Carta a una residente pro-vida

No sé si estarás contenta. Tampoco creo que lo hayas celebrado. Quizás sólo hayas asentido seriamente que “ya era hora”. Intentaré huir del discurso que seguramente considerarías “radical”. Lo sé por cómo me miras a veces cuando hablo de determinados temas. Sin embargo, desde los polos ideológicos en los que nos encontramos ambas, también hay un respeto y sé que me escuchas. Como yo hago contigo. Por eso sé que te gustan los datos. Y saber las fuentes. Y defender tus ideas. Por eso te escribo ahora. Me gustaría que pensases en qué supone la reforma de la ley del …

aborto libreNo sé si estarás contenta. Tampoco creo que lo hayas celebrado. Quizás sólo hayas asentido seriamente que “ya era hora”.

Intentaré huir del discurso que seguramente considerarías “radical”. Lo sé por cómo me miras a veces cuando hablo de determinados temas. Sin embargo, desde los polos ideológicos en los que nos encontramos ambas, también hay un respeto y sé que me escuchas. Como yo hago contigo.

Por eso sé que te gustan los datos. Y saber las fuentes. Y defender tus ideas. Por eso te escribo ahora. Me gustaría que pensases en qué supone la reforma de la ley del aborto y cómo puede afectar a tu labor asistencial a partir de ahora.

Ya hace algunos días que leí (con bastante sufrimiento, para qué nos vamos a engañar) el “Anteproyecto de Ley Orgánica para la protección de la vida del concebido y de los derechos de la mujer embarazada”. He estado dándole muchas vueltas intentando expresar lo que quiero y aún así creo que no voy a escribir todo lo que me gustaría. No está en mis manos la solución a un debate tan conflictivo y que genera sentimientos tan opuestos; sin embargo, como médica de familia en formación hay algunas cuestiones y situaciones sobre las que te invito a reflexionar. También en la vulneración de tus derechos como mujer que supone esta reforma.

Interrumpir el embarazo vuelve a ser un delito, como antes de 1985 (poco antes de que nacieses), salvo en dos situaciones:

a) que el embarazo sea consecuencia de un delito contra la libertad o indemnidad sexual, debidamente denunciado con anterioridad

b) que suponga un grave peligro para la vida o la salud física o psíquica de la embarazada, dentro de las 22 semanas de gestación.

En la redacción textual del segundo supuesto se considera “que sea necesario, por no poder solucionarse el conflicto, desde el ámbito médico, de ninguna otra forma” (…) “según los conocimientos de la ciencia médica en este momento”.

Al leer esto, recordé en seguida unas recientes declaraciones del  consejero de sanidad del Gobierno de Aragón, Ricardo Oliván, en las que decía que las desigualdades sociales no le competen. Pues bien, la ciencia médica ha demostrado que las desigualdades socioeconómicas y en la asistencia sanitaria generan peor calidad de vida y peor salud física y psíquica. Sabemos ya que la salud no se distribuye de forma equitativa y que las desigualdades matan. El desempleo, las malas condiciones o ausencia de vivienda, la alimentación deficitaria o la pobreza, la falta de poder real para decidir sobre aspectos fundamentales sobre la propia vida en definitiva, son factores que afectan a un gran número de mujeres y que generan desigualdad. Estas mujeres están por tanto en grave peligro para su salud, más cuanto menor sea la clase social a la que pertenecen. Si seguimos el planteamiento teórico de quienes gobiernan, estas condiciones no competen al ámbito sanitario. No podemos solucionar el conflicto. ¿Crees que éstas son las condiciones idóneas para plantearse una maternidad? ¿Podemos penalizar entonces el aborto de estas mujeres si así lo deseasen?

Vale, quizás esto sea demasiado subjetivo...Vamos a los números. Según los datos epidemiológicos de la Dirección General de Salud Pública del año 2012,  en Aragón el  93% de las interrupciones voluntarias del embarazo (IVE) se realizaron a petición de la mujer (dentro de las primeras 14 semanas de gestación, sin necesidad de que concurriese causa médica alguna). Además, la media de la práctica de las IVEs fue a las 9 semanas de gestación. ¿Qué ocurriría ahora con estas mujeres? ¿Cuántas de ellas crees que se podrán permitir viajar en este corto intervalo de tiempo a otro país donde sí puedan interrumpir ese embarazo no deseado sin que se cuestione el porqué? ¿Qué pasa con el derecho a decidir de estas mujeres?

La malformación fetal no se incluye en los supuestos, salvo que el feto sea inviable. Teniendo en cuenta que la edad del embarazo es cada vez mayor y que a mayor edad de la madre aumenta el riesgo de malformaciones cromosómicas, cabe pensar que esta restricción va a aumentar el número de niños que nazcan con síndrome de Down u otras malformaciones congénitas. Es más, serán las mujeres de clases más desfavorecidas las que tengan con mayor probabilidad hijos con estas características, pues las de clases superiores podrán optar por viajar al extranjero para un aborto voluntario.

Seguro que pensarás que hay miles de niños que nacen cada día con síndromes y malformaciones cuyas vidas nadie cuestionaría (tampoco lo voy a hacer yo). Sí que te pido que pienses por un momento lo complicados que son los cuidados entre las personas. Piensa en la dedicación que precisan las personas con necesidades especiales. En un momento en el que cada vez son menores las ayudas sociales que ofrece el estado mientras se incrementan los niveles de pobreza en nuestra sociedad; donde todavía no hemos sido capaces de establecer un sistema de cuidados compartidos; en que las leyes en materia laboral, social y sanitaria no hacen sino minimizar el apoyo a las familias y a las personas que requieren de estos cuidados especiales, ¿no crees que esta limitación puede suponer un grave problema de salud pública y para su vida cotidiana?

La mujer deberá pasar por dos profesionales sanitarios además de quien vaya a practicar el aborto y en parte de los casos, será en el juzgado de primera instancia donde se tome la decisión. En caso de menores de 18 años, se precisará el consentimiento paterno. Vamos a ser nosotras y/o cualquier otro de nuestros compañeros quienes tengamos que ejercer de jueces sobre la decisión de las mujeres de continuar o no con su embarazo. La labor sanitaria pasa a “servir” al ministerio de justicia en lugar de regirse por los principios éticos de no maleficiencia, justicia (equidad en los servicios), autonomía y beneficencia. ¿Dónde queda la autonomía de la mujer que ha decidido abortar si hasta tres profesionales deciden por ella? ¿Dónde la justicia si sólo quienes puedan permitírselo económicamente podrán recurrir a otras vías para interrumpir ese embarazo no deseado en condiciones que no atenten con su vida?

La interrupción voluntaria del embarazo se puede considerar un drama personal para la mujer. También es un fracaso social (no debería existir ningún embarazo no deseado) que nos afecta a todas las personas y un problema de salud pública que debe ser afrontado por todos los profesionales sanitarios. Al margen de tu decisión personal, de tu derecho a la objeción de conciencia (bien considerada dentro de esta nueva reforma), quiero que seas consciente del derecho de todas las mujeres a decidir sobre sus propios cuerpos. Su derecho a decidir cómo, cuándo y con quién reproducirse (o no) en las mejores condiciones posibles, dentro de un sistema sanitario público (universal y gratuito) cada vez más herido, al igual que se cubren otras esferas de su salud que nadie cuestiona.

En 1976, dentro del X Congrès de Metges i Biòlegs de Llengua Catalana, celebrado en Perpinyà (Perpignan), se definió la salud como “aquella manera de vivir que es autónoma, solidaria y gozosa” (la traducción es un poco libre). Quiero que te fijes en cada palabra y en lo que has leído hasta ahora. Has empezado a formarte en una de las profesiones más bonitas que existen. Porque tratas a familias y comunidades, manteniendo y mejorando su salud. Y me gustaría que supieras que sí, claro que eres una pro-vida. Pero no porque te creas realmente eso de los derechos del nasciturus ni nada parecido. Vamos a cambiar el sentido de las palabras y a reapropiarnos de su significado. Eres pro-vida cada vez que das sentido a esa definición de salud, fomentando que las personas a las que tratas, a las que cuidas, puedan disfrutar de la vida (como tú y como yo, en esto no nos diferenciamos tanto), de forma autónoma. Libres y sanas.

Patricia Escartín (Médica de Familia y Comunitaria de Zaragoza) | Para AraInfo

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