Cómete una esvástica

Cómete una esvástica. Prueba su sabor de sangre ahumada. Escucha cómo aúllan los huesos de los inocentes. Siente el calor que produce la muerte programada. El frío que envuelve la delgadez del hambre. No olvides que los arquitectos del miedo convirtieron el crimen en rutina y que el odio era el plato principal de todas sus comidas. Y después de masticar las palabras que sostienen la esvástica de tu boca, vomita. Hazte invisible. Ahógate en todas las tormentas. Desaparece de todas las primaveras. De todos los veranos De todos los otoños. De todos los inviernos. Córtate las venas. Desángrate sobre …

Cómete una esvástica.

Prueba su sabor de sangre ahumada.

Escucha cómo aúllan los huesos de los inocentes.

Siente el calor que produce la muerte programada.

El frío que envuelve la delgadez del hambre.

No olvides que los arquitectos del miedo

convirtieron el crimen en rutina

y que el odio era el plato principal

de todas sus comidas.

Y después de masticar las palabras

que sostienen la esvástica de tu boca,

vomita.

Hazte invisible.

Ahógate en todas las tormentas.

Desaparece de todas las primaveras.

De todos los veranos

De todos los otoños.

De todos los inviernos.

Córtate las venas.

Desángrate sobre la alfombra albina de la historia

y no vuelvas nunca más

a aparecer en televisión alguna,

en radio alguna,

en tertulia alguna.

Porque en el mundo no cabe

una infamia más,

porque no podemos dejar

ni un milímetro

de nuestro espacio,

de nuestras vidas

a la banalidad del mal.

Cómete una esvástica

y desaparece.

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