Cuando los tormentos pasen

A lo largo de las últimas décadas la costa mediterránea española ha sufrido diferentes desastres climáticos que han dejado cientos de personas fallecidas. La riada de Valencia de 1957, que provocó el desbordamiento del Río Turia, segó la vida de 81 personas y provocó la destrucción de más de 1700 viviendas. Las riadas del Vallés en la provincia de Barcelona causaron destrozos y la muerte de casi 1000 personas en el año 1962. Once años después, Murcia, Alicante, Granada y Almería fueron testigos de una tormenta que dejó 150 muertos. En 1982, el desbordamiento del Río Júcar y la rotura …

Jorge Serrano Fernández

A lo largo de las últimas décadas la costa mediterránea española ha sufrido diferentes desastres climáticos que han dejado cientos de personas fallecidas. La riada de Valencia de 1957, que provocó el desbordamiento del Río Turia, segó la vida de 81 personas y provocó la destrucción de más de 1700 viviendas. Las riadas del Vallés en la provincia de Barcelona causaron destrozos y la muerte de casi 1000 personas en el año 1962. Once años después, Murcia, Alicante, Granada y Almería fueron testigos de una tormenta que dejó 150 muertos. En 1982, el desbordamiento del Río Júcar y la rotura de la presa de Tous dejaron 38 muertos.

Otros desastres como el terremoto de Lorca (Murcia) en 2011 dejaron 9 personas fallecidas y una gran cantidad de viviendas destruidas y un año después, en 2012, la gota fría en el Levante dejó 13 muertos. Estos desastres climáticos dejaron en muchos hogares una huella de recuerdo por lo ocurrido y muchas familias de las víctimas reclamaron al Estado español que tuviera memoria para que cuando estos dramas volvieran a producirse la sociedad española pudiera confiar en la administración para sufragar las demandas y atender las peticiones de ayuda que la sociedad civil emitiera.

Estos últimos días nos hemos quedado asombrados ante las noticias que llegan desde Valencia y Castilla La Mancha. La DANA y la desastrosa gestión pública y privada han dejado ya la trágica cifra de 217 fallecidos y casi 2000 personas desaparecidas (a fecha del 3 de noviembre de 2024). Las redes sociales y los medios de comunicación han colaborado para crear un clima de polarización política tan brutal que las culpas se las echan los unos a los otros y en muy pocas ocasiones se paran a pensar en las personas que han perdido a familiares o lo han perdido todo. Los muertos están siendo utilizados, desde la burricie, como arma política por parte de las principales fuerzas del país, que una vez más no están a la altura de las circunstancias del momento histórico.

No quiero que se entienda lo escrito en las líneas anteriores como un refuerzo del pensamiento -muy extendido en nuestra sociedad- de que todos son iguales y menos cuando la mayoría del electorado sigue apoyando al bipartidismo. El conjunto de los electores tiene una parte de responsabilidad en todo esto. "Tú, elector, no sigas votando a los mismos", decía el maestro y dirigente del PCE Julio Anguita.

Además, ya son bien conocidos los nombres de las empresas que obligaron a su personal a acudir a sus puestos de trabajo a pesar de que el aviso rojo fue emitido por la Aemet el martes a las siete y media de la mañana. La vida de la clase trabajadora no importa nada para ciertos empresarios. Por si fuera poco, el gobierno valenciano del Partido Popular se mantuvo callado, ordenó una paralización de la actividad aquella jornada y cuando todo ocurrió ya era demasiado tarde para miles de valencianos y valencianas.

El máximo representante del ejecutivo valenciano, el presidente Carlos Mazón, siempre con una línea de acción neoliberal que trabaja por el desmantelamiento y la privatización del sistema público, se mostraba orgulloso en 2023 de haber suprimido la Unidad Valenciana de Emergencias, creada por su predecesor en el cargo, Ximo Puig. Carlos Mazón y sus consejeros no han sabido dirigir la situación y han demostrado no estar capacitados para ejercer su cargo público.

La Generalitat Valenciana no ha declarado el máximo nivel de emergencia que permite la legislación y Mazón no se atreve a declarar el nivel 3 de la Ley de Protección Civil. A su vez, el jefe de la oposición, lejos de colaborar, ha utilizado su posición de poder para entorpecer las relaciones del Gobierno con la Comunidad Valenciana y cuestionar a la Aemet.

Por su parte, la ineficacia que ha demostrado el Consejo de Ministros se ha traducido en una confusión del reparto de competencias que la sociedad civil no ha entendido y que lejos de ser su prioridad ante los daños materiales, puede acabar dotando de fuerza a los discursos reaccionarios de la derecha y la extrema derecha. Esta última es experta en mover sus discursos de odio en momentos de desesperación, cuando los pensamientos viscerales se anteponen a los pensamientos racionales.

La sociedad civil no entiende de competencias cuando los traumas y los dramas se acumulan a su alrededor. La falta de liderazgo y responsabilidad en esta crisis ha sido notable y se han sumergido en una dinámica de culpas que sólo ha perpetuado la inacción política.

Frente a ellos hemos visto una oleada de solidaridad materializada en la llegada de miles de personas desde distintos puntos de la geografía española y europea con la voluntad de acompañar, ayudar y colaborar con el pueblo valenciano en tareas de limpieza, abastecimiento y cuidados. Bajo el lema ´Solo el pueblo salva al pueblo´ se han movilizado y han lanzado un mensaje claro a las élites económicas y políticas que dirigen el país. Debemos tener claro que existimos en la medida que nos movilizamos como sujetos políticos.

Una vez termine todo el tormento y se vaya calmando el dolor y el sufrimiento tendremos que encontrar responsables -empresarios y políticos- que jugaron con la vida de las personas para no perder beneficios y apoyos. Las crisis climáticas son un desafío político y la única manera de paliar sus manifestaciones son mediante la aprobación y cumplimiento de políticas eficaces y sostenibles con el medio en el que vivimos.

El escritor Max Aub, que vivió en Valencia y murió en el exilio, escribió en su obra Campo de almendros: "estos que ves ahora deshechos, maltrechos, furiosos, aplanados, sin afeitar, sin lavar, cochinos, sucios, cansados, mordiéndose, hechos un asco, destrozados, son, sin embargo, no lo olvides, hijo, no lo olvides nunca pase lo que pase, son lo mejor de España". Tenía razón.