Nos estamos refiriendo a la batalla ocurrida en Cutanda, Comarca del Jiloca, en la cual Alfonso I el Batallador derrotó y frenó el proceso de expansión de los almorávides en 1120.
Hoy en día, la polémica entre la existencia o no del proceso de “reconquista” cristiana sigue en pleno auge, siendo rechazada la denominación del termino “reconquista”, y lo que ello conlleva, por la mayor parte del mundo académico de la Historia. Ha sido un termino usado desde el franquismo, cómo ideario y justificación de su golpe de estado, y lo sigue siendo hoy en día por parte de los fascistas de grupos políticos como Vox. Incluso la figura del rey aragonés, Alfonso I, ha sido apropiada y utilizada por grupos neonazis zaragozanos por su hazaña de conquista de Zaragoza al Islam y una supuesta expulsión de la población musulmana.
Eloy Moreno nos narra en esta novela, la batalla decisiva para frenar la expansión del Islam pero lo hace dejando y sacando a la luz las diferencias y rupturas entre los almorávides, recién llegados del Norte de África para frenar la expansión de los reinos cristianos, y los andalusies, los musulmanes presentes en Al-Andalus desde el S.VIII. Llegados para socorrer al Califato de Córdoba, los almorávides rápidamente subyugaron a las taifas musulmanas, estableciendo el control del territorio andalusí y centralizando el poder.

Impusieron una visión estricta del Islam que chocaba frontalmente con la tolerancia y la apertura cultural de Al-Ándalus, llegando a reprimir la filosofía, la ciencia y las artes. Las revueltas y enfrentamientos de la población andalusí contra el nuevo poder almorávide fueron frecuentes, destacando la de Córdoba, solo un año después de la derrota de Cutanda. Este enfrentamiento entre dos formas de entender el Islam está presente en la novela de Eloy, donde incluso comprobamos como señores de taifas andalusíes de Zaragoza ayudan a las huestes de Alfonso I frente a los almorávides, Abdelmálik ibn Mustaín Imad al-dawla, último rey de la dinastía hudí y de la taifa de Zaragoza, señor de Rueda y vasallo de Alfonso I, junto a quién lucha en la batalla de Cutanda.
La novela comienza con el sitio cristiano a Qatal Ayub que ha de interrumpirse, momentáneamente, para hacer frente al contingente almorávide. Pancrudo, Cutanda... son alguno de los escenarios por los que transcurre al trama. Destacable, en la novela, es el reconocimiento de la figura de Alfonso I como un gran rey, responsable de la expansión del Reino de Aragón, figura de fuertes creencias cristianas pero respetuoso con sus enemigos, como demostró, y la novela se encarga de recordarlo, al permitir a los musulmanes permanecer en Saracusta, con sus bienes, tras la conquista de la ciudad. Los alrededores de Cutanda serán el escenario final de la novela, donde chocan dos ejércitos y dos conceptos de entender el mundo, y no sólo desde el punto de vista religioso.
Si quedaba alguna duda sobre la convivencia entre cristianos y andalusies y la tolerancia entre ambas sociedades, Eluy introduce dos personajes secundarios, que se convierten en protagonistas, que unen sus vidas y destinos en una relación amorosa que parece imposible; la musulmana Badra y el cristiano Salvián.
Sin duda, una novela necesaria para conocer y valorar la importancia de la batalla de Cutanda y la figura de Alfonso I, el Batallador.

