¿De qué nos moríamos antes del coronavirus?

La pandemia no altera la realidad de un Aragón con una población envejecida y donde cada año fallecen 3.000 personas más que hace tres décadas, a un ritmo de casi cuarenta por jornada, con una afección cada vez mayor de los tumores y de las enfermedades respiratorias y con un crecimiento exponencial de las muertes por trastornos mentales y del comportamiento y por patologías del sistema nervioso y de los órganos de los sentidos

Foto: Aron Visuals (Unsplash)

Los mortíferos efectos de la pandemia de coronavirus en Aragón no alteran la realidad de una comunidad con una población envejecida en la que cada año fallecen más de 14.000 personas, casi cuarenta cada día, la inmensa mayoría de ellos por causas naturales y en el tramo final de un abanico de enfermedades entre las que cada vez tienen mayor peso las respiratorias y los tumores cancerígenos.

Esa realidad, obviamente, se está viendo intensificada por la pandemia, cuyas mortíferas consecuencias, por encima de los doscientos infectados al día, con más de cien personas ingresadas en las Unidades de Cuidados Intensivos (UCI) y jornadas con una decena de fallecidos resultan estremecedoras.

Con todo, las cifras de las muertes por causas naturales ‘habituales’ se encuentran a una distancia sideral de las que está provocando la pandemia del coronavirus. Según indican los datos de Movimiento Natural de la Población del INE (Instituto Nacional de Estadística), Aragón, a falta de cerrar los datos de 2019, superó en tres de los últimos cinco años la cota de los 14.000 fallecidos, unas cifras muy superiores a las que se venían dando décadas atrás.

El registro, que apenas pasaba de 11.000 en los años 70, no saltó a los 12.000 hasta principios de los 90. Lo hizo para comenzar a partir de ahí una aceleración que llevó a romper la barrera del siguiente millar en tan solo los cinco años que van de 1993 a 1998. A partir de entonces, con el cambio de siglo, los datos de mortalidad se situaron con contadas excepciones (2001, 2002 y 2006) por encima de los 13.000, una cota que en el último lustro ya va siendo habitual superar.

El aumento de la esperanza de vida, que se a cerca a los 83 años y medio, con una diferencia de género de algo más de 86 para ellas y casi 81 para ellos, resulta clave, junto con la mejora de la calidad de vida y la extensión de las pautas de envejecimiento activo entre los mayores, para entender esa evolución. Los aragoneses se hacen más mayores tras haber aumentado en casi una década (más de nueve años) la esperanza de vida desde los 77 años y apenas un mes de 1975.

Más de la mitad de los fallecidos en la comunidad, algo menos de 8.000, han superado ese umbral cuando fallecen. Eran 1.500 menos hace una década, en una tendencia contraria a la que muestran quienes han superado los 70 sin llegar al ras de la esperanza de vida, entre los que el número de óbitos se ha reducido en un 18% (más de la sexta parte) en esa misma década, al pasar de algo más de 5.500 a menos de 4.500.

¿La gente se muere más en Aragón que en otros sitios?

La tasa estandarizada de mortalidad de Aragón es de 804,45 fallecidos por cada 100.000 habitantes al cabo del año, es decir, que muere por causas naturales y externas (accidentes, suicidios, crímenes suman un 32,5, con menos de 450 por ejercicio) casi uno de cada cien.

Esa tasa resulta inferior a la media estatal, que se sitúa en 832,16, y también a la de la mayoría de comunidades. De hecho, solo es inferior en cinco de ellas: Madrid (684,04), Castilla y León (757,05), Navarra (761,79), Euskadi (779,49) y La Rioja (796,98) Supera por poco a la catalana (807,95), la cántabra (817,88), la balear (818,92) y la castellanomanchega (816,53).

Esos datos encuadran a Aragón entre las comunidades con menos mortalidad, que, con la excepción de Madrid y de Castilla y León, se concentran en el cuadrante noreste de la península, en el valle del Ebro y su entorno, mientras que, por el contrario, las que arrojan mayores ratios de mortandad se concentran en la mitad sur del país, con un 953,64 en Andalucía, un 890,29 en Murcia y 890,05 en Extremadura, a los que se unen el 884,18 de Canarias y el 879.67 de la Comunidad Valenciana.

¿De qué se mueren los aragoneses?

Dos tipos de enfermedades concentran más de la mitad de las causas de fallecimiento en Aragón. Se trata del cáncer y de las patologías del aparato circulatorio, dos grupos cada uno de los cuales provoca al cabo del año más de 230 de esos 804 fallecimientos, lo que supone que sus efectos mortíferos están cerca de triplicar a los siguientes.

Tras ellos aparecen las dolencias de carácter respiratorio, que alcanzan una prevalencia de 86,69 fallecidos por cada 100.000 habitantes (algo más de 1.200) y que, también en este caso se sitúan a una distancia notable de los siguientes grupos de enfermedades.

El primero de ellos es el del sistema nervioso y los sentidos, que incluye las demencias y que alcanzan una tasa de 50,56 que, de sumársele los trastornos mentales y del comportamiento, que suponen otro 36,37, situarían este bloque, cuya evolución tiene estrechos vínculos con la edad de los afectados en muchos casos por tratarse de dolencias de carácter degenerativo, como el tercero en importancia, por delante, aunque por un escaso margen con un registro de casi 88, de las del aparato respiratorio.

Cierran este tercer bloque las patologías del aparato digestivo, con un 43,59, que en este caso aparecen desglosadas de las relacionadas con la nutrición y el sistema endocrino (24,29), con las que se acercarían al 78.

El grupo de las enfermedades infecciosas y parasitarias, entre los que la estadística de 2020 incluirá a los afectados y los fallecidos por el Covid-19, tiene, hasta ahora, una prevalencia baja, con un ratio de 13,53 afectados por cada 100.000 aragoneses, que supone unas 190 muertes al cabo del año.

Los 91 fallecidos por coronavirus confirmados hasta el pasado sábado por la Consejería de Sanidad del Gobierno de Aragón, que contabiliza otros dos registrados en otras comunidades, suponen un aumento de casi el 50% que elevaría la prevalencia de la mortalidad de las enfermedades infecciosas por encima de 22 casos por cada 100.000 habitantes, con algo más de nueve atribuibles al Covid, aunque en la mayoría de los casos no como causa única sino en combinación con otras patologías que termina por agravar de manera definitiva. No obstante, todo apunta a que esas cifras irán en aumento en las próximas jornadas y semanas.

¿Y eso es más o menos que en otras comunidades?

Esa tasa de 13,53 muertos por enfermedades infecciosas de Aragón resulta ligeramente superior a la de 12,41 que aparece como media estatal, mientras ocurre lo contrario con algunas de las comunidades más afectadas por el Covid-19, caso de Madrid (9,82) y Cataluña (9.44). Euskadi (11,26) ofrece un nivel de incidencia claramente más elevado, aunque en cualquier caso inferior al estatal.

Paralelamente, llama la atención que Aragón sea, con solo 2,43 casos al año por cada 100.000 habitantes, el territorio con menor incidencia de las “enfermedades de sangre y de órganos hematopoyéticos, y ciertos trastornos que afectan al mecanismo de la inmunidad”, un dato que se sitúa un 35% por debajo de la prevalencia estatal, que se sitúa en 3,71 por cada 100.000 casos.

Aragón presenta una tasa de mortalidad relativamente baja en el grupo de enfermedades que más vidas se cobra al cabo del año: solo tres (Madrid, Murcia y Navarra) presentan ratios de fallecimientos como consecuencia de tumores cancerígenos inferiores en más de diez casos por cada 100.000 habitantes (un 0,0001%), mientras las diferencias son mayores por arriba, con 26 y 30 casos más porcada fracción de población en Asturias y Extremadura.

En las circulatorias, por el contrario, se encuentra en la media estatal, con apenas unas décimas de desventaja sobre el promedio español, mientras que en las respiratorias solo Navarra, La Rioja y Euskadi ofrecen tasas de menor intensidad.

La comunidad solo supera las tasas de mortalidad medias del país, además de en las circulatorias, en los grupos de enfermedades del sistema nervioso y de los sentidos (50,56 por 100.000 frente a 50,15), en las digestivas (43,59 por 42,31), en las del sistema muscular y el tejido conjuntivo, donde ocupa la primera posición con un registro de 15,36 frente al 9,74 estatal, y en otras de escasa incidencia en el conjunto de la población como las malformaciones congénitas y las anomalías cromosómicas (2,17 por 1,89).

Los registros de la comunidad también se sitúan por encima de la media estatal en la tasa de incidencia en la mortalidad de las denominadas “causas externas”, aunque solo por cinco centésimas.

¿Y la gente se muere solo de un mal?

Para nada. O, cuando menos, eso es lo menos frecuente. Incluso cuando se trata de las llamadas “causas externas”. Los datos recogidos por el INE a partir de los certificados de defunción emitidos en todo el país señalan que la media de causas de fallecimiento se sitúa en 3,57 en España (no hay datos segregados por autonomías).

Esa media de 3,57 se ve claramente superada cuando el motivo principal del fallecimiento es una patología sanguínea o un trastorno del sistema inmunológico (4,18), una enfermedad de carácter endocrino, nutricional o metabólica (4,41) o una de los huesos y/o los músculos (4,18). Si se trata de un cáncer, el ratio se sitúa en 3,66, y para las respiratorias, en 3,53.

¿Cómo ha evolucionado la incidencia de las enfermedades en Aragón?

La incidencia de las distintas patologías que se consideran como causa principal no ha sido homogénea, ni mucho menos, como consecuencia de varios factores entre los que se encuentran los avances médicos o los cambios en los hábitos de salud y de nutrición.

La cifra de fallecidos con una dolencia del sistema circulatorio como causa principal en Aragón presenta una línea irregular que en las cuatro últimas décadas se ha movido en una horquilla de entre 3.946 y 4.694 personas, si bien con una tendencia ligera tendencia a la baja en lo que va de siglo.

Ocurre lo contrario con los tumores, cuya línea es claramente ascendente hasta haber aumentado un 75% entre principios de los años 80 y los últimos de la segunda década de este siglo, desde los 2.199 de 1981 a los 3.843 de 2016, y también con las dolencias del sistema respiratorio, en las que la incidencia, aunque con una línea mucho más quebrada por ‘dientes de sierra’, se ha disparado en una proporción similar, en este caso con los extremos en los 983 muertos de 1987 y, tras los 1.701 de 1999, los 1.641 de 2017.

Las tendencias son, con contadas excepciones marcadas por la irregularidad en los grupos de patologías menos frecuentes, claramente ascendentes, algo que resulta especialmente claro en tres de los grupos.

Ocurre con las patologías del aparato genitourinario, que han llegado a duplicarse con creces con los límites inferior y superior de la gráfica en 195 y 499, y, de manera todavía más acusada, con las enfermedades del sistema nervioso y de los órganos de los sentidos, que han estado cerca de multiplicarse por ocho al pasar de 120 a 918 en esas cuatro décadas. El crecimiento, por último, ha sido exponencial en los trastornos mentales y del comportamiento: se llevaban por delante apenas a cuarenta personas a principios de los ochenta y han llegado a superar los ochocientos en los últimos años.

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