Altavoz  AraInfo

Carnet vinculante

| 3 noviembre, 2019 07.11
Carnet vinculante
Foto: AraInfo

Tenemos que empezar a desterrar algunas leyendas urbanas que dañan irreversiblemente el desarrollo cerebral. Una de ellas es que el votante nunca se equivoca. Es mejor que sea falsa pues de ser cierta mal vamos. Es más saludable achacar los resultados a un error de criterio transitorio que no a la firme convicción de estar votando lo correcto.

Si el voto nace tras un análisis y convencimiento profundos ¿Cómo se explican los votos que reciben grupos políticos que propugnan eliminar leyes o disposiciones utilizadas fervorosamente por sus propios votantes? La explicación la encontramos en la falta de compromiso al ejercer el derecho al voto. ¿Por qué se votan a opciones contrarias a los propios intereses y se castiga a partidos que establecen disposiciones legales que mejoran las condiciones de vida?

Como ejemplos: ¿Qué impulsa a mujeres, homosexuales o pensionistas a depositar su confianza en partidos contrarios al derecho a la interrupción voluntaria del embarazo, al matrimonio entre personas del mismo sexo, o a los que congelan las pensiones y recortan prestaciones en sanidad y dependencia?

Descartada la posibilidad de un ataque colectivo de “masoquismo galopante” es necesario buscar otro tipo de explicación a tamaña incongruencia sobrevenida. Quizás pudiera tener su origen en un extraño genoma que impulsa a los humanos a querer pertenecer a un grupo social o tal vez el ser admitido en el clan de sus sueños.

Por tan chuscos motivos ¿Es posible ir en contra de los propios intereses? Parece ser que sí. Ahora bien, ello no impide chupar del trabajo de otros con tal de conseguir las mejoras codiciadas. Así los chupópteros se valen de leyes e iniciativas que promulgan partidos a los que están muy lejos de votar.

Un caso similar y significativamente revelador lo encontramos en los conflictos laborales. Los trabajadores defensores del derecho al trabajo frente al derecho de huelga -es decir, los esquiroles- no participan en las acciones reivindicativas de sus compañeros. Ahora bien, cuando la presión de los obreros triunfa no le hacen ascos a disfrutar de los logros conseguidos.

Es de todo punto indiscutible que nos encontramos ante una extraordinaria falta de congruencia cívica. A día de hoy existen medios técnicos para paliar semejantes despropósitos de conducta, pero sobre todo hay sistemas para obligar a las personas a ser consecuentes con la voluntad que manifiestan al tomar un camino en su proceder.

Para que se entienda: en la actualidad se podrían expedir documentos identificativos que permitieran discriminar la fórmula deseada para vivir. Esa elección iría asociada a lo opción política que con tu voto has sustentado.

Si la votación es para aquellos que niegan el derecho que tienen las mujeres a decidir sobre su cuerpo de ninguna de las maneras se podrá tener acceso a la interrupción voluntaria del embarazo. Es más, si es utilizado el antiguo método de viajar a hacer turismo abortivo por Europa, al regresar  una dotación policial debería estar atenta para poner a la infractora a disposición judicial. Basta de trucos de prestidigitador.

Igual tratamiento le sería dado a los que apoyan a partidos que recurren ante el Tribunal Constitucional la ley de unión de personas del mismo sexo o aquellos que propugnan los recortes al Estado de bienestar. Los unos no deberían poder legitimar unión de ningún tipo y los otros tendrían que renunciar a los derechos que el líder al que votan pretende limitar.

Mientras el sentido de su voto transite por los derroteros políticos explicitados en su papeleta, no podrán favorecerse de los beneficios establecidos por los partidos adversarios de su ideología.

Con esta sencilla medida dejaríamos de ver a mujeres votando formaciones con marcado sesgo machista que desprecian la aspiración igualitaria de las mujeres. O por lo menos serían conscientes de las consecuencias que acarrea su falta de empatía con los movimientos feministas. Ellas solas sufrirían las bofetadas que les proporcione el macho que las acompaña. Su condición de casarse y ser sumisa alcanzaría la verdadera dimensión del mensaje.

Los acérrimos defensores de la religión en la escuela y en la sociedad -que abanderan los movimientos integristas católicos- tendrían que cumplir escrupulosamente con los preceptos de su doctrina ¡Basta de excusas del tipo “soy creyente pero no practicante”! No practicas pero obligas al resto a soportar públicamente tus creencias y a colaborar con el mantenimiento de tus caprichos, supersticiones y excentricidades.

Los trabajadores, los pobres y los desfavorecidos dejarían de conceder su voto a los partidos que aprueban infames leyes laborales, a los que defienden a los bancos que les desahucian, a los que les cierran la boca con leyes mordaza, a los que les congelan las pensiones y los salarios, a los que eliminan becas y desprecian la educación pública en beneficio de la concertada, a los que disminuyen los impuestos a las fortunas mientras recortan en sanidad y dependencia, a los que quieren empequeñecer el Estado mientras llevan toda la vida viviendo de él en puestos creados a dedo por sus amigos influyentes.

En definitiva, dejarían de sostener a todas las formaciones políticas preñadas de sanguijuelas que alardean de su homofobia, disfrutan con su machismo y pasean orgullosos envueltos en las banderas de la intransigencia.

Con el carnet vinculante se acabarían  los votos regalados por votantes  inconsecuentes. ¡Eso votas, eso tienes! ¡Padeces las iras de quien adulas! Y por supuesto no disfrutas lo que no defiendes.

3 noviembre, 2019

Autor/Autora

José Antonio Luque, es socio de MHUEL (@MHUEL_), analista social y colaborador de AraInfo.


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