El discurso ultra se basa en la demagogia y el engaño pero sobre todo en buscar un chivo expiatorio. Alguien a quien atizarle. Que haya un motivo real es lo de menos.
En nuestra ciudad Zaragoza el barrio de Delicias, barrio obrero por excelencia y superpoblado con 110.000 habitantes apoximadamente y una densidad poblacional de vértigo, es ese objetivo sobre el que verter odio racista y xenófobo.
Delicias siempre ha sido un barrio de clase trabajadora. Poblado por proletarios/as que como mucho llegaban a clase media baja, pero que siempre ha alojado grandes bolsas de pobreza.
Ahora es exactamente lo mismo: básicamente un barrio de profunda extracción obrera solo que sus obreros ahora son más morenitos del estándar que acepta el discurso ultra en boga.
Un barrio multicultural, que habla muchas lenguas y que, en efecto, presenta problemas de inseguridad, aunque seguramente ese no sea su mayor problema.
Lo que es seguro es que se magnifica cualquier suceso que ocurre en el barrio y se le dibuja una imagen delincuencial que lo sitúa como un infierno de inseguridad.
Hay delitos en el barrio sí, hay menudeo de drogas y también hay bandas. Lo raro sería que no los hubiera en un barrio más grande que muchas capitales de provincia. No mucho más que en otros barrios y dentro de unos índices de delitos que se mantienen o incluso están a la baja en toda Europa.
Sí, es así, no solo en Zaragoza o en el Estado Español. En toda la Unión Europea los índices de criminalidad son bajos, pero es que, además, los de delitos más graves son casi anecdóticos.
En Delicias, como en muchos otros barrios humildes de Zaragoza, por contra, existen problemas mucho más acuciantes pero menos visibles.
No existe un censo de infravivienda en nuestra ciudad, pero es sabido que hay viviendas en las que cohabitan hasta varias familias. Locales que se usan como espacio habitable, ya que llamar a tal cosa vivienda es mucho decir, a veces sin tan siquiera ducha o lavadora.
También hay núcleos chabolistas en los alrededores de la Estación Intermodal y, es cierto, algunas casas ocupadas en una realidad que es la de la necesidad acuciante de un techo, no la de la delincuencia. Si miramos las frías estadísticas vemos que un 21.9% del barrio vive bajo el umbral de la pobreza.
Al igual que se sabe que las personas racializadas, en general, sufren más presión policial por el hecho de serlo. Delicias no es la excepción.
También este es un barrio con un pasado. El pasado de los fábricas pegadas a las casas, de la colonia Tudor, de la reconversión industrial.
De los duros 80 y el caballo arrasando con las vidas de cientos de jóvenes que se dejaron la juventud en una jeringuilla. Del paso a nivel y los poblados chabolistas a lo grande.
Pero, al mismo tiempo, es un barrio vibrante, con comercios vivos, que hace vida en la calle. Con parques, colegios públicos, hostelería diversa y convivencia.
Sí, en Delicias, como en muchos barrios de cualquier ciudad, hay quien sobrevive y quien malvive, pero, sobre todo, hay gente que convive.
Hay un centro social, asociaciones vecinales, una red de apoyo y cuidados, AMPAs activas en los coles y un montón más de redes informales.
Luego está la imagen que se construye y que está calando en el imaginario colectivo. Una imagen en que la extrema derecha, que sabe que puede rascar votos construyendo discurso y fijando el enemigo, está sabiendo aprovechar.
Siempre queda, para quien no quiera alimentar su cerebro creyéndose un relato, que coja uno de sus saturados buses (el transporte público es otro de los problemas reales del barrio) o una bici y se acerque allí. Un baño de realidad, pasear, tomarse un café igual te dice más que un discurso demagógico. Creerse las verdades que escriben otros, pudiendo ver la realidad en persona, es del género tonto.
Hemos tomado Delicias como ejemplo, pero podríamos haber hablado de San José, las Fuentes o el Gancho. No tan distintos aunque menos poblados. Con problemas muy parecidos, aunque el foco de atención no se centre tanto en ellos.
Para terminar una sugerencia. Con mejor sonido y con un precioso videoclip escuchad al Momo y su canción Orgullo Delicias. Todo un manifiesto rimado.




