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Coagret valora positivamente la denuncia del Ayuntamiento de Tarazona por la contaminación en el Embalse de la Val

Coordinadora de Afectados por Grandes Embalses y Trasvases (Coagret) ve positivo que el ayuntamiento de Tarazona denuncie por fin los vertidos incontrolados que llegan al embalse de El Val desde Agreda y Olvega. Es un ejercicio de responsabilidad; más, porque desde 2016 ya había sido informado del mal estado de las aguas embalsadas y de...
| 3 febrero, 2018 12.02
Coagret valora positivamente la denuncia del Ayuntamiento de Tarazona por la contaminación en el Embalse de la Val
Foto: Ministerio de Fomento.

Coordinadora de Afectados por Grandes Embalses y Trasvases (Coagret) ve positivo que el ayuntamiento de Tarazona denuncie por fin los vertidos incontrolados que llegan al embalse de El Val desde Agreda y Olvega. Es un ejercicio de responsabilidad; más, porque desde 2016 ya había sido informado del mal estado de las aguas embalsadas y de que el embalse se podía convertir en un depósito de vertidos contaminantes.

De igual forma la Comunidad de Regantes de Tarazona ha estado informada y desde Coagret se espera que también denuncie, entendiendo que siendo el Ayuntamiento de esta ciudad parte de la Junta del Sindicato de Riegos y la lógica preocupación manifestada por el alcalde Luis María Beamonte debería ser compartida por los regantes.

Coagret percibe que la solución es una incógnita. “Ya adelantamos hace tiempo que la solución pasa por no dar servicio desde el embalse hasta asegurar la buena calidad del agua. Es inaceptable, en las condiciones actuales, hacer experimentos o tentar a la suerte conociendo los peligros que se derivan de una eutrofización del agua en alza. Mucho nos tememos que, conociéndose qué empresas vierten hacia el río Val, la presencia de sustancias peligrosas prioritarias aparecerá de un momento a otro. En estos momentos las poblaciones situadas aguas abajo del embalse no utilizan sus aguas para el consumo humano aunque sí lo hicieran en un principio. La contaminación parece que viene de largo y sólo se libraría la Mancomunidad de Cascante, Cintruénigo y Fitero que lleva años sin servicio y por lo tanto caducada la concesión”.

El uso actual del agua es para la agricultura, lo que puede constituir un peligro sanitario de primer orden; la transmisión de enfermedades se podría producir por la ingesta directa de agua, a través del consumo de animales y verduras. Denuncian también que pueden ser “graves”  las afecciones en los cultivos de regadío, en especial la excelencia de los obtenidos en la prestigiosa huerta de Tarazona y de las industrias ligadas a la producción de alimentos del Moncayo.

Otro problema grave es que el embalse, además de acumular las aguas contaminadas del río Val, recibe también las aguas del río Queiles, lo cual no mejora el estado de las aguas del embalse, pero sí empeora las del Queiles. Cuestión que no minimiza las consecuencias del riesgo de inundación.

La CHE a través de su personal técnico, apunta también al río Queiles como un posible foco de contaminación del embalse cuestionando así la calidad del agua de este río desde la piscifactoría de Vozmediano, la proliferación de granjas, la gestión de purines o el sobre abono de los terrenos. Esto hace que nos encontremos con un problema añadido pues los abastecimientos estarían recibiendo agua en mal estado con los consiguientes peligros que se derivan.

“Nuestra confianza en la gestión de la CHE es escasa. En septiembre de 2016 la CHE negaba que el embalse estuviera contaminado y aseguraba la calidad de los usos del embalse, sobre todo regadío. Cualquiera entendía que tal afirmación no excluía los abastecimientos”, advierten desde Coagret.

Además de la dudosa calidad del agua del río Queiles por los argumentos citados nuevas amenazas caen sobre el acuífero. “El manantial de Vozmediano ve reducido su caudal de forma progresiva y las perspectivas por el cambio climático agudizan esa tendencia; otro desafío son las afecciones de una macrovaquería prevista en las proximidades del Moncayo en la vertiente soriana; y no olvidemos que la CHE demostró con análisis que efectivamente hay lindano en el lago de la Mina Gandalia (Borobia), una sustancia orgánica persistente que produce daños al sistema inmunológico y reproductivo, y que tiene efectos adversos sobre el desarrollo. Desconocemos las dimensiones y origen de esta sustancia pero su presencia es preocupante para la protección de la salud ambiental y de las personas y refuerza nuestra justificada desconfianza y crítica hacia la CHE”, concluyen desde Coagret.

3 febrero, 2018

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