
Sobre su gestión responden los datos. Pero hay algo que no puede ser únicamente explicado por los datos: los millones de personas que estos días lloran su muerte, aun cuando muchos de ellos jamás lo han conocido en persona. Nunca le han estrechado la mano, pero han compartido con Chávez más que con muchos familiares y amigos. No es habitual encontrarse con personas que son capaces de comunicar y razonar durante varias horas seguidas como hacía Chávez. ¿Alguien se imagina a Rajoy o a Merkel hablando seis horas seguidas sin guión? La que se montaría…
El Comandante creció en el estado llanero de Barinas. Su hogar carecía de televisión y su abuela Rosa Inés se encargaba de ocupar parte del tiempo que en otros hogares se consume frente al electrodoméstico parlante. Los relatos pacientes e ingeniosos de la que el pequeño Hugo llamaba “Mamá Rosa” rebosaban humildad e influyeron años después en su capacidad de oratoria. En la actualidad es más fácil encontrar en los hogares con pocos recursos una televisión que un vaso de leche. Suerte que en el Barinas de los años sesenta esto no fuera así.
Es difícil que las próximas generaciones vean a una persona de la humanidad de Chávez dirigiendo un país. Al fin y al cabo, ¿qué hay más humano que hablar, escuchar y reflexionar? La capacidad dialéctica del Comandante era tal que algunos taxistas de Venezuela se afanaban en cambiar de emisora en cuanto oían su voz al grito de: “cambio que me convence”. Cuando alguien no desea escuchar, poco se puede hacer. Pero siempre hay un camino, ¿cómo es posible que ese taxista tema ser convencido? La voz interior de cada uno resonaba con las palabras de Chávez, palabras que apuntan a la verdad de todos los sujetos que sufren. Son palabras amorosas y guerreras. Nadie ha dicho las verdades como Chávez cuando se enfrentaba al capital, nadie ha hablado con tanto amor a su pueblo. Son palabras que humanizan, desalienan, despiertan la revolución que nos convoca a cada uno.
Chávez dejó este mundo con la misma tranquilidad con la que Mamá Rosa le contaba las historias en Barinas y, sobre todo, nos legó una praxis humanizante de hacer Política, una Revolución con Corazón y un amor que el pueblo tiene que “madurar”.
Círculo Solidario José Martí de Uesca



