¿De verdad vamos hacia una sociedad sin filosofía?

Si la Ley Wert nos embistió suprimiendo del currículo la Historia de la Filosofía como materia troncal para nuestro alumnado de 2º de Bachillerato, la nueva ley educativa suprime cualquier presencia de la Filosofía en la etapa de la enseñanza secundaria obligatoria. En la Antigua Grecia se acostumbraba a responder que era mejor estar atado a la piedra de la filosofía que ser esclavo de Zeus. Y en el siglo XIII Roger Bacon alertó a los hombres de su tiempo de los cuatro grandes obstáculos para alcanzar la verdad: la sumisión a una autoridad indigna, la influencia de la costumbre, …

Si la Ley Wert nos embistió suprimiendo del currículo la Historia de la Filosofía como materia troncal para nuestro alumnado de 2º de Bachillerato, la nueva ley educativa suprime cualquier presencia de la Filosofía en la etapa de la enseñanza secundaria obligatoria. En la Antigua Grecia se acostumbraba a responder que era mejor estar atado a la piedra de la filosofía que ser esclavo de Zeus. Y en el siglo XIII Roger Bacon alertó a los hombres de su tiempo de los cuatro grandes obstáculos para alcanzar la verdad: la sumisión a una autoridad indigna, la influencia de la costumbre, el prejuicio popular y el ocultamiento de la propia ignorancia. Ahora, en la madurez de las democracias contemporáneas, cuando verdaderamente podemos y debemos cuidar la pluralidad y libertad de opiniones, nuestras autoridades van a amputar, de raíz, toda posibilidad en nuestros alumnos para atarse a la filosofía o prevenirse de las cadenas del dogmatismo. ¿Es esta la sociedad que queremos construir? ¿De verdad querremos convivir con generaciones de jóvenes privadas de conocimiento y compromiso? La filosofía no es sólo saber decir y opinar razonadamente. También es saber escuchar, y al escuchar escucharse, compartiendo puntos de vista y generando comunidad.

Por primera vez en la historia de nuestra democracia ya no se debatirá sobre el bien y el mal en las aulas, no se avanzará por el camino del pensar ni se buscará sentido a una existencia cuyo significado no acabamos de comprender. Nuestros alumnos, por primera vez, no conocerán los fundamentos éticos de nuestras sociedades democráticas ni pondrán palabras a interrogantes que desde tiempos ancestrales han ocupado las mentes de tantos hombres y mujeres. Tampoco desarrollarán la crítica y sospecha contra opiniones disonantes ni serán valorados por cuestionar las ideas preestablecidas que diariamente nos llegan de planteamientos simples e interesados. ¿Acaso nuestras autoridades están suponiendo que la conciencia crítica y argumentativa no debe ser educada? ¿Acaso están pensando que puede comprarse rebajándola a objeto de uso y de consumo? Y por si fuera poco, la eliminación de cualquier contacto con la Filosofía en la ESO supondrá para este alumnado la imposibilidad de participar en actividades de creciente interés cultural como la Olimpiada aragonesa de Filosofía, que durante los últimos años está reuniendo a más de cuarenta centros en sus diferentes modalidades, así como en otros encuentros culturales con jóvenes filósofos organizados por la Sociedad Aragonesa de Filosofía. ¿De verdad vamos hacia una sociedad sin filosofía?

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