Ciudadanos poco rentables

Así nos ven esos torvos mercados, ciudadanos prescindibles, caros de mantener cuando enfermamos o envejecemos y para más inri, poco rentables pues cuando trabajamos pretendemos cobrar un salario digno. Por eso detrás de todas las medidas, recortes, mangoneo y robos disfrazados de normas y leyes, -permitanme llamar a las cosas por su nombre-, no hay otro objetivo que exprimirnos al máximo y después enviarnos al limbo de los menesterosos junto con los parados y los ancianos. Ese y no otro es el vergonzante afán de este gobierno destinado a cuadrar y reducir el déficit económico que arrastramos. Sus destinatarios no …

Así nos ven esos torvos mercados, ciudadanos prescindibles, caros de mantener cuando enfermamos o envejecemos y para más inri, poco rentables pues cuando trabajamos pretendemos cobrar un salario digno. Por eso detrás de todas las medidas, recortes, mangoneo y robos disfrazados de normas y leyes, -permitanme llamar a las cosas por su nombre-, no hay otro objetivo que exprimirnos al máximo y después enviarnos al limbo de los menesterosos junto con los parados y los ancianos. Ese y no otro es el vergonzante afán de este gobierno destinado a cuadrar y reducir el déficit económico que arrastramos. Sus destinatarios no son ni los ricos ni las grandes empresas y corporaciones bancarias, sino las capas más débiles y desprotegidas de esta vapuleada sociedad.

Desaparecido Mariano Rajoy, sin dar la cara y fiel a su decisión de no confrontarse con la oposición ni en el Parlamento ni en los medios de comunicación, solo los ministros del PP ponen rosto fiero y voz desangelada a nuestra ración diaria de ricino en forma de recortes mil en derechos, libertades y expectativas de vida.

Y un día más no levantamos con la terrible incertidumbre de ver que nueva felonía se les ha ocurrido a estos tipos. Porque estos últimos meses se han convertido en un órdago permanente, cada día un poco más fuerte y más duro de tragar. Y acongojados nos preguntamos cuando se terminará esta trágala, cuando dejaremos de alimentar a la bestia insaciable, cuando las medidas habrán colmado todas la exigencias de esos mercados hambrientos y podremos empezar a tener esperanza en el futuro.

Mientras, Rajoy y sus ministros bulldozer andan ocupados en arrasar este país. Cuando terminen no quedará nada de aquel que conocimos. No se trata de capear el temporal, no nos apretamos el cinturón hasta perder la respiración para poder volver después a la senda que conocimos. No nos engañemos, lo que saldrá de todo esto es un nuevo orden. Una nueva manera de sobrevivir que no de vivir en el marasmo de una política ultra conservadora, una sociedad reconvertida a valores arcaicos, con la Iglesia nuevamente tutelando nuestras vidas, y en la que el trabajo decente, los derechos y las libertades serán recuerdos de tiempos pasados

Y otro día más nos encomendamos a nuestros hados particulares pensando que es imposible que nos impongan más recortes, que no lo vamos a poder soportar, pero siempre tienen una nueva ración. Ya no les basta solo con el copago-repago para sanear las cuentas. Ya no es suficiente con echar a la calle a millones de trabajadores. Ya no se conforma a los empresarios con la promesa de la privatización de la Sanidad. Quieren más, quieren exprimirnos un poco más a ver si aún soltamos algún euro perdido en no se sabe que bolsillo o nómina

Las últimas tomadas, son si cabe más salvajes e inmisericordes, ya que van dirigidas a las capas más débiles y desprotegidas de esta sociedad. Van contra todos aquellos que poco o nada tienen, los parados sin prestaciones, los ancianos y los emigrantes. Las capas con menos recursos de esta enferma sociedad, a quienes el desembolso de unos pocos euros, esos ocho a los que aludía con desparpajo aquel secretario general, comparandólos con cuatro cafés, suponen renunciar a la comida de varios días o la condena a pasar frío durante una semana por no poder pagar parte del recibo de la luz, gas o la bombona de butano.

Porque no es lo mismo, no señor, y aunque a usted o a mí, sufridos trabajadores nos jodan imponiéndonos el copago, odioso término utilizado para designar una contribución que ya pagamos y de largo de nuestros impuestos, a que se lo impongan a quienes ya en estos momentos no tienen ni trabajo, ni subsidio de desempleo. Como tampoco es lo mismo que esa dura carga económica tengan que afrontarla un abuelo con una pensión de menos 550 euros, que sigue habiéndolas o se le aplique a un ciudadano extranjero,o un emigrante, sin trabajo y por tanto sin documentos que le permitan residir legalmente en este país.

Me duelen en lo más profundo de mi ser estas medidas. Me duelen y me cabrean ya que sus destinatarios inermes poco o nada pueden hacer para defenderse. Que asco, que rabia me producen ya que se toman con la intención de arañar unos cuantos miles de euros, ¿cuantos se ahorraran con ellas?  mientras se siguen premiando a los defraudadores con amnistías fiscales o con la negativa a una subida de impuestos a las grandes fortunas y patrimonios.

Nuestros sufridos abuelos, verán como merman las medicinas recetadas, -demasiado caras para ellos-, se dejaran para mejor ocasión las prótesis de cadera o sus operaciones de cataratas. ¿Cómo van a poder pagar lo que se les pide?. ¿Podrá alguno tras una caída operarse de la cadera? Se vaciaran los hospitales y residencias pues pocos podrán apoquinar ese repago por una de las roturas más comunes en las personas mayores De operaciones menores como las cataratas mejor ni hablar. Sirven para recuperar calidad de vida en sus últimos años pero difícilmente podrán hacerlo si saben que tienen que contribuir con parte de su magra pensión a esas intervenciones.

De un plumazo se cargan una parte del gasto sanitario y farmacéutico y con él a miles y miles de ancianos y dependientes que al no poder afrontar los gastos dejaran de ser una carga para el Estado. Solucionado el problema y a otra cosa, que hay muchos bancos que sanear y muchos amigotes a los que regalar un hospital para que lo patroneen.

Todas estas medidas nos retrotraen a tiempos pasados, en los que las personas mayores, sin grandes expectativas de vida, morían en casa, sin molestar, cuidados por la familia. Operaciones y medicinas caras eran algo destinado solamente a los ricos.

Y quien dice abuelos dice emigrantes sin papeles. El 30 de agosto, se les retirará la tarjeta sanitaria, negándoles el derecho a ser atendidos y a las medicinas. Solo aquellos que literalmente se estén muriendo tendrán derecho al ingreso hospitalario. Vamos como en Estados Unidos. Ya lo decía Michael Moore en aquel magnifico documental sobre la sanidad americana llamado Sicko: “el gran problema de estos nuevos tiempos es y será la sanidad, quien no tenga dinero no tendrá derecho a ella”.

Este gobierno ha hecho de la demagogia un arma comparable a un obús. Tan dañina y tal letal como esa bomba, así han esparcido la idea de que abuelos y emigrantes son los culpables de ese pretendido despilfarro en el gasto sanitario,. Los han convertido en ciudadanos de tercera, negándoles el derecho inalienable, defendido por la Declaración Universal de los Derechos Humanos de que todos, vengan de donde vengan, tengan o no dinero, sin tener que consultar antes su declaración de la renta, tienen derecho a ser atendidos, curados y tratados por la Sanidad.

No se preocupe, o si preocúpese mucho, tanto que cuando mañana nos desayunemos con una nueva ración de medidas tan salvajes como éstas, usted, yo y todos nosotros seamos capaces de una vez por todas de tomar el timón de nuestras vidas y salir a la calle a decir bien alto a este gobierno que ya basta.

Maribel Martínez

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