Colombia: ¿Cuánto vale el kilo de muertos?

¿Qué pasa en Colombia? Según los medios informativos de este país, no pasa casi nada. 37 asesinados por la policía y los militares, violaciones de mujeres en comisarías, 350 desaparecidos en las manifestaciones masivas contra un gobierno, el de Iván Duque, igual de neoliberal que el de las cañas de Ayuso, no es gran cosa para unos medios informativos con distinguidos popes ganando fortunas a cambio de vender parte de sus conciencias en cómodos plazos.

El gobierno de Duque intenta, en la plenitud del cinismo, recolectar 6.100 millones de euros aumentando la fiscalidad solo a las clases populares, agravando los IVAS de productos básicos, de alimentos, de medicinas. Y el colmo, destinar la mitad de ese dinero recaudado en base a aumentar la desigualdad (el sueldo medio de un trabajador boliviano es de 70 euros al mes y el paro del 20 por cien), a comprar material militar, tanques para el ejército.

Las manos que mecen la cuna de la información siguen entregando unos cuantos fajos de billetes a parte de esos profesionales que se venden. La compra es barata, sale rentable disfrazar de democracia lo que es la falsedad; es barato, aunque ese micrófono que se jacta de objetivo les cueste un millón, dos, cinco. Esa verdad tramposa, como plastilina que se amolda, la arrojan los informadores a tanto el kilo.

Colombia está viviendo diez días de represión sistematizada por uno de los gobiernos tan bien amados por las fuerzas económicas de acá, fuerzas casposas rayanas en actitudes fascistas disfrazadas, como en el caso de Duque, de ornamentos neoliberales. Colombia es, en realidad, una dictadura de facto disfrazada de democracia como tantas otras del espectro, algo que se nos parece. Una dictadura en donde los poderes económicos, el ejército, el Estado, están íntimamente relacionados con la corrupción del narcotráfico.

¿Podemos imaginar qué titulares tendríamos todos los días en prensa, televisión, radio, si en Venezuela o Cuba, países y gobiernos señalados por esas garras que mecen cunas al ritmo de sus dólares, hubiera un solo muerto en manifestaciones?

Pues en Colombia hay docenas de ellos, cientos de desaparecidos, balazos a mansalva contra la población, bandas paramilitares disparando contra civiles, terror sistemático de los medios policiales reforzado con violaciones y aquí, en el Estado español, en la SER, en COPE, en la Sexta, en las mañanas filo-fascistas de otras, en las teles públicas, no se ha escuchado, prácticamente, nada. Y, desde el 26 de abril, hay una guerra abierta entre los milicos con fusiles y la población civil armada tan solo de la rabia. Los Barceló, los Herrera, los Ferreras, los Quintana se cantean muy poco con estas noticias.

¿A cuánto se paga el kilo de muertos?

Supongo que esto va en función de intereses. Los cien gramos en Cuba, en Venezuela, se canjean por muchos fajos de dólares que pasan de las manos que controlan la información a los bolsillos de los voceros que las extienden. Los kilos, toneladas de muertos, de atentados contra lo más elemental de las libertades democráticas, en países como Arabia Saudí, Filipinas, Kuwait, Colombia, Brasil, Indonesia, Qatar, Emiratos, Myanmar, Hungría, Polonia y tantos otros se cotizan muy baratos. Por estas informaciones se cobra muy poco, uno/una cualquiera de tales voceros puede pensar que entrarían en roces perjudiciales para su salud económica con aquellos que les pagan y, entonces, las obvian, miran al otro lado, venden por letras mensuales las pequeñas noticias, miserias, errores, fallos de otros, evitando, siquiera, señalar los grandes crímenes, las corrupciones a gran escala, los asesinatos de estado, las dictaduras amigas…

Señores y señoras popes de la información, sé que deben de pensar que “la pela es la pela”, que su vergüenza torera, su dignidad, su moral, tienen un precio, por eso las venden para mantener su tren de vida y los intentos patéticos de igualarse con sus amos. Pese al precio por el que se cotizan, me dan lástima. Como siempre, mirar al otro lado evitando oler el humo de los hornos de Mauthausen o, en este caso, el olor de los asesinados por gobiernos como el de Iván Duque, puede ser muy rentable para los bolsillos y para su estatus, aunque  poco productivo para las conciencias cinco minutos antes de la muerte.

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