Ya estamos en noviembre pero vuelvo al verano, la localización mediterránea, las redes sociales y el odio/provocación. Los ingredientes perfectos para escribir sobre turismo. En Aragón el tema está distorsionado. No vivimos del turismo. Los datos son rotundos. Somos un país de consumo interno. Aunque tenemos turistas, algo muy evidente. Con dos perfiles, el de sitio concreto —El Pilar, Ordesa o el mudéjar de Teruel— y el de estancia en paisaje “bonito”. El primero, casi de paso y de foto rápida, y el segundo, con objetivos variados, pero buscando la soledad de la naturaleza o el pueblo prístino.
Desarrollamos todo esto, con un análisis cualitativo, basado en lecturas, reflexiones y observaciones. También como turista, el otro, el extraño, el intruso... ¡No hay qué vender motos innecesarias! Un buen ejemplo para empezar sería el Gran Premio de Aragón de motociclismo. Miles de visitantes. ¿Cuántos disfrutarían de las pinturas góticas del castillo de Alcañiz? No lo sé. Creo que pocos. La tasa de afluencia turística no llega a visitante por habitante, lejos de la realidad estatal (1,9), los porcentajes o peso del turismo sobre el PIB y la población activa ya son otro cantar.
Queremos todo y tenemos poco. Me explico. Zaragoza no termina de fluir en este sector. En un estudio sobre las grandes urbes del Estado español, ocupa el puesto 14 de 22 ciudades estudiadas. Se trata de un enfoque muy empresarial, relacionado con la competitividad turística, pero ya nos hacemos a una idea de lo que estoy exponiendo.
¿Mucha gente en Pilares? Sí. Lo de las pernoctaciones medias es otro cantar. Pero saltando a Aragón el panorama es variable y mutante, con el esquí como elemento central, y esto son palabras mayores, por ser un maná deseado pero con fecha de caducidad... ¡Ay, el cambio climático! Otro tema es la dificultad para acceder a vivienda en los valles donde hay estaciones de esquí.
Santo y seña de todos los gobiernos que ha tenido el Aragón autonómico. Obsesión y gasto público. Del bochorno de Canal Roya pasamos a unir Astún y Candanchú. Y por supuesto el destrozo de Castanesa.
En el sur (Teruel) también hay esquí. Pero la coyuntura es diferente. Pistas de desahogo para el pueblo valenciano: el esquiar casi como derecho... ¿Y la ciudad de Teruel? Un referente sólido en visitantes, con el mudéjar, Dinópolis y gente amable. En las comarcas meridionales del país han hecho las cosas bien; Matarranya o Maestrazgo, como referentes del turismo rural. Paisajes para perderse, tranquilidad, naturaleza y patrimonio. Sobre este territorio cierne una guadaña que desde el punto de vista de permitir la instalación de macroparques de energías renovables, hipoteca todo el discurso -potencial y real- sobre vivir del turismo en una amplísima zona de las comarcas meridionales.
Es un factor más, pero si el visitante/turista valora naturaleza, paisaje y tranquilidad, todo lo que podamos intuir de nuestros gobernantes es esquizofrénico.
¡No hay plan! Este pasado verano se produjo revuelo en redes sociales, se llenaban las pozas de Sobrarbe con promociones baratas desde distintos puntos de Barcelona. Precio módico, autobús, viaje en el día y disfrutar de un entorno maravilloso. Pues igual que los viajes estivales a Salou en el día... ¡En fin! Clasismo. Aragón no vive del turismo y mejor que siga así. Que sea un complemento y no una necesidad. Y no voy a desarrollar fortalezas infinitas, de un turismo más invisible, menos mediático.
Aquí tenemos un turismo relacionado con deportes de naturaleza -escalada, barranquismo, rafting-, de observación de aves, geológico, cicloturista... Pero no da tantos dividendos como el esquí y la foto de postureo. El patrimonio daría para otro análisis más profundo. Una dejadez suprema sobre elementos patrimoniales de todo tipo, que tampoco necesitan presupuestos desorbitados para ser valorizados. O la ciudad de Uesca, puerta de acceso al Pirineo y que sigue teniendo unos datos absurdos respecto al interés objetivo de su patrimonio.
Lo dejamos, con ganas de ver las próximas ocurrencias sobre promoción turística en este milenario y desdichado país.





