Cuando la concejala de comercio es directiva de un centro comercial

El Ayuntamiento de Zaragoza acaba de aprobar su Plan de Equipamientos Comerciales con el supuesto objetivo de impulsar el pequeño comercio de barrio. Un Plan que ha contado con el apoyo de todos los grupos municipales, excepto Zaragoza en Común. Desde nuestro punto de vista, el modelo de pequeño comercio que propone Azcón es diametralmente opuesto a lo que debería ser una apuesta por un comercio de proximidad, accesible, sostenible, vertebrador del barrio y generador de comunidad. Sin embargo, hay que reconocer que el Plan que acaba de ser aprobado es honesto y la ideología profundamente neoliberal que lo impregna …

gobierno París

El Ayuntamiento de Zaragoza acaba de aprobar su Plan de Equipamientos Comerciales con el supuesto objetivo de impulsar el pequeño comercio de barrio. Un Plan que ha contado con el apoyo de todos los grupos municipales, excepto Zaragoza en Común.

Desde nuestro punto de vista, el modelo de pequeño comercio que propone Azcón es diametralmente opuesto a lo que debería ser una apuesta por un comercio de proximidad, accesible, sostenible, vertebrador del barrio y generador de comunidad.

Sin embargo, hay que reconocer que el Plan que acaba de ser aprobado es honesto y la ideología profundamente neoliberal que lo impregna no se esconde en ningún momento. El Plan muestra su admiración por el modelo de éxito de las grandes superficies comerciales y recomienda al pequeño comercio que las copie. Por eso, la apuesta central es la construcción de “galerías comerciales”, que vendrían a ser una especie de centros comerciales generados a partir de la agregación de pequeños comercios.

El objetivo, según lo contemplado en el Plan, sería ofrecer al consumidor una “experiencia de compra” similar a la que ofrecen las grandes superficies. Se nota la impronta de la concejala de comercio, Carmen Herrarte, directiva en excedencia de Torre Village, la nueva gran superficie de Zaragoza. Para Azcón y su gobierno, los Objetivos de Desarrollo Sostenible son un pin que queda bonito en la solapa, pero no les genera ninguna contradicción que desde la Administración Pública se fomente la ideología consumista. Por nuestra parte, rechazamos de plano asumir la lógica del marketing y aceptar acríticamente que desde lo público se deba fomentar la idea del consumo como “experiencia”. El consumo es una necesidad y las personas deberían poder adquirir aquellos bienes y servicios que realmente necesitan y no buscar el placer en el mero acto de consumir.

Por último, cabe destacar la propia noción de galería comercial que se propone como concentración de comercios en unas pocas calles, el plan de PP y Cs es crear 12 galerías comerciales en apenas 100 calles de una ciudad que tiene 3200 calles. Una de las aportaciones más valiosas que hace el pequeño comercio a la ciudad es que vertebra los barrios y les da vida. Si se concentran los comercios en un 3% de las calles, ¿qué sucede con el 97% de las calles restantes? En nuestra ciudad tenemos los ejemplos de Gran Casa y Aragonia, dos centros comerciales que han concentrado a su alrededor el comercio y la hostelería de la zona, provocando una paulatina desertización comercial en los alrededores. A la derecha zaragozana, que tanto le gusta hablar de “seguridad”, le vendría bien la lectura de Jane Jacobs y cómo explica la importancia de los comercios en cada calle para hacer un barrio más seguro, pues no hay mayor sensación de seguridad que la que ofrecen comercios abiertos y niños jugando en cada calle, no galerías comerciales concentradas en el 3% de las calles que vacían el otro 97%.

La concentración del comercio en un 3% del espacio público acaba provocando una presión al alza del precio de los locales excluyendo al negocio familiar en favor de las franquicias. La experiencia de otras grandes ciudades nos demuestra que estas galerías comerciales son ocupadas por los 100 montaditos y Zara y no por el bar de Merche y la mercería de Paco, dándose incluso usos privativos del espacio público como la contratación de seguridad privada, pues estas galerías comerciales no son otra cosa que centros comerciales al aire libre y en espacio público. Y tras los locales, las viviendas elevan su precio provocando un proceso de gentrificación desplazando a los vecinos tradicionales por otros de mayor renta.

Junto a la eliminación del comercio familiar, el modelo de galerías y concentración del comercio genera el mismo problema de movilidad que los centros comerciales, por ello el plan de PP y Cs es construir grandes aparcamientos a la entrada de estas galerías comerciales para facilitar el uso del vehículo privado aumentando los problemas de ruido, atascos y contaminación. Según se recoge textualmente, se propone “replicar el funcionamiento de los centros comerciales periféricos a los que se llega en coche a grandes playas de aparcamiento”. Esta es la idea de comercio de barrio que tiene la derecha zaragozana, que el vecino de Delicias pueda ir a comprar en coche a una galería comercial en la otra punta de la ciudad. Un absurdo que va en contra de cualquier mínima noción de sostenibilidad pero también de toda lógica racional. La virtud y el valor del comercio de barrio es precisamente tenerlo cerca de casa y poder acudir a él andando. Si lo que se propone es cruzarse la ciudad en coche para llegar a un sitio que ofrece una experiencia de compra idéntica a un centro comercial, ¿qué motivos tendrá el ciudadano para acudir a una de estas galerías comerciales en lugar de a Torre Village o Puerto Venecia?

En definitiva, este Plan de Equipamientos Comerciales que acaba de ser aprobado supone aplicar la lógica neoliberal del consumismo más insostenible a uno de los pocos sectores económicos que se resiste al modelo de consumo depredador de las grandes superficies y de tiburones como Amazon, es lo que ocurre cuando la concejala de comercio es directiva de un centro comercial. Y mientras, en un cajón, duerme el Plan de Apoyo al Comercio Local que con mucho trabajo y cariño elaboró mi compañera Arantza Gracia, en aquel tiempo, no tan lejano, en que Zaragoza era gobernada con unos valores y principios antagónicos al neoliberalismo ortodoxo de Jorge Azcón y la directiva de centro comercial Carmen Herrarte.

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