Cuando se habla de quién crea la riqueza en nuestra sociedad y quién mueve sus engranajes, estamos cada vez más acostumbrados a que nos vendan que es la burguesía y los empresarios quienes ponen todo en funcionamiento. No obstante, la realidad siempre se impone, y en cada conflicto obrero queda patente que, cuando paran las trabajadoras, paran los engranajes que hacen funcionar el sistema capitalista.
Esta realidad quedó claramente expuesta en la reciente huelga del sector de la limpieza de edificios y locales de Zaragoza, sector que durante 15 días mantuvo el pulso a la patronal hasta conseguir firmar un acuerdo que, si bien no era el mejor, sí supone ciertas mejoras para un sector totalmente precarizado y muchas veces invisibilizado.
Las trabajadoras de la limpieza están presentes en colegios, institutos, hospitales, centros de salud, instalaciones municipales, estaciones, aeropuertos, oficinas, centros deportivos, universidades, fábricas y comercios. Sin su trabajo, esos espacios no funcionan. Sin embargo, rara vez son reconocidas como parte real de esos centros de trabajo al tratarse de una parte de la plantilla subcontratada.
Esa división tiene consecuencias materiales y políticas. Dificulta la organización colectiva, debilita la solidaridad cotidiana, hace más difícil reconocerse como parte de una misma clase y coloca a las trabajadoras en una situación de mayor indefensión frente a la empresa, fragmentando a la plantilla y dividiéndola artificialmente en busca del mayor beneficio posible.
Pero es precisamente al parar su actividad laboral cuando se pone de manifiesto su importancia y el papel fundamental que estas trabajadoras realizan. Ha sido a través de su huelga que han demostrado como un sector invisibilizado es absolutamente fundamental para el funcionamiento de nuestra sociedad. La administración, a sabiendas de la capacidad de detener el normal funcionamiento de todo que tiene este sector, no ha actuado como mera espectadora y ha cumplido su función de instrumento al servicio del capital imponiendo unos servicios mínimos de hasta el 100% en numerosos centros que no es más que una vulneración del derecho a huelga de las trabajadoras. Otro ejemplo del papel fundamental de estas trabajadoras ha sido la afectación de las industrias que, ante el daño que les causaban, plantearon ERTEs para reducir la pérdida económica durante el tiempo que durase la huelga, convirtiendo la lucha de una parte de la plantilla en el castigo para otros.
El principal escollo para mantener la huelga ha sido el coste económico. La misma precariedad que sufren las trabajadoras es usada por la patronal como chantaje, llegando un punto en el que mantener la huelga se vuelve inviable para muchas por la sangría en la nómina. Por eso este punto es fundamental para toda la clase obrera, que debe dar un salto cualitativo en su capacidad organizativa y desarrollar una herramienta que les permita mantener la huelga en el tiempo, aliviando el castigo de dichos costes: las cajas de resistencia. Y no habla quien escribe estas líneas de una caja de resistencia exclusiva de uno u otros indicato que, en última instancia, acaba por romper la unidad de la plantilla. Hablamos de cajas de resistencia como la que en mayo de 2020, en plena pandemia del Coronavirus, permitió a la plantilla de FCC Parques y Jardines de Zaragoza conseguir sus reivindicaciones tras 58 días de huelga y no torcer el brazo ante la patronal. Pero este apoyo económico vital no vino caído del cielo, sino que fue producto del trabajo sindical diario en los centros y las asambleas de trabajadores.
Sus servicios mínimos abusivos, sus chantajes y sus intentos de enfrentar a trabajadores entre sí no pueden sino aumentar la solidaridad de clase con las huelguistas. Pero es que además las trabajadoras del sector, a pesar de su fragmentación, de los salarios de miseria, de la parcialidad y la precariedad, han dado un ejemplo de lucha a toda nuestra clase: con unidad y organización las victorias, por parciales que sean, son posibles, y está en nuestras manos lograrlas.
Nos han demostrado el papel fundamental que juegan en toda la sociedad y hemos aprendido a golpe de realidad que los trabajadores de un mismo centro, aunque dependan formalmente de empresas distintas, comparten intereses de clase frente a quienes organizan y se benefician de su división. Las trabajadoras del sector han dado una clase magistral de dignidad y valentía de la que todos podemos extraer valiosas conclusiones para afrontar las luchas que vendrán. Porque si algo es seguro en el capitalismo es que la patronal tratará de apretarnos más y más las tuercas, de explotarnos cada vez más.
Pero tan seguro como eso es que la organización y la solidaridad de clase son el germen de la victoria de los trabajadores. Las lecciones aprendidas en todo el ciclo de movilización y lucha de diferentes sectores, no solo en el de la limpieza, si no también educación y sanidad, deben servir precisamente para fortalecer la solidaridad, más aún si se comparten espacio físico entre estos sectores, y para acumular experiencia que sirva para alcanzar una profesionalización de las masas obreras no sólo en los momentos puntuales de movilización, si no en su día a día en cada centro de trabajo, para que llegado el momento se dispongan de las condiciones de vencer a la patronal y poner el interés de la mayoría social, de los y las trabajadoras, en el centro de todo.





