Con Averly rompemos La Máquina

Existe en ciertos sectores de la izquierda política y social de Zaragoza la extraña creencia de que la "cuestión Averly" es una cuestión de defensa del patrimonio. Sólo de defensa del patrimonio. Según esta creencia, frente a las emergencias del paro y de la vivienda, la "cuestión Averly" tiene que ser dejada de lado en la agenda política de los movimiento sociales ciudadanos, en espera de tiempos mejores. Este argumento es, sin duda, ejemplo de un simplismo economicista difícil de igualar. Porque detener el derrumbe de Averly y, con ello, el proyecto de especulación inmobiliaria significa frenar uno de los engranajes centrales de la Máquina-de-Crecimiento-Zaragoza: esa entidad en la que …

tiempos-modernos-chaplinExiste en ciertos sectores de la izquierda política y social de Zaragoza la extraña creencia de que la "cuestión Averly" es una cuestión de defensa del patrimonio. Sólo de defensa del patrimonio. Según esta creencia, frente a las emergencias del paro y de la vivienda, la "cuestión Averly" tiene que ser dejada de lado en la agenda política de los movimiento sociales ciudadanos, en espera de tiempos mejores.

Este argumento es, sin duda, ejemplo de un simplismo economicista difícil de igualar. Porque detener el derrumbe de Averly y, con ello, el proyecto de especulación inmobiliaria significa frenar uno de los engranajes centrales de la Máquina-de-Crecimiento-Zaragoza: esa entidad en la que se interpenetran los intereses financieros y de la gran empresa con los poderes políticos locales, y cuyos efectos catastróficos tan bien conocemos.

El marco retórico general en el que se encuadra el discurso de los defensores de la no centralidad de la “cuestión Averly” es el que afirma que, después de años de crisis que han golpeado duro las vidas de las y los de abajo, reivindicaciones de democracia real surgidas con el estadillo del 15M tendrían que dejar paso a reivindicaciones "mas concretas" de pan y trabajo.

El error consiste en entender la cuestión democrática como una cuestión moral, cuando, de hecho, los mecanismos formales de gobierno de los territorios son, actualmente, el motor principal de extracción de riqueza por vía financiera. En caso de que no presupusiéramos que se tratara de un error, entonces habría que pensar que, siguiendo las viejas costumbres de cierta izquierda, el juego es otro: agitar los movimientos sociales con reivindicaciones económicas, acumulando fuerza en las calles, para dejar la gestión política del conflicto (y su solución) en las manos de los cuadros políticos en la arena parlamentaria.

Poner la “cuestión Averly” en la agenda de los movimientos sociales, movilizarse para parar su derrumbe e impulsar su uso social y su gestión democrática serviría no solo para golpear a las élites que han gobernando la ciudad durante años a expensas de los ciudadanos, sino también para defender la autonomía política del 99%.

Emanuele Cozzo, activista de Movimiento por la Democracia de Zaragoza | Para AraInfo

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