Cuba desde la rabia y la idea

No deja de ser curioso, extravagante incluso, que las personas que ayudamos a liquidar una de las peores dictaduras del mundo (casi 200.000 asesinados, un millón de presos políticos a lo largo del franquismo) y a la llegada de una democracia con bastantes agujeros, pero democracia al fin, seamos tildados de anti-demócratas, de comunistas (como si ese epíteto fuera un insulto) por los herederos de los Licinio, de los Martín Villa, de los Fraga y compañía cuando se argumenta algo que no sea el insulto y la mentira referido a Cuba. Herederos de franquistas, de estómagos agradecidos, de aprendices de …

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Carlos Tundidor

No deja de ser curioso, extravagante incluso, que las personas que ayudamos a liquidar una de las peores dictaduras del mundo (casi 200.000 asesinados, un millón de presos políticos a lo largo del franquismo) y a la llegada de una democracia con bastantes agujeros, pero democracia al fin, seamos tildados de anti-demócratas, de comunistas (como si ese epíteto fuera un insulto) por los herederos de los Licinio, de los Martín Villa, de los Fraga y compañía cuando se argumenta algo que no sea el insulto y la mentira referido a Cuba.

Herederos de franquistas, de estómagos agradecidos, de aprendices de dictadores que, viéndolas venir y agrupándose en Alianza Popular —luego Partido Popular—, intentaron borrar el tufo a fascismo; primogénitos de ministros asesinos, fiduciarios de jueces asesinos, sucesores de policías torturadores de la Brigada Político Social, favorecidos de millonarios sobornados.  Usufructuarios, en suma, de aquellos que preferían matar, encarcelar, torturar, a la posibilidad de perder sus privilegios ideológicos. Esos son los que, ahora, se permiten el hecho de insistir en esa canción de los años infantiles “Vamos a contar mentiras” y subvertir la realidad.

Sería curioso, extravagante, cómico incluso, si no fuera porque es el compendio de un cinismo a prueba de bomba, de una hipocresía orlada de palabras huecas y hechos que solo se cuentan en dólares.

Para empezar, repasemos. Algunas organizaciones liberales, tan conspicuas como las herederas de Alianza Popular, tachan de regímenes híbridos a teocracias absolutas como la de Marruecos o sultanatos como los de Erdogán en Turquía, con cientos de presos por delitos exclusivamente políticos entre propios y extraños (saharauis). Esas mismas organizaciones pintan de democracias a regímenes tan podridos como los de Birmania, Myanmar, Filipinas, Indonesia, Brasil, Panamá y a un largo etcétera. Todos ellos con más presos de conciencia que los que albergan las cárceles cubanas y, desde luego, con los derechos básicos de educación, vivienda y sanidad a años luz de los cubanos.

Sigamos repasando. Esos herederos del franquismo, algunos con ganas manifiestas de la vuelta a dictaduras con sones falangistas, se descubren lamiendo los pies de dictaduras teocráticas como las de Arabia Saudí, Emiratos, Kuwait o Qatar solo porque los dueños de estos países tienen dinero a espuertas. Les da lo mismo que las mujeres no tengan derechos, que corten cabezas por homosexual o lesbiana o den de latigazos por tomar alcohol o enviar a Allah adonde amargan los pepinos. De ellos no se habla a pesar de que sus cárceles son las del alfanje sobre el cuello. Los mismos personajes que intentan insultar —no lo consiguen— llamando comunistas a demócratas hablan maravillas de “democracias” tan formidables como las de Pakistán, El Salvador, Honduras, Líbano, Irak, Haití, Guatemala, República Dominicana, con unos índices de desigualdad en la riqueza tan enormes que cualquier parecido con la libertad es pura coincidencia. Porque la libertad comienza cuando las necesidades esenciales están cubiertas y con desigualdades entre ricos y pobres lo menores posibles. Por no hablar de los actuales regímenes filo-fascistas de Hungría o de Polonia ¡en la Europa de los 27!

Continuemos con el repaso y con los datos. Es cierto que Cuba no es una democracia, tampoco una dictadura. Faltan derechos individuales. Pero, hoy, tiene muchos más mimbres para convertirse en una sociedad con los derechos humanos reconocidos y respetados que más de la mitad de los países en la órbita del desarrollismo puro y duro neoliberal del mundo. ¿Por qué? Sencillo explicarlo: Los derechos básicos como los de Educación, Vivienda y Sanidad están en lo más alto de la pirámide, las desigualdades entre los cubanos están en los índices más bajos y el suelo cubano es de su población y no de las multinacionales o terratenientes. Si se eliminara ese embargo tan criminal como anti-democrático como es el de la Ley Helms-Burton**, la posibilidad de un reencuentro con las libertades formales será un hecho más transparente que en la mayoría de los países que se llaman a sí mismo demócratas, incluso en una buena parte de los europeos.

** La Ley Helms-Burton, establecida en 1996 por los EEUU, heredera del embargo de 1960 a raíz de la nacionalización de varias grandes explotaciones agrícolas por multinacionales y de empresas americanas, mantiene la imposibilidad de que a Cuba se le concedan ningún tipo de créditos por las entidades como el FMI y otras. Castiga, también, con multas e imposibilidad de comerciar con USA, a las empresas que comercien, exporten, importen, financien o inviertan con Cuba. Condenada 28 veces por la Asamblea de las Naciones Unidas como ley criminal. En la última Asamblea de la ONU tan solo dos países, uno EEUU, con derecho a veto, la apoyaron. El resto, salvo 3 abstenciones, votaron a favor de su desaparición.

Los poderosos financieros a cien kilómetros al oeste, los cubanos millonarios de Miami despojados de sus latifundios, siguen deseando volver a aquellos tiempos de Batista en que la isla era un burdel norteamericano y el suelo, sus diez millones de hectáreas, propiedad de muy pocos cubanos y extranjeros. Por eso insisten con ese embargo tan criminal como el tiro en la nuca. Y los partidos de acá, los herederos de Alianza Popular, los herederos de los que por 1975 mataban a obreros en las calles vitorianas, no dicen ni pío de esa Ley de Linch, de esa Ley del más fuerte, que imponen las Administraciones americanas, tanto da que sean filo-fascistas como las de Trump y similares o algo más blanqueadas como las de Obama y Biden.

Pero sigamos repasando. Uno de los argumentos más escuchados es el referido a los presos de conciencia. Los hay y nadie puede enorgullecerse. Pero, a fecha de hoy, según organizaciones tan poco sospechosas de girar a izquierda como “Prisioners Defenders” precisa que hay 76 presos en total. Y sobre estos encarcelados se incluyen, en una especie de totum revolutum, acusaciones tan variopintas como la de tentativa de asesinato, drogas, desacato, robo con fuerza, impago de multas o propagación de epidemia. Es decir, que de aquellos 76 encarcelados solo la mitad se identifica con libertad de opinión o conciencia. Ojalá no hubiera ni uno tan siquiera, pero comparar estas cifras con los encarcelados por delitos políticos en Marruecos, Turquía, Arabia Saudí, Myanmar, Birmania, Ucrania, Irak, Indonesia, Filipinas… y un largo etcétera tan enorme como las tres cuartas partes de los estados del globo es de chiste. Por no decir que los casos de asesinatos políticos son inexistentes desde hace más de cuarenta años ininterrumpidos (recuerdo la muerte en Turquía de un periodista troceado, ordenada por el príncipe heredero de Arabia Saudí, por ejemplo. Y que sepa yo, nuestros próceres, populares y sociatas, se fotografían con estos individuos lamiéndoles pies, manos o lo que les dejen.

De esos 76 presos cubanos en listas de presos de conciencia, abarcando delitos tan variados como desacato, multas o tentativas de asesinato, hay 29 que se adscriben al UNPACU —Unión Patriótica Cubana—, organización anticomunista creada en Miami, que flirtea tanto con la extrema derecha como con el mundo del tráfico de drogas, pagada con fondos de los Estados Unidos (admitido por la propia Administración bajo el eufemismo de fondos para el advenimiento de la democracia). Quizá sea una parte de esos 29 presos los únicos que, de una manera estricta, pudieran pertenecer a presos de conciencia.

Vayamos a las penas. En esos 76 presos de todos los colores, hay 20 de ellos que están pendientes de dictar pena en estos momentos, 28 con condenas entre 2 y cinco años, 15 de ellos con privación de libertad menor de 2 años; el resto, es decir, a poco que se quiera sumar, trece, con penas superiores a 5 años. Cualquiera puede bajarse el PDF en el que está la relación completa, nombre a nombre, de presos cubanos de conciencia.

Vayamos a una democracia de esas que los partidos herederos del franquismo dicen como buenas: pongamos la nuestra, España. ¿Alguien tiene la desfachatez de negar que por nuestras cárceles han pasado, siguen, personas por cantar, rapear, teatralizar o escribir algo en donde se pone en solfa a personas tan “respetables” como unos reyes ladrones? Sin contar para nada ese filo sospechoso, cuando menos discordante, referido a los presos catalanes. Eso en España, puesto número 18 en el “ranking” de las democracias al decir de Organizaciones defensoras a ultranza de que diez personas en el mundo tengan tanto dinero —más de 700.000 millones de dólares— como la suma del PIB de países como Bélgica y Finlandia.

O a los poderosos Estados Unidos, cuna al parecer de una democracia fundamental: la del dinero. Allí, derechos básicos como la salud y la Sanidad están a merced de los dólares que se tengan; la Educación para pobres e inmigrantes se relaciona con los fuera de serie en baloncesto o deporte y poco más; y la vivienda es un derecho comprado a fuerza de talonario. En los EEUU hay 15.000 asesinatos al año, la policía mata —primero dispara, luego pregunta— a 1.000 personas al año, 650 de ellos negros, las dos terceras partes a pesar de ser solo un tercio de la población. El 99% de los policías complicados con uno de estos asesinatos ni siquiera es imputado, máxime si es blanco. En USA hay 2,2 millones de presos en las cárceles y 4,2 millones más en libertad condicional. ¡El 2% de su población entre rejas! EEUU es el país con mayor número de supermillonarios, también el país con el mayor número de pobres de solemnidad. ¿Seguimos con la prueba del algodón sobre aspectos democráticos?

Señores/as post-franquistas, herederos de asesinos, de torturas, encarcelamientos masivos o de escandalosas corruptelas, sigan ustedes siendo nostálgicos de los asesinatos, de las violaciones de Derechos Humanos, de corrupciones a todo trapo; caciques de las mentiras o maestros del cinismo, sigan así, son lo que son cuando tienen que estar ocultos, disfrazados, por el auge de las libertades o cuando, como ahora, se crecen porque los recortes de todo tipo, también de libertades, están creciendo en nuestro país. Sean eso, fascistas sin más, pero, por favor, no intenten dar lecciones de democracia a nadie porque, entonces, son de chiste del jueves. ¡Lecciones de democracia los que pugnan por volver a regímenes franquistas!

¡Ah! Y sepan que muchos de los que hemos sido, o son, comunistas en España llevan —llevamos— a orgullo ese apellido que ustedes lanzan como si fuera una pedrada o insulto —viniendo de sus lenguas, eso es un elogio—. Gracias a los comunistas de aquí, la democracia a la que ustedes se resistían a costa de lo que fuera: muertos, exilios, paredones, presos, torturas, juicios amañados, robos…, pudo venir a este país.

Escrito el 18 de julio de 2021. 85º Aniversario del golpe de estado por los generales fascistas 

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