del imperativo de presente activo). Quien emplea, como en este escrito, «vale» en este sentido está diciendo: «ten salud, consérvate sano». De hecho, vale era la fórmula más común con que los romanos se despedían en sus cartas, por ejemplo, Cicerón o Plinio el Joven.

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