CEPES Aragón: “Alimentar el futuro pasa por fortalecer las redes locales y el compromiso colectivo”

Hemos tenido la suerte y oportunidad de charrar con Magdalena Sancho y Pedro Ausejo, integrantes de una de las entidades de referencia de la economía social aragonesa, sobre alimentación sostenible y economía social “una fuerte alianza por el territorio”

22 junio, 2026. 07:00

Cada 18 de junio el mundo celebra el Día de la Gastronomía Sostenible para recordar que consumir alimentos locales y producidos de forma sostenible puede marcar una gran diferencia en la mejora de las condiciones de vida de los y las agricultoras, en la pervivencia del mundo rural, en la protección del medio ambiente y en el curso de la economía en general.

Con motivo de esta iniciativa de Naciones Unidas a través de la FAO, hemos charrado con Magdalena Sancho y Pedro Ausejo, que forman la secretaría técnica de CEPES Aragón, una de las entidades de referencia para la Economía Social en nuestro país.

Nos cuentan sobre las relaciones entre la Economía Social y el sistema alimentario, y sobre los pasos necesarios hacia una sociedad más sostenible. Charramos en esta entrevista de la producción agroecológica y el consumo responsable, y también de distribución de proximidad, empleo digno, cooperativas y otras alternativas para ampliar el alcance de una economía “con las personas y el territorio en el centro de su actividad”.

¿Qué significa hablar hoy de alimentación sostenible y por qué es importante para CEPES Aragón la celebración de este Día de la Gastronomía Sostenible?

Magdalena Sancho: La alimentación sostenible es una pieza clave para conseguir un sistema alimentario más justo y resiliente, uno que pueda ofrecer respuestas a los retos que afrontamos las sociedades desarrolladas.

No se trata únicamente de cultivar ecológico o de consumir productos de cercanía. Queremos preguntarnos también por quiénes producen y distribuyen nuestros alimentos, en qué condiciones, qué impacto supone esta manera de organizar el consumo para el medio ambiente y qué papel podemos jugar las personas consumidoras para mejorar este modelo económico.

La alimentación sostenible pretende facilitar el acceso a alimentos saludables para todos y todas, con seguridad y garantías de salud, respetando los límites ambientales y contribuyendo al bienestar social y el desarrollo económico de los territorios. Todos estos objetivos casan a la perfección con los principios de la Economía Social.

Pedro Ausejo: CEPES Aragón y la Economía Social llevan décadas apoyando una transformación del modelo económico, también en lo que tiene que ver con la producción, la distribución y el consumo de alimentos. Y somos muy conscientes de que la sostenibilidad alimentaria no solo depende de decisiones individuales: necesita de redes y estructuras económicas que la sostengan, la fortalezcan y la amplíen.

En este sentido, aprovechamos cualquier excusa que nos sirva para recordar esto a la sociedad, para difundir el trabajo que hacen nuestras entidades y para dar visibilidad a las alternativas que ya existen desde modelos basados en la producción local, la cooperación entre entidades, el empleo de calidad y el arraigo territorial. Y estos Días Mundiales son una buena manera de hacerlo en sinergia con otras redes económicas y agentes de transformación social.

Aragón, que fue un país eminentemente agrícola y ganadero, sigue inmerso en una profunda transformación económica ¿qué puede aportar la Economía Social al sector primario?

Magdalena Sancho: Nuestra tierra dispone de recursos, conocimientos y una amplia diversidad de paisajes, lo que ofrece una base sólida para desarrollar sistemas alimentarios sostenibles. La Economía Social, por su parte, aporta una mirada que sitúa a las personas por delante del beneficio económico. Cooperativas, sociedades laborales o empresas de inserción, por ejemplo, trabajan con criterios de participación, equidad y compromiso con el entorno que favorecen la fijación de empleo y el desarrollo local.

En CEPES, contamos con el ejemplo de Cooperativas Agroalimentarias, que agrupa y defiende los intereses económicos y sociales del movimiento cooperativo agroalimentario en Aragón. En el pasado ejercicio, han superado los mil millones de facturación, con un incremento del 7% respecto al año anterior, lo que habla de la buena salud de esta fórmula empresarial en el campo aragonés.

Pedro Ausejo: Además, la Economía Social favorece los circuitos cortos de comercialización que reducen intermediarios y fortalecen las economías locales. Y existe una oportunidad de basarnos en los valores y en las prácticas de la Economía Social para reforzar el relevo generacional en el medio rural, apoyar la agroecología, fomentar la transformación local de los productos y crear alianzas entre productores, consumidores, administraciones y entidades sociales.

¿Qué retos siguen pendientes en Aragón si pensamos en la relación de la Economía Social con la alimentación?

Magdalena Sancho: Uno de los principales desafíos es garantizar que la alimentación sostenible esté al alcance de cada vez más población. A menudo existe la percepción de que consumir de forma responsable es más caro o requiere más tiempo e información.

También es fundamental promover la compra pública responsable en comedores escolares, hospitales o residencias, incorporando criterios sociales y ambientales que beneficien a las iniciativas del territorio.

Pedro Ausejo: Además, nos gustaría mejorar la coordinación entre los distintos actores de la cadena alimentaria y avanzar hacia políticas públicas estables que acompañen, pero sobre todo impulsen una transición ecosocial muy necesaria, casi urgente a estas alturas.

Otro reto importante que tenemos es el de visibilizar el valor real de los alimentos: detrás de cada producto hay trabajo, recursos naturales, cuidados y conocimientos que no siempre se reflejan en el precio final. Y hay, sobre todo, personas que tienen un proyecto de vida relacionado con su trabajo agrícola o ganadero.

¿Qué podemos hacer las personas consumidoras para impulsar el cambio hacia una alimentación más sostenible?

Magdalena Sancho: Lo primero es ser consciente de que cada decisión de compra tiene un impacto, que podemos convertirlo en positivo si lo convertimos en una apuesta por productos locales y de temporada, por ejemplo. Además, hay muchas cosas a la hora de consumir que ya sabemos que benefician a nuestra salud y la de nuestro entorno: reducir el desperdicio, planificar las compras previamente o apoyar iniciativas de Economía Social son acciones cotidianas que contribuyen a fortalecer un modelo más sostenible.

Pedro Ausejo: También es importante interesarnos por el origen de los alimentos que consumimos, conocer quién los produce y cómo llegan hasta nuestra mesa. Cuando elegimos productos que respetan el medio ambiente y garantizan unas condiciones laborales dignas, estamos contribuyendo a fortalecer la economía de nuestro territorio y a frenar el cambio climático.

Magdalena Sancho: Pero tampoco debemos trasladar toda la responsabilidad a las personas consumidoras. El cambio será mucho más efectivo si se aborda de manera colectiva y si contamos con el respaldo de políticas que faciliten opciones sostenibles y accesibles para toda la población.

Para terminar, ¿qué mensaje principal lanza la Economía Social con la ‘excusa’ del Día de la Gastronomía Sostenible?

Magdalena Sancho: Nos gustaría invitar a la ciudadanía a entender la alimentación como un bien común y no únicamente como un producto de mercado. Detrás de cada alimento hay personas, territorios, conocimientos y recursos naturales que debemos cuidar. Detrás de cada decisión de compra, hay una posibilidad de construir o destruir futuro.

Avanzar hacia sistemas alimentarios sostenibles se traduce en una mejor protección del medio ambiente, más oferta de empleo digno, el fortalecimiento de las comunidades rurales y garantizar el derecho de todas las personas a una alimentación saludable.

La alimentación es un acto cotidiano y una poderosa herramienta de transformación social.

Pedro Ausejo: Desde la Economía Social llevamos mucho tiempo demostrando que existen alternativas viables, innovadoras y comprometidas con el futuro de la alimentación, que dependerá, en gran medida, de nuestra capacidad para cooperar, crear alianzas y fortalecer las redes locales, estatales y transnacionales.

Si queremos un sistema alimentario más justo y resiliente, necesitamos poner en el centro a las personas y al territorio. Y ahí la Economía Social tiene mucho que aportar.

Alimentar el futuro desde el territorio

La transición hacia una alimentación más sostenible no es solo una cuestión ambiental. También implica repensar cómo producimos, distribuimos y consumimos los alimentos, qué tipo de relaciones económicas queremos impulsar y qué futuro imaginamos para nuestros pueblos y ciudades. Es también una estrategia de salud personal, social y colectiva.

En un contexto marcado por la emergencia climática, la pérdida de biodiversidad y el desafío demográfico que afrontan muchas zonas rurales, fortalecer las redes locales y los proyectos colectivos y comunitarios puede convertirse en una apuesta estratégica para Aragón.

La Economía Social ofrece herramientas concretas para avanzar en esa dirección desde la proximidad, la participación y la justicia social. Porque alimentarnos mejor también significa construir un futuro más equilibrado, solidario y sostenible para todas las personas.

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