Contra el coche eléctrico

No, no estoy en contra del coche eléctrico, pero sí de la estupidez humana en la que nos ha sumido cierta publicidad oficial o empresarial de que todas las familias deben tener dos o tres coches y cuánto más grandes, mejor. Es imposible reemplazar los 1.200 millones de coches que hay en el mundo por vehículos eléctricos, ni los millones de camiones, tractores y autobuses ni los miles de aviones y barcos. Es imposible porque hacen falta muchas toneladas de muchos minerales que, simplemente, no hay; por mucha tecnología que queramos emplear. Es imposible porque se fabrican con un alto …

No, no estoy en contra del coche eléctrico, pero sí de la estupidez humana en la que nos ha sumido cierta publicidad oficial o empresarial de que todas las familias deben tener dos o tres coches y cuánto más grandes, mejor.

Es imposible reemplazar los 1.200 millones de coches que hay en el mundo por vehículos eléctricos, ni los millones de camiones, tractores y autobuses ni los miles de aviones y barcos. Es imposible porque hacen falta muchas toneladas de muchos minerales que, simplemente, no hay; por mucha tecnología que queramos emplear. Es imposible porque se fabrican con un alto porcentaje de su peso en plástico (del petróleo, no hay suplente de momento). Es imposible porque tras la primera hornada de vehículos eléctricos, deberíamos recuperar todos los materiales de los vehículos viejos o accidentados para la siguiente hornada, pero no están diseñados para poder recuperar la mayoría de minerales que incluyen (ni vehículos, ni electrodomésticos, ni equipos electrónicos, ni aerogeneradores, ni placas solares, etc.).

El coche eléctrico es la única opción posible para sustituir parte de los de combustión. Porque el petróleo se acaba, porque contamina y produce cambio climático y porque afecta gravemente a la salud de las personas. Pero aún estamos muy lejos de producir vehículos limpios. La energía necesaria para la fabricación y transporte de un vehículo eléctrico es enorme y proviene, en su mayoría, del petroleo. Igual pasa con todos los componentes que lleva.

El retorno energético del petróleo es, cada vez, menor; es decir, cada vez cuesta más energía producir combustible (del petróleo, pero también biodiesel o nuclear). Antes del fin de las reservas de petróleo, será inviable su extracción porque se necesitará tanta o más energía para obtenerlo que la que produce después.

Pero las alternativas no son más alagüeñas. El biodiesel tiene una tasa de retorno de uno (es decir, cuesta la misma energía producir el combustible que la energía que libera después). La biomasa tiene escaso potencial. El uranio tiene los mismos problemas del petróleo, sustituyendo contaminación ambiente por residual. El hidrógeno no es combustible, sino un vector de acumulación, pero de muy escasa efectividad, ya que debe recargarse con energía eléctrica, de escasa eficiencia si proviene de renovables pero que, además, pierde mucha energía, necesaria para romper la fuerte molécula del agua.

Y las energías renovables, además de su baja base de retorno y su alta demanda de terrenos, tienen la limitación de las materias primas necesarias para su fabricación, instalación y mantenimiento, entre ellas un porcentaje muy alto de petróleo, cobre, tierras raras, níquel, cobalto y unos cuantos más.

Pero las carreteras también tienen un negro futuro: su principal ingrediente proviene del petróleo, por lo que su, no ya nueva construcción, sino el simple mantenimiento parece inviable a medio plazo.

Y no menos importante. La ley de Lavoisier dice que la energía ni se crea ni se destruye, sólo se transforma. Esto significa que la energía absorbida en un punto del planeta, desaparece o se modifica en otro. Es decir, la capacidad de aprovechar las energías renovables también es limitada y puede producir modificaciones climáticas o medioambientales si no está bien planificada. Y, en la actualidad, la única planificación que existe es privada en busca de beneficio económico, ninguna pública en busca de beneficio social.

El futuro no puede estar en el coche eléctrico ni en el transporte eléctrico de mercancías por carretera. El futuro está en el ferrocarril y en la reducción drástica de consumo energético. El decrecimiento de consumo es una necesidad insoslayable.

Por ello, toda inversión actual en carreteras es un despilfarro y toda destrucción de la red ferroviaria, un atentado económico y ecológico para las siguientes generaciones. El futuro juzgará a los actuales gobernantes.

Las últimas reservas estratégicas de petróleo serán para el Ejército. Hasta las guerras cambiarán. ¿alguien se imagina un avión de combate o un tanque a batería a recargar por las noches? ¿O un misil?

Se acercan tiempos de cambios radicales hacia modos de vida que conocieron nuestros abuelos pero que hemos olvidado en menos de 100 años. El derroche energético tiene los días contados y es la base de nuestro capitalismo. El coche eléctrico es el futuro, pero no puede reproducir nuestro modo actual de vida. Por tanto no es la solución a todos los problemas, como nos está bombardeando la publicidad privada e institucional.

Por este mismo motivo, es imposible que podamos abandonar en masa este planeta si un cataclismo aconteciera; y el cambio climático que estamos provocando con los combustibles fósiles parece que nos lleva en esa dirección.

Autor/Autora

Este sitio web utiliza cookies para que usted tenga la mejor experiencia de usuario. Si continúa navegando está dando su consentimiento para la aceptación de nuestra política de cookies, pincha el enlace para más información.

ACEPTAR
Aviso de cookies