La asociación Movimiento hacia un Estado Laico(MHUEL) organiza en Zaragoza una conferencia conjunta con la asociación Europa Laica hoy jueves, 29 de noviembre a las 19.30 horas, en el Centro Cívico Teodoro Sanchez Punter, plaza Mayor de San José.
MHUEL presentará su estudio "La religión en la escuela pública de Zaragoza. Una encuesta a padres y madres", realizado mediante encuestas en colegios de Zaragoza y Europa Laica presentará su campaña “Religión fuera de la escuela”.
Desde MHUEL introducen el debate explicando:
El abanico de elección para quienes estudiaron secundaria en Zaragoza durante el franquismo se limitó a dos institutos públicos (el Goya para hombres y el Miguel Servet para mujeres) o a cualquiera de los múltiples colegios que las congregaciones religiosas tenían en la ciudad. Más crudo lo tenían en los pueblos, obligados a incluir entre sus opciones al “seminario” del que se marchaban al acabar los estudios. En cualquier caso, la doctrina católica era obligatoria en todos los cursos de todos los centros desde la más tierna infancia hasta la universidad. Y misas, rosarios, ángelus y confesiones generales de primeros viernes de mes formaban parte de la rutina cotidiana.
En aquellos años, la conferencia episcopal no defendía la libertad de elección de centros educativos puesto que el monopolio de la educación estaba en sus manos. Fue la Santa Cruzada la que le otorgó dicho poder. En el temprano septiembre de 1936 se restableció la separación de sexos en la enseñanza, se dispuso que los inspectores sólo autorizasen en las escuelas primarias las obras cuyo contenido respondiera a “los sanos principios de la Religión y moral cristiana” y se decretó la obligatoriedad del estudio de la Religión y la Historia Sagrada. Las leyes de 1938 de reforma de la enseñanza secundaria, de 1945 sobre la educación primaria y de 1953 de enseñanza media consolidaron la hegemonía católica en materia educativa de gran utilidad el control de las mentes y la reproducción social del poder de la iglesia.
El Concordato de 1953 lo consagró definitivamente. En su artículo 26 establecía que “en todos los centros docentes de cualquier orden y grado, sean estatales o no estatales la enseñanza se ajustará a los principios del Dogma y la Moral de la Iglesia Católica”. El artículo 27 rezaba que “El Estado español garantiza la enseñanza de la Religión Católica como materia ordinaria y obligatoria en todos los centros docentes, sean estatales o no estatales de cualquier orden o grado”.
Muchos de aquellos estudiantes pusieron sus esperanzas en que el proceso de transición democrática iniciado tras la muerte del dictador acabase con ese control ideológico y se abriese de nuevo la senda de la libertad señalada por el artículo 48 de la Constitución de la República Española de 1931 que establecía que “La enseñanza será laica, hará del trabajo el eje de su actividad metodológica y se inspirará en ideales de solidaridad humana. Se reconoce a las Iglesias el derecho, sujeto a inspección del Estado, de enseñar sus respectivas doctrinas en sus propios establecimientos”.
Sin embargo aquellas esperanzas fueron traicionadas y desembocaron en frustración ya que se impuso la máxima del Gatopardo de Lampedusa: “que todo cambie para que nada cambie”. (...)

