Del todos contra Marine a la incertidumbre

Francia celebra este domingo, 23 de abril, sus elecciones presidenciales. Si antes Marine Le Pen era el rival a batir, con la irrupción en la carrera electoral de Mélenchon, el panorama político del país vecino queda más abierto que nunca.

Marine Le Pen.

Hace escasas semanas, un mes a lo sumo, las elecciones francesas hubiesen podido resumirse con el siguiente titular: Todos contra Marine. Nadie podía sospechar que los vientos galos fuesen tan variables, y a día de hoy, la primera vuelta de los comicios electorales que se celebrarán el próximo 23 de abril tiene otra nombre: Incertidumbre.

Tres hombres y una mujer se disputan la entrada en el Palacio Elíseo y según las encuestas, descartar alguna de las candidaturas antes de que se lleve a cabo todo el recuento de votos, sería un grave error.

Macron, Le Pen, Fillon y Mélenchon o Le Pen, Mélenchon, Fillon y Macron. El orden no importa pues los sondeos separan a las distintas opciones políticas por muy pocos puntos, y el nivel de indecisos se sitúa en cifras récords: 1 de cada 3 franceses no tiene aún decidido a quién votar. A eso hay que sumar que las cifras de participación se estiman al entorno del 66% pese a que el 79% de los franceses afirma estar siguiendo la campaña electoral con alto interés. Es decir, si una parte de esa abstención se convierte en papeleta dentro de las urnas, las elecciones pueden decantarse hacia cualquier candidatura.

Dos motivos podrían explicar esta atípica situación de cuádruple "empate". Una situación que en gran parte se debe al estancamiento de Marine Le Pen, y al auge de Jean-Luc Mélenchon. Una situación que se deduce de unas encuestas preelectorales y todo el mundo sabe que ocurre con las encuestas.

¿El fin de la primavera de la ultraderecha?

Desde las elecciones europeas de 2014, las opciones de extrema derecha han vivido un ascenso meteórico. En Hungría o en Polonia gobiernan, en Gran Bretaña han conseguido que el país se escinda de Europa, en Alemania ha vuelto a resonar el fantasma de tiempo negros con la Alternativa para Alemania. Todo ello para finalizar en la epifanía: la victoria de Donald Trump en Estados Unidos.

No solo en el Viejo Continente, en todo el mundo, las opciones de la derecha más extrema han capitalizado el debate político y los sillones de los parlamentos durante los últimos años. Turquía, Rusia o la derechización de Latinoamérica son solo unos pocos ejemplos del mundo en el que vivimos.

Sin embargo, dos hechos ocurridos en los últimas semana podrían ser el inicio del fin de ese retórica vencedora (podrían no serlo). En primer lugar hemos asistido a la rectificación, punto por punto, de toda política exterior de Trump; hemos presenciado lo que se antoja como una gran mentira de campaña. El candidato que se vanagloriaba de aislacionista no parece serlo tanto cuando es presidente.  Además de subir un escalón las hostilidades en medio oriente, amenaza con entrar en guerra con Corea del Norte.

En segundo lugar, Teresa May, la Primera Ministra británica, acaba de convocar elecciones para el próximo 8 de junio. Dichas elecciones, además de asumir las flaquezas del Brexit, pueden poner en un serio problema a la formación xenófoba del UKIP.

A todo ello debemos sumarle un triste hecho. Europa se ha cerrado a cal y a canto con un pacto vergonzoso con Turquía. 6.000 millones de euros que Bruselas paga a Erdogan para que se reduzca de forma drástica la entrada de refugiados a la Unión Europea desde el país euroasiático. Pese a que seguirá muriendo gente en el mediterráneo, ahora en la ruta de Libia, la más peligrosa, los europeos no tendrán que ver cada día las imágenes críticas del verano de 2015. Marine Le Pen por su parte, no podrá avivar los miedos de los ciudadanos franceses con falsas avalanchas humanas, ni con terroristas escondidas entre familias que huyen de la guerra. Eso para un partido que basa gran parte de su programa electoral en la islamofobia supone un problema.

Bien podría suceder que esta crisis fuera un puro espejismo. Tal y como relataba Jordi Borrás en un artículo para El Món, Marine Le Pen sigue siendo todavía una amenaza. En su mitin en Marsella del pasado día 20 de abril, la candidata del Frente Nacional se dio un baño de masas entre los que destacaban numerosos votantes jóvenes, y en el que el público vibró cuando la ultraderechista pasó a la parte de su discurso en el que atacaba al islam.

Le Pen no está acabada, más cuando a escasos días de las elecciones, se ha producido un atentado en París que ha dejado a un policía muerto. Como afirmaba el periodista Alberto Arce: "Meterle votos en la urna a Le Pen a tiros. Que el Estado islámico le haga campaña a la extrema derecha. Tal para cual."

El auge de la Francia Insumisa

Acto de campaña de Mélenchon. Foto: Lewis Joly
Acto de campaña de Mélenchon. Foto: Lewis Joly

El 15 de marzo, la opción de Jean-Luc Mélenchon, candidatos de la llamada Francia Insumisa, solo conseguía según las encuestas, reunir el 11% de votos franceses. Un mes después ha revolucionado el panorama electoral. Tras empatar con la candidatura de la derecha conservadora de François Fillon, el próximo 23 de abril, Mélenchon podría alcanzar más del 20% de los votos y situarse en la segunda vuelta de los comicios electorales que se celebrarán el 7 de mayo.

Este ascenso sin parangón se explica por distintos motivos. En un interesante artículo para Cuarto Poder titulado "El Domingo de Ramos de Jean-Luc Mélenchon", el sociólogo Guillermo Fernández Vázquez , consideraba algunas de las causas que habían hecho que una opción política, la de izquierdas anticapitalista, que durante cinco años no había alcanzado nunca la barrera del 12% de apoyos, a un mes de las elecciones hubiese superado con creces sus expectativas.

La Francia Insumisa, un agregado de distintas fuerzas políticas fundada el 10 de febrero de 2016, cuenta en su seno con el Partido Comunista, partidos de izquierda, o a ecologistas. Lo que es más importante, parece una ramificación del movimiento social francés Nuit Debout.

Para Fernández Vázquez, con todo, lo que ha cambiado en los dos últimos meses ha sido la puesta en escena de Mélenchon y la maquinaria electoral de su propuesta. El candidato ha pasado de una imagen dura y bronca que le mantenía en constante enfrentamiento con los periodistas a una actitud más didáctica y propositiva. De una reivindicación de la simbología pura de izquierdas a una enarbolación más inclusiva y francesa; no en balde ha aparecido la tricolor a los mítines de Mélenchon y se ha cantado la marsellesa en lugar de la internacional.

A esto hay que sumarle un cambio de estrategia en el que la Francia Insumisa y su candidato, no se enfrentan al resto de los partidos. Mélenchon ha identificado en Le Pen el rival a batir y uno de los lodazales en los que puede obtener votos del descontento con la vieja clase política. Además, asegura el sociólogo de la Universidad Complutense de Madrid, Mélenchon ha sabido adaptarse a las nuevas tecnologías y ha empleado la fuerza de sus seguidores para hacer una campaña que gana adeptos exponencialmente, algo así como Bernie Sanders: una campaña hecha por la gente destinada a la gente.

Son algunos de los elementos claves de esta "remontada". No los únicos. A Mélenchon la pugna entre En Marche! la escisión del Partido Socialista capitaneada por Emmanuel Macron, y el propio PS, le ha supuesto una entrada de votos inesperada. Lo inteligente en el caso de la Francia Insumisa ha sido no enfrentarse frontalmente con Benoît Hamon, el líder del Partido Socialista tras unas primarias en el seno de la formación, sino considerarlo una víctima traicionada por Hollande y Manuel Valls.

Sea como sea, lo cierto es que la irrupción de Mélenchon en la carrera por el Elíseo es a todas luces una noticia positiva siempre y cuando no queramos ver como la sombra del neofascismo se instaura en Europa. La Francia Insumisa, con una propuesta propositiva y populista, ha conseguido arrebatar de manos de Marine Le Pen el descontento social derivado de una profunda crisis política. Ahora el Frente Nacional no es el único partido que se enfrenta al establishment y por lo tanto se aleja la posibilidad de una victoria de ultraderechas.

Lo que quiere el establishment y quienes siempre quedan olvidados

Podría perfectamente ocurrir que tanto Le Pen como Mélenchon se quedaran fuera de las segunda vuelta de las elecciones francesas. En ese caso los mercados y Europa respirarían tranquilos. Así lo considera José Salver en un artículo para Electomanía. El enfrentamiento entre Fillon y Macron en una segunda vuelta tiene un 18% de posibilidades, según los sondeos, y generaría euforia en la banca y Bruselas. Resulta curioso ver que una segunda vuelta entre Le Pen y Macron, con unas posibilidades del 31%, suscitaría calma.

En el caso que los candidatos de la Francia Insumisa y el Frente Nacional pasarán a la segunda vuelta (15% de probabilidades) el pánico sería la reacción en los mercados. Actualmente, la prima de riesgo francesas se dispara con las subidas en los sondeos de Mélenchon. Queda claro que el sistema económico presente, con sus ratings y sus bolsas, está muy bien diseñado para que solo puedan llegar al poder esos candidatos abyectos al capitalismo. Es por eso que en realidad Marine Le Pen, visto como han actuado el resto de extremas derechas mundiales, no suscita tanto miedo entre los adalides del capitalismo. Quien preocupa en Bruselas es Mélenchon.

Y entre tanto nombre y tanto candidato, uno de los grandes problemas de Francia sigue invisible. En las "banlieues" el umbral de la pobreza y el fracaso escolar triplican la media nacional y el paro juvenil supera el 45%. 5 Millones de personas, muchas de ellas migrantes, repartidos en 600 barrios de todo el país que no cuentan en las campañas, que importan nada a Bruselas y de los que de vez en cuando, un político de derecha, sin ser del Frente Nacional, dice que son lugares creados por fuerzas extranjeras para cambiar la composición étnica de Europa. Lugares en los que pocos votan o barrios de los que según afirma el intelectual Éric Zemmour: El Estado Mayor del ejército tiene preparado un plan secreto para reconquistar miltiramente los barrios sensibles de las "banlieues", territorios perdidos que han devenido extranjeros en nuestra casa."

La sociedad francesa tiene unas elecciones el 23 de abril, sin embargo tiene retos que no se solucionan con las urnas.

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