Tratando como sea de sobreponernos mínimamente a la rabia, la impotencia y la tristeza por lo que está pasando en el mundo en general y en América Latina en particular, vamos a intentar aportar un birrioso granito, tardano y seguramente irrelevante, para mitigar el dolor por todo lo que estamos oyendo sobre los acontecimientos en Venezuela, que aún hace aquellos todavía duelan más. Podríamos haber titulado el artículo “Consejos básicos para debatir sobre Venezuela con cuñaos, inconscientes o izquierdosillos (a la derecha ni la contemplo, claro; no merece la pena) si se atisba que tienen buena voluntad, que van a escuchar, y que el esfuerzo va a tener alguna utilidad” pero, así, como título, tenía poco gancho, y nos quedaba largo…
No se trata aquí por tanto de un recorrido sesudo y exhaustivo de la historia venezolana (al menos desde la segunda mitad del siglo XX y el Pacto del Punto Fijo de 1958, por no irnos más atrás…), incluyendo los procesos previos al nacimiento del “Chavismo” (movimientos progresistas dentro del ejército, fundación del “Árbol de las Tres Raíces”, impacto social del “Caracazo” del 89, etc., etc.). Tampoco de analizar las líneas teóricas, ni su real plasmación práctica, de un movimiento no sólo heterogéneo sino muy cambiante en el tiempo según las fases del Proceso (que no “Revolución”) Bolivariano; que nunca fue socialista, por cierto, aunque hubo tímidos avances en cuyo estudio, como decimos, no nos detendremos aquí. Ni tan siquiera repasar cómo son las bases del Estado venezolano, establecido sobre 5 poderes y no sobre 3 (Ejecutivo, Legislativo, Judicial, Electoral y Ciudadano) o de entender el aparataje paraestatal de las Misiones (educativas, sanitarias, de vivienda, etc.), constructo de urgencia para tratar de paliar la extrema pobreza y la gigantesca desigualdad social previa al inicio de dicho Proceso.
Así que proponemos una batería de preguntas y respuestas sencillas; más aún, deliberadamente simplificadas y con analogías cogidas con pinzas sólo para intentar ubicar un poco algunas cosas y términos (aunque con apuntes al hilo seguro que nos acabamos alargando más...). Disculpadnos por lo que vamos a hacer…
-¿El golpe contra Venezuela supone una liberación para una población oprimida por una dictadura?
¿En serio? La primera pregunta es fácil, y nos la saltamos a la torera. Demasiado obvia y contestada directamente por Trump y sus halcones. Y además, obvio, no sólo es contra Venezuela, sino contra todos los pueblos de América Latina, y casi diríamos del mundo. Afortunadamente, en este caso ha habido cierta unanimidad en las izquierdas (varias, no una, y empezamos a contar más allá del PSOE, evidentemente), y no la lamentable fractura que hubo tras la invasión de Libia, por ejemplo, en la que, “Santiago Alba y fans” mediante, se nos ponía en la tesitura de que si condenábamos la intervención y rechazábamos a la OTAN “estábamos con Gadaffi”1 Hoy parece que hemos vuelto a aquello (más parecido a lo acaecido con la Guerra de Irak; en ése sentido, sólo en ese, y dentro de nuestros MMSS, insisto) de “No hace falta, necesariamente, defender al gobierno Maduro para condenar enérgicamente lo sucedido”: el secuestro de un presidente electo, el asesinato de parte de su guardia (entre otros de 32 internacionalistas cubanos) y la voluntad de saqueo directo y sin ambages de la riqueza de un país en beneficio imperial.2
¿Disculpa? Has dicho presidente electo? ¿Pero Maduro no es un dictador?
A ver, despacito... Maduro es muchas cosas (y ahora vemos), pero en Venezuela ha habido los últimos 27 años más procesos electorales que en ningún otro país del mundo. Y por cierto que, desde al menos el referendo “revocatorio” presidencial de 2004 (primer referendo de esas características de la historia además, y que luego fue incorporado como figura en las posteriores constituciones Boliviana y Ecuatoriana y en el que quien escribe tuvo la suerte de ser Observador Internacional) la oposición está acusando al gobierno de fraude electoral. Aquel se ganó por aproximadamente el 57,5 % frente al 42,5 % y aún así la oposición exigió una auditoría de los resultados (a la que luego no acudieron, claro) pero ahí nos tuvieron contando papelitos para verificar que las actas eran correctas. Un breve apunte: más allá de la imposición colonial de la “observación internacional” (¿haría falta que vinieran latinoamericanos o latinoamericanas a vigilar en las de Aragón, o en las de Andalucía, o en aquellas tan graciosas de Florida que dieron lugar a la era Bush Junior?), los tres grupos de observadores constatamos lo evidente. Sí sí, incluso los de la OEA. y los del Centro Carter (profesionales además, y que se pegan una vidorra de cuidado) así como el grupo de internacionalistas de todo el mundo, literalmente de todo todito, que acudimos al llamado del Consejo Nacional Electoral (CNE) para equilibrar los dos grupos anteriores, certificamos que un sofisticado y novedoso sistema con máquinas “cazahuellas” dáctilares, que además de registrar electrónicamente los votos emitía un papel que iba a las urnas, como doble comprobación, funcionaba correcta y limpiamente. Así es, al igual que en las muchíiiiiisimas elecciones subsiguientes (de hecho, uno de los problemas internos del Proceso era que el país parecía estar en una eterna campaña electoral)
-Pero no negaréis que Maduro es un dictador, que censura y encarcela a la oposición…
A ver, contestamos con algunas preguntitas, para rebotar esta…
¿Es el PSOE un partido digno y de izquierdas? Estaremos de acuerdo en que ni lo uno ni lo otro; al menos desde Suresnes 74, y por no entrar en debates más largos sobre, precisamente, Largo Caballero, etc. Entendido pues; revolucionario, nunca; de izquierdas, tibiamente en algunos momentos fundacionales y durante los 30, aceptamos “barco”.
Sigamos, ¿Apoyas las políticas de Pedro Sanchez?
-No, yo soy de izquierda de verdad.
Ok, bien, nos alegramos…
¿Pedro Sánchez es un dictador? Es el discurso permanente del PP y sus medios; de Feijoo, de Abascal y, reluciente sobre todos ellos, de Díaz Ayuso, nuestra particular María Corina Manchada. ¡Ay!, qué hermoso es ver a nuestro medios de desinformación masiva jaleando permanentemente como “oposición democrática” a la más violenta, extrema, racista y clasista de las derechas; incluso entre todos ellos (aún diríamos más: sobre todo) al aparato PRISA, ese que nació de Santillana, pelotazo opusiano mediante, y que, como otras tantas multinacionales, tiene intereses regados por todo el continente. Por cierto que PRISA fue golpista en 2002 y lo ha vuelto a ser ahora…3
-Vale, o sea, Pedro Sánchez no es un dictador… De izquierda no; traidor ni llega porque no tiene ni principios que traicionar, pero dictador no, de acuerdo.
Entonces… ¿Te parece bien que venga un comando de élite yanki, entre en la Moncloa y se lo lleven preso, bombardeando y matando de paso, para imponer un gobierno títere bajo coacción, o directamente a la extrema derecha (incluyendo al PP, claro; PP y VOX o VOX y el PP: el orden de los factores no altera el fascismo, como decía el gran Oskar Matute...), a la que no hace falta ni coaccionar?
-No, claro.
Bien, seguimos bien…
-¿Y la libertad de expresión? ¿Todos los medios chavistas?
Bueno, aquí tenemos que aguantar a muchos que hablan de dictadura en España en medios de gran alcance, todos los días. Que insultan a un presidente, que dicen lo que les sale de sus santas partes y no pasa nada (salvo si eres rapero y hablas de la Corona, por ejemplo; o feminista y lo haces de la Iglesia, bueno, otra vez lo obvio…) Pero vaya, que con tanto medio privado de gran alcance, como que censurados no están… Y aún así, la derecha habla de dictadura...
A ver, majete, pues mira... En Venezuela, casi todos los medios son privados, y propiedad de pocas manos, por cierto. En la época de Chávez, además de mentir, y de insultar permanentemente al presidente destilando racismo (“ese mono”; “el simio Chávez” y cosas por el estilo) llamaban directamente a la insurrección y al magnicidio. Eso es algo que aquí no se hacía hasta hace poco, por cierto, con algunos ahora dando a Trump las coordenadas de la Moncloa; lo cual es un delito grave, además, tipificado en el art. 581 de la Constitución. Estamos tranquilos, seguro como es que pronto el juez Peinado perseguirá a tales delincuentes. Además, aquí no se tortura en las cárceles (qué sabrán esos relatores internacionales) y somos todos iguales antes la ley. Bueno, excepto el emérito, M. Rajoy, La Madrina Ayusorleone, su consorte y familiares, en fin… Bueno, que si eres ciudadano o ciudadana de bien, calladita y dócil... y rica, no entras en la trena.
-Vale, pero no hay Estado de Derecho allí, ¿no? Porque no negaréis que hay que democratizar Venezuela, está claro, y fortalecer el Estado de derecho
Je, je… Bueno, el tema es larguito y complejo. No la cuestión de si hay allí o no, sino el del “Estado de Derecho” en sí mismo. Y para eso mejor que sin alargarnos os recomendemos las reflexiones al respecto de Carlos Fernández Liria sobre la ficción de Estado de Derecho en el que vivimos, en el que las izquierdas transformadoras (insisto; no aceptamos PSOE ni como “pulpo”) tienen opción de presentarse a las elecciones a condición de que no las ganen o de que si las ganan hagas políticas de derechas.4 Si no, lo que sobreviene sin excepción a lo largo de la historia es una guerra económica sin cuartel o directamente un golpe de estado. Eso por no ponernos a reflexionar sobre cómo nos proclamamos “democracias” los países ex (y todavía) colonizadores, que tenemos gracias al saqueo de ¾ partes del mundo la riqueza suficiente como para otorgar ciertas libertades a poblaciones suficientemente acomodadas (al menos más que en otras partes del planeta a las que roban “nuestros” gobiernos y empresas) ; libertades como se ve, revocables en todo caso, si la cosa se descontrola y nos volvemos demasiado díscolos, y no digamos si llegamos a cuestionar los dogmas religiosos capitalistas.
-Bueno, bueno, mucha teoría pero de la realidad... cómo podéis hablar vosotros si no sois venezolanos?
Me alegro de que me hagas esta pregunta (¡ay!, qué paciencia, madre…) Hoy nos toca aguantar, además de la aparición como setas en otoño de todólogos expertos (también) en Venezuela, a miríadas que gente que esgrimen el fantástico argumento de que “si no eres de Venezuela, no opines”. Fantástico porque una cosa es opinar y otra conocer y esgrimir argumentos sólidos basados en realidades, en primer lugar. Además, con ese silogismo tan sólido, digamos que sobre España sólo vale la opinión de las españolas y los españoles, ¿no? Ah, pero ¿de cuáles? ¿De los que piensan que Abascal es Don Pelayo redivivo o de los y las que tiene cerebro, digo… ética?... bueno, ya nos habéis entendido… La fortaleza teórica, filosófica, literaria, química, culinaria... del argumento es apabullante, ¿no crees?
-Bueno, que no soy tan inconsciente, ya sé que esto es por el petróleo y no por democratizar nada…
Mmmmm… Pues sí, sobre todo, pero no sólo. En la lista cuasi infinita de invasiones o de golpes de estado realizados o auspiciados por los gobiernos estadounidenses también está Cuba, Granada, Nicaragua, etc. etc. (por no salir de América Latina) y riquezas minerales estos países tienen entre poquitas y ninguna. El Imperio (también el europeo, por supuesto) castiga también el ejemplo, a aquellos que intentan ser soberanos y demostrar que se puede hacer política desde otro lugar, por y para sus gentes y salir de las redes coloniales.
-Pero no os paséis, no querréis llegar a que el Gobierno de Maduro era un ejemplo de resistencia antiimperialista y de construcción del socialismo, ¿no? (nota: socialismo NO es lo del la “S” del PSOE; es otra cosita…)
Pues no, o al menos no exactamente. El Proceso en Venezuela desde 1998 ha tenido aspectos muy positivos, y durante un tiempo fue referencia (no LA referencia: ésa es y será la Isla Infinita…) para buena parte del mundo colonizado, no sólo para América Latina. Pero el Proceso, sus líneas directrices y sus etapas, es algo tremendamente complejo de analizar y no pretendemos hacerlo, como decíamos al principio, en este apresurado, simple y hasta socarrón artículo.5 Lo que sí podemos decir brevemente es que Maduro (y no sólo él, claro) traicionaron ciertos principios ya desde el principio de su mandato oficial, tras las elecciones del 14 de abril de 2013 (después de las cuáles, por cierto, la ultraderecha venezolana volvió no sólo a acusar de fraude sino a llamar a la insurrección armada (¿recuerdan a Capriles?) y asesinaron a al menos 15 personas en las 24 h siguientes, entre ellas personal médico cubano que operaban en los barrios pobres, bajo el beneplácito de nuestros “demócratas” locales. Por ello, por el bloqueo yanki y el asedio de la derecha europea, por el sabotaje interno de la oposición (tan pacífica como los de la bandera con el “pollo”) por errores y desviaciones internas y hasta por múltiples factores diríamos “prepolíticos” (las condiciones subjetivas de Venezuela, usando términos clásicos) el Proceso se fue deteriorando muy seriamente. Por tanto, más que mostrar apoyo al gobierno de Maduro, se trataba de apoyar a las ideas y grupos revolucionarios, que los había y hay, y condenar cualquier injerencia y agresión externa contra el país. Así de ¿simple?
Aquí lo dejamos, con perdón… Las venas abiertas de América Latina nunca han dejado de sangrar, pero hay momentos, y ciclos, que son particularmente cruentos. Veremos éste.
Notas
1. Por cierto que qué facilito (relativamente, y en los MM. SS., no en general) nos resulta entender ciertas cosas de América Latina y qué difícil de otros lugares. En 2013, precisamente en una de nuestras largas estancias en Caracas, pudimos entrevistar a Mario Cabral, miembro de la Asociación de Educadores Sociales de Angola, que nos daba una lección y nos regalaba el análisis del que extractamos algunas líneas: “El gobierno liderado por Gaddafi era el principal impulsor hoy de la conciencia de unidad africana, del fortalecimiento de la organización de la Unión Africana para que tuviera un contenido real más allá de su denominación (…)
¿Ve usted la agresión contra Libia como la eliminación de un obstáculo para los intereses occidentales?
Sí. Allí existía el nivel de vida más alto de toda África. El 80% del territorio libio era desierto y gran parte de ello aún así se convirtió en zona de cultivo, con la utilización de grandes proyectos de desalinización, entre los mayores del mundo. El caso de la unión de la tribus allí, ejemplo para la mayoría de estados africanos. La cobertura de salud, e educación, ambas gratuitas; el transporte barato... En definitiva de la utilización de las riquezas del petróleo para beneficio el pueblo. Si eso era una dictadura, yo quiero una dictadura para mi país y para mi continente.” De hecho, llegó a utilizar los siguiente términos: “Gadaffi era el Chávez africano”.
2. Recordemos que entonces, 2003, salió muchísima gente a la calle y hasta el 90 % de la población española condenaba la agresión a Irak según las encuestas, entre otras cosas porque gobernaba el PP y el PSOE, sobre todo PRISA mediante (que tiene muchos intereses en A. Latina pero no en O. Medio), puso a todo su aparataje propagandístico para levantar de sus sofás a quienes… luego, y sólo 3 meses después, votaron en masa al PP en las elecciones municipales y autonómicas generalistas… En fin...
3. Ver el estupendo VV. AA. Periodismo y Crimen: El caso Venezuela, Ed. Hiru, Hondarribia, 2004. También era divertido ver cómo se le atragantaban las palabras a los Aimar Bretos (de Hora 25) y demás chusma desinformativa cuando, tras otorgarle el Nobel de la Paz (ja, ja…) a María Corina Manchada, lo primero que hizo ésta fue agradecérselo a su vilipendiado Trump. No nos detendremos tampoco, por otro lado, en ver como medios todavía supuestamente de izquierdas, eldiario.es, por ejemplo, y tanto a golpe de titular (“Detención de Maduro”) como por boca de sus prepotentes tertulianas todólogas, como la insufrible Esther Palomera, repetían los mantras sobre la necesidad de democratizar Venezuela, de liberar de opositorxs pacíficos encarcelados por sus ideas, y demás basura mediática.
4. Ver, por ejemplo, y expuesto de modo sencillo y que además viene al caso, Fernández Liria, C. y Alegre, L., Comprender Venezuela, pensar la democracia, Ed. Hiru, Honderribia, 2007.
5. Escribimos algo al respecto en varios artículos entre 2012 y 2013 y hasta en un capítulo de la tesis doctoral, en 2014, y, sobre todo , lo defendimos en espacios de militancia en los MM. SS.; en los venezolanos y en los españoles.
