De acuerdo con Vos(x)

Existe una fuerza política en España que va a salvarnos de la gran invasión. Quiere mantener la esencia de nuestra cultura, la española, y, para ello, aboga por expulsar migrantes, no conceder la regularización a quienes ya están trabajando y viviendo en nuestras ciudades y pueblos, y restringir la concesión de la ciudadanía española, en especial a las personas procedentes de países “de cultura musulmana”. Señores y señoras de dicho partido, he visto al Gran Hermano, estoy de acuerdo con ustedes. Venga, pongamos una fecha. Digamos que el próximo 30 de junio. Por favor, procedan a expulsar antes de ese …

Existe una fuerza política en España que va a salvarnos de la gran invasión. Quiere mantener la esencia de nuestra cultura, la española, y, para ello, aboga por expulsar migrantes, no conceder la regularización a quienes ya están trabajando y viviendo en nuestras ciudades y pueblos, y restringir la concesión de la ciudadanía española, en especial a las personas procedentes de países “de cultura musulmana”.

Señores y señoras de dicho partido, he visto al Gran Hermano, estoy de acuerdo con ustedes. Venga, pongamos una fecha. Digamos que el próximo 30 de junio.

Por favor, procedan a expulsar antes de ese día a todas las personas referidas en el primer párrafo que recogen frutas, hortalizas y verduras que ustedes y yo comemos. O que las transportan a los almacenes mayoristas abastecedores de mercados, supermercados y tiendas de nuestros pueblos y ciudades. Indecente que esas riquísimas borrajas o los primeros melocotones, pavías, peras … sean tocadas por quienes rezan mirando a La Meca.

Cuando ustedes encarguen una reforma (de su chalet, local, piso, urbanización …) prescindan de todas aquellas empresas que empleen a alguien argelino o marroquí y, si es latinoamericano, perdón, hispanoamericano, que hablen perfecto castellano. No vaya a ser que empiecen a hablarnos “raro” o nos cuenten que las empresas españolas compraron las de su país, despidieron a multitud de personal y sus padres se vieron obligados a emigrar. O que unas bombas de racimo marca Instalaza, fabricadas en Zaragoza, sembraron sus campos y tuvieron que dejarlos. O que fueron expulsados de su pueblo por un quítame allá esa mina de “tierras raras” del móvil con el que te involucras en las campañas electorales.

Con lo cristianos que son ustedes, por supuesto, rechazarán todo producto made in Israel. Como es sabido su ejército no hace distinción. Mata tanto cristianos como musulmanes y bombardea con idéntica pasión iglesias y mezquitas, que de todo hay en la población palestina.

Son ustedes tan, tan partidarios de la familia que pagarán los billetes de vuelta de aquellas madres y padres que han tenido que dejar a su descendencia en sus países de origen y les devolverán a la situación de persecución y/o de pobreza de la cual huyeron. ¡Qué humanidad tan católica!

Por supuesto, se encargarán de que el primo hermano de aquella afiliada de su partido prescinda de la interna colombiana o mauritana que cuida a su abuela en casa o de que las empresas de limpieza de su hogar y/o de su comunidad tengan solo sangre hispana.

Procurarán que no nos beneficiemos de ningún avance científico, incluidos los médicos, que procedan de investigaciones en colaboración con universidades del continente africano ni asiático, ni mucho menos si los logros de cuidados o biotecnológicos fueron realizados por equipos con investigadoras de origen indonesio, magrebí o turco.

Si me pongo malo nada de atención médica a cargo de personal especialista egipcio, palestino o sirio. ¡Que me atiendan Aurora y Fernando!

Además reclamarán en todos los hoteles que la habitación sea limpiada por Dolores o María y no por Aicha o por Emily, y que la reparación del aire acondicionado sea ejecutada por Manolo y no por Rachid o Rachida.

En el colegio de nuestros hijos no estará permitido que les dé clases de religión (ni de materia alguna) ninguna Bashira ni ningún Hassan por más que juren proceder de familias de minoría cristiana de Palestina, Egipto o Siria.

Por supuesto borrarán, o no considerará como parte integrante de nuestro pasado, todos aquellos episodios que no casen con su visión esencialista de España: el reino suevo, la presencias bizantina y musulmana, la existencia secular de múltiples reinos medievales y modernos en la península Ibérica, la activa y crudelísima participación de los regulares marroquíes en el ejército franquista… Igual hasta se vienen arriba y deciden derribar toda construcción mudéjar al estar modelada por manos impías.

Cuando todas las personas mencionadas sean puestas en la línea fronteriza iremos ustedes y yo, con nuestras manos de autónomo o de currante que reniega con argumentos “cuñados” en el bar, de chupatintas oficinistas, de CEO de multinacional o de apellido compuesto y rimbombante a limpiar culos, arrancar tomateras, dar clases, entrecavar patatas, tabicar estancias, atender consultas médicas y de enfermería o formar parte de equipos investigadores sobre física cuántica, mutaciones genéticas o síntomas de enfermedades en función del género. España se habrá salvado y su partido ya no tendrá razón de ser.

Tal vez, querida persona lectora, esboces una ligera sonrisa porque tu práctica política, incluido tu voto, no coincide con el partido citado. No obstante, si tu acción y tu opción entorpece o restringe, por ejemplo, la regularización de migrantes propuesta por la campaña #RegularizaciónYa o ralentiza la plena equiparación de las trabajadoras del hogar y de los cuidados con el resto por cuenta ajena también colaboras, aunque sea en menor medida, con este discurso. Vale.

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