Derecho a parar

Que alguien pare por salud mental es un derecho poco reconocido. Hasta ahora se le reconocía al rey que andaba más tiempo inerte ante el pasar de la vida, si se puede decir, laboral que al obrero que con las uñas apretadas pocas veces había dejado de emitir presión sobre los caninos y molares a golpe de jornada laboral. Hace unos días las ocurrencias de quienes gobiernan bajo lemas llamados progresistas, a través de la letra y voz del presidente, decidieron emprender una carrera hacia las europeas, catalanas o quién sabe si a ninguna parte para desfocalizar a realities y …

Itxaso Cabrera

Que alguien pare por salud mental es un derecho poco reconocido. Hasta ahora se le reconocía al rey que andaba más tiempo inerte ante el pasar de la vida, si se puede decir, laboral que al obrero que con las uñas apretadas pocas veces había dejado de emitir presión sobre los caninos y molares a golpe de jornada laboral.

Hace unos días las ocurrencias de quienes gobiernan bajo lemas llamados progresistas, a través de la letra y voz del presidente, decidieron emprender una carrera hacia las europeas, catalanas o quién sabe si a ninguna parte para desfocalizar a realities y sus secuaces y volver a iluminar un camino de estrellato. Sánchez supo de nuevo rehacer el ritmo político, sacar a los suyos a Ferraz, enseñar músculo y volver bajo proclamas cantarinas de “quédate”. Y es que conoce muy bien las formas de llamar la atención para que nadie se despiste y de nuevo todos le miren.

Que no digo yo que no tenga derecho, faltaría más, pero unos cuantos delante no precisaron de cartas a Cupido. Y no, no me refiero a nombres propios sobre los que enfermos fascistas (vaya redundancia la mía) atacan a modo de escrache, hago referencia más bien a los que apoyados en movimientos sociales y en la convicción de la política no institucionalizada ya llevan más de unos cuantos años acarreando la presión de andrajos del facherío, de la rancia judicatura o los aliados de la prensa más tradicionalista.

Me vienen a la mente los seis de Zaragoza que aunque quisieron decir aquello que Quino le pintó a Mafalda “paren el mundo que yo me bajo”, no lo pudieron hacer. Porque no soy yo quien reparte el acceso a la salida del carrusel, ni intención, pero utilizar a la salud mental, a la ansiedad provocada por bancadas populares y populistas o a los tiempos de meditación como alzamiento de estrategias personalistas, pues digamos que de ética, lo que es ética, poquito tiene.

Obviando e ignorando a quienes solo conocer el griterío, los cánticos en blanco y negro y el acceso a los programas en horarios de máxima audiencia, se ha llegado a un punto en este país que solo para quien puede y no quien quiere.

En el mundo de las apuestas existen varios tipos de trucos, al apelar al conocido como hándicap asiático los empates están prohibidos y mientras existan, lo apostado se lo lleva quien pone el dinero buscando el nunca equilibrio entre quienes ponen su salud en juego. La finalidad de este tipo de apuesta es, pese a la contradicción, eso: evitar que se de un desequilibrio entre adversarios y es que quien siempre gana tiene que continuar su racha o perder, un todo o nada para que caigan los de siempre. Sánchez, sacando a los que dijeron que vienen a sumar a la calle y a unos cuantos despistados del plano político, apela a aquel grito desesperado de Lambán hace unos días “PSOE y PP deben aceptar que se necesitan” y es que las alianzas a los de la rosa no le sientan bien y son a sus socios a quienes desean comer en el marco de las instituciones. Solo de este modo los llamados socialistas quedaran de nuevo en tablas con aquellos que siempre les fueron fieles en las cuestiones claves y puntos fuertes de la historia más reciente.

La apuesta por el descanso de Sánchez, sus alforjas anunciadas en ese viaje en forma de rédito político, solo le sirve si él gana, de lo contrario se habrá vuelto a la casilla de salida y aquí no ha pasado nada. La salida no debería ser salvar al Gobierno y a quienes lo conforman, la salida para hacer frente a toda la carroña que se erige bajo siglas de la ultraderecha y la derecha ultra se da en forma de medidas, sin dejarles dar un paso a través de la defensa de los servicios públicos, sin medias tintas, medidas que favorezcan a la Democracia más que tanto mensaje en redes pelotero. Una derogación de la Ley Mordaza, un aumento de las plazas de profesionales de salud mental desde la pública, una mejora en la formación para cuidarla desde los planos laborales, una educación sindical para que aquí de una vez por todas cuando se precise no siga parando solo el patrón y quien pueda. Así que de momento y mientras los focos sigan apuntando cual ángel del amor solo parará quien tenga más derechos en la partida y de forma más soslayada defienda el prime time y no al pueblo.

Que alguien pare por salud mental debería ser un derecho indiscutible y universal que se le reconozca, si quieren al rey, a mi eso me da igual, pero siempre al obrero para que las uñas y los dientes no se aprieten a tiempo y destiempo. Y ya si eso, después hablamos de quienes desde los muros de Moncloa tienen todos los recursos a mano para hacer frente con medidas y sin personalismos a la derecha más rancia y sus políticas de antaño.

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