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Cuando Aragón pudo ser independiente en 1938

Un proyecto de Luis Arana Goiri, hermano del fundador del PNV, sugirió al Foreign Office (ministerio de Asuntos Exteriores británico) la creación de dos estados tapón entre España y Francia: la República vasca y la catalano-aragonesa
| 21 abril, 2019 07.04
Cuando Aragón pudo ser independiente en 1938

La historia guarda en sus márgenes sorpresas que suelen asombrar cuando alguien rebusca entre sus cajones y da con ellas. Proyectos non natos, ideas, ocurrencias que pudieron cambiar el curso de los tiempos. No en vano en muchas ocasiones la Historia con mayúsculas, la que a la postre se ha cumplido, se ha escrito con renglones torcidos. Es decir, no son pocas las veces en la que este tipo de ocurrencias han terminado cambiando el curso de los acontecimientos. Este, sin duda, podría haber sido el caso que nos ocupa:

En 1938, cuando faltaban pocos meses para que Franco se hiciera con la victoria absoluta en la guerra civil española, cuando el Aragón republicano se había hundido inexorablemente, una propuesta pudo cambiar para siempre su historia.

La iniciativa en cuestión partió de Luis Arana Goiri. Han leído bien, Arana Goiri, el hermano del fundador del PNV, quien en noviembre del 38 dirigió un informe al máximo responsable de la diplomacia británica: el vizconde de Halifax, secretario de asuntos exteriores en el gabinete de Chamberlain. En un breve documento en el que Arana se presentaba como “hijo de la nación vasca”, este proponía a los ingleses nada más y nada menos que la creación de dos estados tapón [1] que pusieran tierra de por medio entre la España franquista y la Europa democrática: las repúblicas vasca y “latina catalano-aragonesa”. Cada uno de estos nuevos estados se encontraría tutelado por una potencia europea, el vasco por Gran Bretaña, y el catalano-aragonés (o aragoneso-catalán, aquí el orden de los factores importa más bien poco) por Francia. Así se recoge en varios libros de historia sobre el nacionalismo vasco, publicados en los últimos años.

Pero la sorpresa de la carta no se limita a la propuesta. En el caso de la república que más nos incumbe, Luis Arana Goiri argumentaba que esta comprendería toda la provincia de Huesca y buena parte de la de Zaragoza (se ignora la suerte que hubieran corrido el resto de comarcas del país, aunque nos lo podemos temer), que se federarían con las cuatro provincias catalanas.

En cuanto a su funcionamiento interno, es ahí donde el vasco deja más sorprendido al lector o lectora, ya que demuestra cierto conocimiento sobre las interioridades de la extinta Corona de Aragón. Esta experiencia no sería una novedad en la historia, tal como reconoce Arana, siendo heredera de la monarquía aragonesa, que “unió a esas comarcas más extensas en la historia con una unión respetada siempre por ambas partes en su larga vida armónica monárquica”. El espíritu federal impregnaba por lo tanto el proyecto de Arana. La naciente república respetaría las leyes propias de cada una de las regiones federadas, siendo sucesora del “Reino de Aragón” (sic).

A pesar de esta referencia hacia Aragón no se puede afirmar que el nacionalismo vasco tuviera una gran relación con el incipiente aragonesismo que se había desarrollado a principios de siglo XX, especialmente en la emigración en Catalunya. Los sectores nacionalistas aragoneses, capitaneados por Gaspar Torrente, sí habían tenido una estrecha relación con el catalanismo. Eso sí, no siempre los aragoneses se sentían bien tratados por este, ya que el propio Torrente firmó algunos artículos en los que denunciaba que no se contemplase a Aragón al mismo nivel que otras nacionalidades. De hecho los primeros proyectos de colaboración de los nacionalismos periféricos del Estado, plasmados en Galeusca (Galicia, Euskal Herria y Catalunya) por primera vez en 1923, nunca tuvieron en cuenta la personalidad propia de Aragón.

Tampoco consta que hubiera relaciones muy fluidas entre el Consejo de Aragón, que presidió Joaquín Ascaso, y el gobierno vasco del lehendakari Agirre. Paralelamente, el Consejo aragonés protagonizó varios rifirrafes con la Generalitat de Catalunya, presidida por Companys.

El hermano del fundador del PNV fue perseverante. Dirigió el documento en primera instancia a la embajada británica en Hendaia el 2 de agosto y al propio Foreign Office el 10 de noviembre.

Sobre la cobertura de su iniciativa entre sus excompañeros del PNV (partido del que ya no formaba parte), las interpretaciones difieren. Mientras que Santiago de Pablo, Ludger Mees y José Antonio Rodríguez Ranz (autores de “El péndulo patriótico”) señalan que el partido se congratulaba de que el hermano del fundador había planteado muy bien “nuestro caso” otras investigaciones ponen el acento en que la posición de oficial de los jelkides era marcar diferencias con la propuesta del hermano del fundador. Jean Claude Larronde (“Luis Arana Goiri 1862-1951]. Historia del nacionalismo vasco”) reproduce un telegrama en el que se critica que el memorándum que se lleva hasta el Foreign Office carece de la “necesaria dialéctica y presentación diplomáticas”. Como consecuencia de ello se conmina a la representación del PNV en las islas para que “con la más delicada discreción y sin rebajar la dignidad y respetabilidad de don Luis, se haga observar en dichos medios que siendo un criterio siempre muy interesante el suyo, no representa tras de sí ninguna fuerza organizada política y social de Euzkadi, de las que está desligado, haciendo saber que es la manera de ver personal del hermano del fundador del PNV, cuyo criterio, eso sí, es con frecuencia muy estimado en dicho organismo político, del cual en otros tiempos había sido miembro de su Consejo Directivo”.

Desde una perspectiva diferente también se señala que la iniciativa no fue acogida precisamente con mucho entusiasmo en Gran Bretaña. En su libro “Al servicio del extranjero: Historia del servicio vasco de información (1938-43)”, Rafael Moreno indica que F. K. Roberts, primer secretario del Foreign Office al frente del Southern Departament, uno de los altos cargos del Ministerio, instó a Luis Ortuzar (una de las personas en las que, además de los representantes oficiales del gobierno vasco, gozaban de la confianza del lehendakari Agirre en las islas) a que disuadiese a Arana de sus pretensiones. Pero lo cierto es que Arana, como otros representantes del gobierno vasco o catalán, fueron recibidos y escuchados. En esa época fueron varias las iniciativas desarrolladas por ambos ejecutivos para buscar la paz frente a la inminente victoria franquista, a través, entre otras propuestas, de la formación en el estado español de una República Federal.

La historia, no obstante, jugaba muy en contra del proyecto de Luis Arana. La España franquista no había permanecido impasible con respecto a la posición que hacia ella manifestaban las potencias occidentales. De hecho, uno de los pesos pesados de su diplomacia, nada menos que el Duque de Alba, se había empleado a fondo para que Gran Bretaña viera con buenos ojos a los sublevados. No pasarían muchas semanas desde la entrega del informe hasta que Inglaterra y Francia reconocieran a los vencedores. Esta situación se produciría el 27 de febrero de 1939, una vez que las tropas fascistas ya habían entrado en Barcelona. Las potencias regionales dirigían ahora su mirada hacia el centro y oriente del continente, haciendo que proyectos como el de la república catalano-aragonesa de Arana (u otros diferentes) se olvidasen en la falsa de la historia.

[1] Se conoce como estado tapón (o estado colchón) a los estados creados artificialmente con el objeto de evitar el contacto entre potencias hostiles. A lo largo de la historia se han creado varios estados de esta naturaleza. Quizá los ejemplos más claros hayan sido el Reino de los Países Bajos (que incluía a Holanda y Bélgica) o Mongolia, entre otros muchos.

21 abril, 2019

Autor/Autora

Periodista.


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