El Parlamento de Sudáfrica ha elegido al vicepresidente y líder del Congreso Nacional Africano (ANC) Cyril Ramaphosa nuevo presidente del país en una sesión en la que ningún otro candidato le disputó el puesto, por lo que no hubo necesidad de votación, en sustitución de Jacob Zuma, que anunció su renuncia este miércoles acosado por múltiples escándalos de corrupción. Ramaphosa había sido nominado por su partido, gobernante en Sudáfrica desde el fin del apartheid y mayoritario en la Cámara.
El ANC había manifestado públicamente en estos días, tras pedir formalmente al ya ex jefe de Estado Jacob Zuma que abandonase su cargo, que su intención era que Ramaphosa pudiese jurar como presidente cuanto antes. “Es obvio que queremos que el camarada Cyril Ramaphosa entre como presidente de Sudáfrica”, manifestó el secretario general del partido, Ace Magashule, el pasado martes.
En su primera intervención, Ramaphosa se comprometió a trabajar para hacer frente a la corrupción, mejorar la economía y buscar la unidad del país. Afirmó que recibe el encargo como un "honor" y con "humildad" y prometió que, bajo su mando, el interés de Sudáfrica y de su pueblo vaya siempre “primero”. “Cuando uno es elegido en esta clase de posición, básicamente se convierte en un servidor del pueblo de Sudáfrica”, expresó.
Nacido en Soweto en 1952, Ramaphosa pertenece a la etnia zulú -mayoritaria en el país- y estudió Derecho en la Universidad del Norte. Su etapa de formación le llevó al activismo político, donde se alineó con los movimientos de conciencia negra. En los setenta fue encarcelado en dos ocasiones: en 1974 y en 1976, acusado bajo las leyes de terrorismo que el gobierno segregacionista blanco usaba para hostigar a la mayoría negra. En los 80 su vida se inclinó hacia el sindicalismo, lo que le llevó a cofundar el Sindicato Nacional de Mineros Negros (NUM), el más grande de Sudáfrica.
Desde su Secretaría General peleó por la mejora de los salarios y las condiciones de los trabajadores y en 1987 dirigió a los mineros sudafricanos en una de las huelgas más largas de la historia del país. A esa etapa se remonta su fama de estratega, que luego le convertiría en uno de los jóvenes políticos con más proyección del ANC. Su elección en 1991 como secretario general del partido -en la primera reunión de la organización tras treinta años de proscripción- significó su salida del NUM para pasar a convertirse en una figura clave de las negociaciones del fin del apartheid.




