Continúan las masacres de población civil en la República Centroafricana

19 febrero, 2014. 08:40
La mayoría de los heridos han sido por disparos en la pierna. Foto: Juan Carlos Tomasi (MSF)
La mayoría de los heridos han sido por disparos en la pierna. Foto: Juan Carlos Tomasi (MSF)

Los niveles extremos de violencia que sufre la población civil y, en particular, la persecución de la minoría musulmana en la República Centroafricana (RCA), ilustran el total fracaso de las iniciativas internacionales para proteger a la población, de acuerdo con la organización médico humanitaria internacional Médicos Sin Fronteras (MSF). Para la organización, esto es una prueba de la insuficiente respuesta internacional a la crisis, y supone el abandono efectivo de la población centroafricana.

MSF realiza un llamamiento a los Estados miembro del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas y a los países donantes para que se movilicen con el objetivo de detener las atrocidades que se están cometiendo, establecer el nivel de seguridad suficiente como para que la población pueda desplazarse por su país libremente sin temer por sus vidas y organizar el despliegue masivo de ayuda para que las necesidades básicas de la población estén debidamente cubiertas. Los líderes nacionales y locales deben hacer todo lo posible para detener la violencia y facilitar la protección de los civiles.

“Nuestra principal preocupación es la protección. Nos encontramos atrapados en una sensación de impotencia frente a una violencia inusitada de la que somos testigos en nuestros pacientes; mientras tratamos miles de heridos, cientos de miles han tenido que abandonar sus casas para evitar ser asesinados”, explica Joanne Liu, presidenta internacional de MSF, que acaba de llegar de RCA.

“La falta de compromiso y de movilización de los líderes políticos en el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas es sorprendente, mientras que la respuesta limitada de los países africanos y de la Unión Africana no consigue detener una violencia que está, literalmente, desgarrando el país”.

La población civil de las dos principales confesiones religiosas se ha convertido en rehén de la violencia instigada por grupos armados responsables principales de las atrocidades. Desde el 5 de diciembre, los equipos de MSF han tratado a más de 3.600 pacientes, víctimas de la violencia que presentaban heridas por arma de fuego, granadas, machetes o cuchillos entre otras.

“Encontramos a 17 personas heridas en Bozoum. Mostraban heridas por bala, machetes y granadas. Se habían escondidos en el patio de una casa”, explica Liu. “Estaban demasiado asustados para ir al hospital, temían ser atacados de nuevo. Y sus heridas eran graves, pero aún así estaban sentados, en silencio, desangrándose; tal es el grado de terror entre la población que hasta teme buscar ayuda médica. Estaban allí sentados en silencio, habían perdido toda esperanza”.

Los equipos de MSF se enfrentan diariamente con ataques violentos que se producen en las proximidades de los centros sanitarios. Así, en Berberati el 12 de febrero hombres armados con machetes y rifles irrumpieron en el hospital donde trabaja MSF. No dudaron en disparar y en amenazar a las pacientes. Dos de ellos, heridos, huyeron del centro dado que temían por sus vidas. En un sinnúmero de ocasiones en diferentes lugares, líderes locales, religiosos o personal médico de MSF han tenido que intervenir e interponerse físicamente entre hombres armados y civiles, entre ellos heridos y enfermos. En algunos casos, los pacientes se niegan a ser transportados en ambulancias por miedo a que éstas sean asaltadas. En otros casos, la inseguridad generalizada les impide llegar a los centros sanitarios más próximos.

En ocho lugares diferentes en los que MSF trabaja, más de 15.000 personas se encuentran atrapadas en hospitales, iglesias o mezquitas, amedrentados y te miendo por sus vidas. En Bouar, 6.000 musulmanes se encuentran atrapados a sabiendas de que salir de la población puede significar ser ejecutados. MSF ha abierto puestos de salud en muchos de estos enclaves y en Bangui, dada la imposibilidad y el miedo de la gente a acudir a un hospital, aunque éste se encuentre a algunos centenares de metros.

En las últimas dos semanas, los equipos de MSF han sido testigos de cómo miles de musulmanes han abandonado o intentan huir de poblaciones como Bangui, Baoro, Berberati, Bocaranga, Bossangoa, Bouca, Bozoum y Carnot. En algunos casos, eran trasladados en camiones protegidos por fuerzas armadas internacionales, incapaces de protegerlos en sus hogares. Otros han tenido que ser evacuados hasta Bangui para formar nuevos enclaves en forma de campos de desplazados en los que continúan viviendo con pánico.

El miedo a la persecución ha forzado a decenas de miles de civiles a vivir en los bosques, sin acceso a protección ni a asistencia humanitaria.

A la devastación causada por la violencia hay que a ñadir la incapacidad internacional para aumentar debidamente la ayuda humanitaria para cubrir, siquiera, las necesidades más esenciales de la población. La falta de asistencia es flagrante en Bangui y prácticamente inexistente más allá de la capital. Continúa existiendo déficits muy graves desde en la distribución de agua hasta en la de comida y refugio -los fundamentos básicos de la ayuda. En el aeropuerto de Bangui, sin ir más lejos, cerca de 60.000 desplazados se hacinan justo al lado de la pista de aterrizaje donde tienen que vivir con menos de cuatro litros de agua por persona y un sistema de saneamiento deplorable.

“Las condiciones terribles del aeropuerto plantean que quepa hacerse la pregunta de si la falta de ayuda, su lentitud, es un intento deliberado de disuadir a la gente a que permanezca allí”, dice la doctora Liu. “La gente necesita que se le ofrezcan elecciones reales. En vista de los niveles de violencia en Bangui, los centroafricanos deben ser capaces de decidir si quieren regresar a su casa o permanecer en un lugar donde se encuentren seguros. La asistencia debe facilitarse donde quiera que se encuentren más protegidos”.

Aunque los incidentes de seguridad dificultan las operaciones de MSF a diario, el despliegue de personal -más de 2.240 trabajadores humanitarios internacionales y nacionales- que trabaja en 16 poblaciones del país es una muestra de que la provisión de ayuda humanitaria es posible.

“La crisis humana de la que estamos siendo testigos hoy no tiene precedente alguno en el país. La República Centroafricana ha sido marginada, olvidada durante años”, afirma Liu. “La movilización internacional debe llegar ahora, no en un mes ni en seis meses. Somos testigos de atrocidades todos los días. Una catástrofe masiva tiene lugar ante nosotros, ante los ojos de los líderes internacionales. No responder a ella es adoptar la plena y deliberada decisión de abandonar a su suerte a la población de la República Centroafricana”.

La crisis de los refugiados afecta a los países vecinos de la República Centroafricana

Al incesante y creciente ciclo de violencia y represalias en la República Centroafricna (RCA) se suma un número cada vez mayor de personas que huyen del país: se estima que entre 80.000 y 100.000 refugiados centroafricanos han huido a Camerún, Chad, Congo Brazzaville y la República Democrática del Congo (RDC).

Además de sus proyectos de emergencia y los programas regulares en el país, Médicos sin Fronteras está ahora movilizando a otros equipos de emergencia en Camerún, Chad, RDC y está realizando evaluaciones en Congo-Brazzaville.

En el este, en Camerún, más de 22.000 refugiados han cruzado la frontera en las últimas semanas, de los que unos 9.000 llegaron durante los diez primeros días de febrero. Estas personas llegan exhaustas tras haber caminado muchos kilómetros comiendo solamente lo que encuentran en el camino.

“Las personas que vemos aquí están muy débiles, tanto física como mentalmente, y están traumatizadas”, afirma Sylvain Mathieu, coordinador médico de emergencias de MSF en Camerún. “Algunos pacientes rompen a llorar durante las consultas médicas”.

MSF acaba de empezar a dispensar atención sanitaria a los refugiados que cruzan la frontera en el punto de cruce de Garoua-Boulaï (Camerún). Hoy, se estima que hay 4.500 refugiados en esta zona. MSF espera que aumente el cruce de refugiados en este punto de la frontera dado que el conflicto en RCA continúa. Los equipos están realizando unas 900 consultas a la semana y ven muchos casos de malaria e infecciones respiratorias entre los más pequeños.

Junto con el Ministerio de Sanidad de Camerún y otras organizaciones, MSF también está tratando casos de desnutrición severa. Los equipos pronto empezarán actividades en un campo de tránsito en Borgogné, a 45 kilómetros de Garoua-Boulaï. También están a punto de abrir otros dos campos de tránsito en la región de Adamaoua.

Al sur, en Chad, durante las últimas semanas han llegado en camión y a pie unas 35.000 personas, en su mayoría mujeres y niños, totalmente exhaustos tras haber recorrido más de 200 kilómetros. MSF ha empezado a dispensar atención médica en Bitoye, una ciudad a 10Km de la frontera. Bitoye ha aumentado su tamaño en un 50% desde la llegada de estos refugiados, lo que ha hecho que los servicios estén al límite de su capacidad.

En más de una semana, solo ha habido una distribución de alimentos, no hay letrinas y el agua potable escasea. En apenas tres días, MSF ha visto a 19 niños con desnutrición aguda severa. Las principales enfermedades que presentan los pacientes son malaria, diarrea e infecciones respiratorias. Varios casos han tenido que ser referidos al hospital de Baibokoum, a 25 kilómetros de distancia.

“Los refugiados con recursos llegaron en camión, con pocas pertenencias personales, y los demás a pie”, declara Anthony Thouvenin, coordinador de emergencias de la organización en la frontera entre Chad y RCA. “No tienen nada. También hay aproximadamente 50 niños que llegaron solos”.

MSF está también trabajando más al este, en Sido, donde se han concentrado 8.500 refugiados, y se espera que lleguen miles más. El 9 de febrero, MSF recibió a 150 pacientes. El equipo también ha identificado ya a 12 personas que han sido víctimas de la violencia sexual.

En el norte, en RDC, los refugiados han estado llegando a Zongo desde marzo, huyendo de la violencia en la capital de RCA, Bangui. Cifras oficiales hablan de que actualmente hay 60.000 refugiados de RCA en el país. Más o menos la mitad de ellos viven en cuatro campos de refugiados y la otra se alojan con familias que les han acogido.

“Resulta muy difícil conseguir comida aquí, pero tengo suerte de tener una familia que me ha acogido a mí y a mis tres hijos”, cuenta Paulette, de 27 años, que ha huido de RCA. “Conozco a esta familia desde hace mucho tiempo, vinieron a nu estra casa en Bangui cuando se produjeron enfrentamientos en RDC en 1996. Aquí, trabajo en los campos de cultivo y consigo algo de dinero para comprar comida. Necesitamos comida. También te nemos problemas de salud, y no tengo dinero para ir al médico con mis hijos”.

Tras apoyar al Hospital General de Referencia en Zongo con material médico en marzo, MSF ahora está prestando apoyo al departamento de pediatría. Entre el 27 de enero y mediados de febrero, MSF trató a 167 niños, la mayoría con malaria severa o desnutrición. Los equipos también están organizando clínicas móviles a orillas del río Ubangui, muy cerca de Bangui. En sus clínicas móviles en Sambolola, en siete días MSF proporcionó atención médica a 810 pacientes, un 40% de los cuales procedentes de Bangui.

En Congo-Brazzaville,, se estima que han cruzado la frontera entre 10.000 y 12.000 personas, refugiándose en las comunidades y en el bosque. En la actualidad, MSF está evaluando la situación para determinar una respuesta adecuada.

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