De Trump hasta aquí

La oleada trumpista, las noticias recientes contra Venezuela y el yankismo serán el efecto mariposa perfecto para la derecha en nuestra tierra aragonesa. Dentro de apenas un mes veremos cómo las urnas pueden volver a tambalearse ante un PP y Vox cada día más agresivos, una derecha que asola y causa bajas en la moral pública, en los servicios comunes y en la confianza en el futuro. Las redes sociales juegan un papel fundamental entre la población más joven y los nuevos votantes, dejando que las fake news despierten de nuevo, como zombis informativos. Me preocupa todo: desde el imaginario …

La oleada trumpista, las noticias recientes contra Venezuela y el yankismo serán el efecto mariposa perfecto para la derecha en nuestra tierra aragonesa. Dentro de apenas un mes veremos cómo las urnas pueden volver a tambalearse ante un PP y Vox cada día más agresivos, una derecha que asola y causa bajas en la moral pública, en los servicios comunes y en la confianza en el futuro.

Las redes sociales juegan un papel fundamental entre la población más joven y los nuevos votantes, dejando que las fake news despierten de nuevo, como zombis informativos. Me preocupa todo: desde el imaginario religioso que proyectan algunas divas actuales hasta los discursos virales de quienes hablan a cámara desde Andorra. Deberían ser conscientes de que no son simplemente una influencia pasajera, sino que muchas veces se convierten en referencias capaces de transformar la cultura política de la gente más joven, o tal vez sí son conscientes, claro que lo son, y la cuadratura del círculo, de nuevo, perfecta.

Es con estas personas, las más jóvenes con las que trabajo en terapia. Con ellas suelo conversar sobre lo emocional, acerca de lo que les conmueve y de lo que les afecta socialmente. La incertidumbre de la vivienda, el acceso a la sanidad o la posibilidad de llegar a la universidad son cuestiones que les preocupan profundamente. Pero también temas como la migración y la seguridad se han vuelto centrales en jóvenes que atraviesan un momento de cambio decisivo, influidos no solo por Trump, sino por una red de adeptos que edulcora el mensaje para que cale tanto entre conservadores convencidos como entre progresistas despistados. Al final, cuando el miedo se intenta disfrazar de sentido común, los comportamientos en las urnas terminan siendo demasiado parecidos, demasiado peligrosos.

Habrá que confiar en que alguna semilla quedó y en que aún queda claro quién no se deja arrastrar por cantos de sirena que acechan contra la libertad colectiva, naturalizando agresiones democráticas. Hablo de quienes se guían por la ética, por los derechos humanos y por una defensa firme del bien común. A mí no me afecta tanto lo que dicte una papeleta, los nombres que aparezcan para conformar parlamentos autonómicos o lo que ocurra en la urna, no me ocupa tanto ni el resultado partidista de un sistema organizado, sino lo que, tras ese escrutinio, lo que sucede en despachos y carteras decisorias. No me inquietan tanto los vociferios como aquello que vuelve a rezar y a cometer sacrilegios políticos: la forma en que se bendicen de nuevo las sombras autoritarias y se ofende el porvenir a golpe de poner en peligro los derechos que ya se creían conquistados. Cada cuatro años me veo otra vez en el mismo bucle, volviendo a lo fundamental, me preocupa que una familia monoparental deje de considerarse familia, que quien levante la persiana cada mañana tema llegar a fin de mes y viva con los dientes apretados, que las y los jóvenes no sepan donde ir cuando tienen tiempo libre y dejen su salud y tiempo en un local de apuestas, que se olvide sistemáticamente a mayores, personas con discapacidad o colectivos vulnerables en general intentando, por ejemplo, despreciar de forma automática a quienes cruzaron algún mar viniendo a esta tierra en busca de algún tipo de futuro.

Ya me resulta hasta anticuado hablar de aleteos y mariposas, cuando, con diferentes trajes pero el mismo discurso despreciable, desde el altavoz incoherente de Alvise hasta el galopante incendiario de Abascal, ya acechan con atacar tierra aragonesa.

Qué este 2026 las voces que claman libertad se laven antes la boca, que se calle el ruido, que se silencien las bombas, que la dialéctica no sea una imitación cochambrosa de quien desde EEUU intenta contaminar al mundo, que jóvenes y no tan jóvenes hereden la conciencia de aquellos mayores que un día defendieron lo común.

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