Criptomonedas, no para pobres

Algunos me reprochan que los pequeños ahorradores pueden ganar, como ha ocurrido recientemente en el caso GameStop. Son casos puntuales y anecdóticos porque son los especuladores los que manejan el dinero y los que establecen las normas.

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Foto: Javier Esteban.

Aprovecho la ocasión que me da Elon Musk para hablar de las criptomonedas, bitcoins para los amigos.

La criptomoneda nació en una cabeza, eso decía, que pretendía eliminar el poder de los bancos y de los estados sobre las monedas. Una nueva moneda que garantizaba que cualquiera pudiera acceder a ella, gracias a que una red mundial de miles de ordenadores personales que impedía el control elitista. Una moneda que se crearía según se demandara por necesidades sociales.

Quería parecerse a aquella utopía anarquista de eliminar el dinero para evitar su acumulación y la explotación de unas personas por otras.

Obviamente, quien lo creó mintió o subestimó el poder especulativo del capitalismo. Me inclino por la primera opción. Pues si el capitalismo tuvo claro, tras la II Guerra Mundial, que debía fabricar más dinero para que la población tuviera sensación de mayor riqueza (recordemos que eran tiempos de guerra fría), eliminando el patrón oro y fabricando billetes avalados por la credibilidad de cada país, la criptomoneda es una vuelta de tuerca más. Entonces, pronto se vio que el control del dinero había pasado de los Estados a los especuladores (banqueros principalmente) y las peores consecuencias las sufrimos hoy con el elevado endeudamiento de familias, empresas y Estados; impagable en la mayoría de los casos.

Pero con fabricar dinero tampoco bastaba, hacía falta más para derrotar a la URSS (y a las organizaciones obreras). Entonces se ordenó masificar los préstamos. Las familias compraban más y mejores casas y coches, y vacaciones, y electrodomésticos... y acciones (o fondos de inversión o de pensiones). La especulación (y la deuda) llegó a límites nunca imaginados. Existía mucho más dinero que riqueza real. En occidente, las rentas del capital ya son mayores que las del trabajo. Es decir, la especulación es mayor que la producción de bienes y servicios.

Una empresa no vale lo que tiene sino lo que los mercados interpretan que tiene. Pero esos mercados no son democráticos. Son cuatro acaudalados (con la complicidad de los gobiernos). Es la especulación de estos cuatro la que marca el "valor" de las cosas.

Era cuestión de tiempo, y más en momentos de crisis donde el aumento de préstamos es imposible, que los especuladores se hicieran con el "mercado" de criptomoneda. Es verdad que puede ser aprovechado puntualmente por otros agentes, como hizo el gobierno venezolano para intentar aplacar el ataque especulativo norteamericano sobre su moneda.

Pero, normalmente, será un "negocio" parecido a la bolsa. Los pobres ponen el dinero para que los ricos se lo lleven.

La primera criptomoneda, el bitcoin, fue creado en 2008 en Japón. Desde entonces, algo que no puede sentirse, que no sirve para nada, porque no se puede cambiar por ningún otro objeto o bien, no ha parado de aumentar su valor. Al calor del atractivo de su pseudosecretismo (como una logia masónica) y su silenciosa pero continua publicidad.

Sólo faltaba que la criptomoneda pudiese servir para adquirir objetos. Y ese valor sólo se lo podía dar un especulador que produjese algo que anuncie se pueda comprar con bitcoins. Y Tesla, ahora, está de moda. Y he llamado especulador a Musk porque él no pretende vender coches en bitcoins, sino que los bitcoins por valor de 1.500 millones de dólares que él ha comprado se revaloricen a límites exagerados.

En la city londinense, uno de los principales centros especulativos del mundo, llaman dinero bobo al de los pequeños inversores, los pobres, porque es el que nutre los beneficios de los especuladores.

Algunos me reprochan que los pequeños ahorradores pueden ganar, como ha ocurrido recientemente en el caso GameStop. Son casos puntuales y anecdóticos porque son los especuladores los que manejan el dinero y los que establecen las normas.

Se estuvo especulando durante meses que Jeff Bezos podría comprar todos los bitcoins. Nunca cometerá esa estupidez, porque dejaría de poder especularse con ellos y perderían su "valor".

Así que, si usted es pobre (clase media para algunos), huya de las criptomonedas si no quiere arruinarse y si no quiere ayudar a los especuladores a hacernos la vida más difícil.

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