Pedía Jesucristo a Dios, “perdónalos porque no saben lo que hacen”. En la actualidad la ignorancia ya no es el combustible que hace funcionar la sociedad sino el cinismo, pues nuestros contemporáneos, aun sabiéndolo, dicen lo contrario y finalmente lo hacen. Antes, la ignorancia generaba un orden social alienante que podía ser salvado a base de conocimiento, transparencia y verdad. El cinismo, en cambio, da lugar a una sociedad construida a base de mentiras cuya salvación es imposible. El bipartidismo español funciona así.
¿Qué significado tiene el pacto entre el PP y Vox en la Comunidad Valenciana, hecho público apenas un mes antes de las elecciones generales y que da la razón a las sospechas previas del PSOE? En primer lugar, que los pronósticos se han confirmado y que el desmentido del PP acerca de que tal cosa fuera a ocurrir no era cierto. Es exactamente lo mismo que sucedió con el otro gran partido en las anteriores elecciones. Prometió no pactar con Podemos y los independentistas, recibió críticas por ocultar el plan de hacerlo y luego lo hizo.
No obstante, lo más relevante de la cosa quizás sea que esas mentiras pronunciadas antes de cometer el delito no buscaban convencer a las gentes de las propias filas, pues estas no eran tan reacias a que sus élites pactaran con los vecinos de escalera, sino a las élites del otro espacio político. Por eso el PSOE se defendía de las acusaciones del PP de querer pactar con los independentistas diciendo que no lo haría jamás y el PP se defendía de las acusaciones del PSOE de querer pactar con Vox del mismo modo.
En realidad, las mentiras pronunciadas por cada contendiente, junto a las acusaciones previas provenientes del bando contrario, más que para salirse con la suya y tener el poder, sirven para algo más básico: que los partidos se construyan cierta identidad. Y es que, al margen de esa acusación que reciben de fuera, los grandes partidos, tan habituados a la metamorfosis constante, quizás debido a que están obligados a atrapar votos de cualquier sitio o a que la propia deriva de la sociedad les desfasa constantemente respecto a sus ideologías fundacionales, no tienen ni idea de lo que son. Afortunadamente, gracias a la acusación inicial intuyen cierta identidad y con la mentira posterior logran confirmarla. De este modo cada lado del bipartidismo logra ser lo que el otro teme que sea. Solo este juego de espejos, tras el que no hay nada, sostiene el bipartidismo actual.
El personaje que con más comodidad se desenvuelve en esta competición política es el psicópata. La absoluta falta de empatía, el afán por sobresalir, la temeridad y la manipulación son algunas características que lo convierten en el contendiente perfecto. No obstante, puesto que sus colegas y contrincantes tienen una personalidad idéntica, es difícil que no acaben con una puñalada en la espalda. Recuerden a Casado. Por cierto, a los psicópatas también les va muy bien en el mundo de los negocios. Su ventaja, es que no ligan las acciones a valores sociales. Eso y su inteligencia les permite predecir el comportamiento de quienes les rodean y ser ellos mismos impredecibles. Hasta que dan con la horma de su zapato, claro.
La psicopatía dibuja un espacio de la acción social en el que la influencia de la opinión pública, fundamental para la socialización desde el nacimiento de cada sujeto, no tiene la importancia que habitualmente se le da. Por lo tanto, el auténtico eje político-económico de nuestra época ya no va de la izquierda a la derecha, sino que distingue a quienes todavía actúan según valores y opiniones de quienes no. No obstante, como ocurría en el eje anterior, también aquí hay un juego de espejos tras el que, en verdad, no hay Nada. En realidad, esto sucede con cualquier cosa a la que apliquemos un código binario.
¿Hay alguna política para esta certeza? En absoluto. Ahora que toda esa arquitectura se desmorona conviene dejarse de engaños y aceptarlo. Como dice el Comité Invisible, “no se trata de hacer política de otro modo, sino hacer otra cosa distinta a la política”.






