El Festival EnClaves, organizado por la comarca de la Plana de Uesca, vivió este viernes una cita en Gurrea de Galligo con el dúo Caranzalem, formado por Pilar Almalé y Elena Escartín. El concierto, titulado ‘Caja de música’, ofreció un recorrido íntimo, mestizo y sorprendente por músicas de distintas tradiciones, épocas y territorios.
A través de arreglos propios, el dúo construyó un programa que transita desde las raíces sefardíes o andalusíes hasta el jazz y el barroco europeo, pasando por melodías latinoamericanas o cantos tradicionales del norte de Europa. Cada pieza suponía un pequeño viaje, hilado con coherencia y sensibilidad. Las fusiones se dieron tanto en el repertorio —como en la transición de Caravan, de Duke Ellington, a Libertango, de Astor Piazzolla— como en los arreglos, donde la viola da gamba y las flautas de pico encontraban nuevas voces al mezclarse con músicas populares de tradición oral.
La velada se abrió con una nuba andalusí que estableció un clima introspectivo desde el inicio. A continuación, Caravan & Libertango dio paso al ritmo y a la tensión rítmica, seguida por A la una yo nací & La bruja, donde la primera parte rescataba una melodía sefardí y la segunda, La bruja, es una composición original del dúo.
Uno de los momentos más singulares fue On suuri sun rantas’autius, una pieza de la tradición finlandesa que rompió con la estética predominante del concierto. Su atmósfera serena, casi suspendida en el tiempo, permitió comprobar la pureza de la armonía vocal de Elena y Pilar.
En As Debinetas & A Ground, Caranzalem unió una melodía tradicional aragonesa —conocida por formar parte del repertorio de la Ronda de Boltaña— con una obra barroca del compositor inglés G. Finger. El bajo continuo, compartido entre ambas piezas, permitió un diálogo entre épocas que ejemplifica bien la filosofía del dúo: romper fronteras temporales y estilísticas sin perder la identidad de cada tradición.
El viaje musical propuesto por Caranzalem llevó también al público hasta Sudamérica con la fusión de Hanacpachap cussicuinin, el primer canto polifónico publicado en el continente americano, y Dennos lecencia señores, una pieza del barroco colonial en la que los lugareños piden permiso para cantar y bailar según sus costumbres. Ambas obras, de raíz religiosa y escritas en quechua y castellano respectivamente, reflejan el sincretismo cultural del Virreinato del Perú. En esta combinación, el canto de Elena y Pilar adquirió mayor potencia y proyección, que contrastó con el tono más narrativo o melódico de otras partes del programa.
Hacia el final del concierto, Verde mar de navegar se fusionó con André de sapato novo, en un cierre festivo y participativo. El ritmo del maracatú, un género tradicional brasileño, marcó la base de esta combinación, en la que el público acompañó con palmas, siguiendo el pulso propuesto por las artistas.
El concierto se cerró con un bis: una nueva versión de A la una yo nací. Una despedida cálida y luminosa, que devolvía el foco a la raíz popular del repertorio y dejaba al público con la sensación de haber completado un viaje al mundo a través de la música.
Pese a la intensa tormenta previa al concierto y la humedad persistente durante la noche, condiciones especialmente adversas para la viola da gamba, Pilar se sobrepuso con solvencia, demostrando técnica y sensibilidad incluso con un instrumento que exige un control absoluto en entornos inestables. Elena, por su parte, alternó diversas flautas de pico con naturalidad y virtuosismo, aportando riqueza tímbrica y profundidad a cada pieza.
Hespérides en Sesa
La iglesia de San Juan Bautista de Sesa se llenó el sábado por la tarde para acoger el concierto del trío Hespérides, segunda cita del fin de semana propuesto por el festival EnClaves. Bajo el título “Ecos de la Vieja Europa”, el espectáculo ofreció un recorrido musical desde el siglo I hasta el XVII a través de un repertorio tan diverso como delicadamente interpretado. Las tres intérpretes —Zuberoa Aznárez, Edurne Aizpún y Gloria Aleza— se fueron turnando para presentar las distintas piezas y explicar los múltiples instrumentos históricos que utilizaron: arpas celtas y medievales, viela, rabel, flautas, viola de rueda, nyckelharpa, entre otros.

El concierto se abrió con el “Epitafio de Seikilos”, la pieza musical completa más antigua conservada en Europa. La música comenzó con los instrumentos en escena y, pocos compases después, se sumó la voz solista, que se escuchó desde fuera antes de que la intérprete entrara. Ese breve juego escénico añadió profundidad al inicio de una pieza que, con su letra en griego clásico, reflexiona sobre la fugacidad de la vida con sencillez y belleza atemporal. A continuación interpretaron “Mariam, matrem virginem”, una de las piezas más destacadas del Llibre Vermell de Montserrat, manuscrito catalán del siglo XIV y referencia del Ars Nova hispánico, cuya interpretación resaltó la riqueza melódica y espiritual de esta obra sacra.
El repertorio continuó con dos canciones sefardíes cantadas en ladino, “El rey de Francia” y “Morena me llaman”, una de las manifestaciones más reconocibles de esta tradición musical. Hespérides transmitió el lirismo y la sensibilidad característicos del repertorio sefardí. También interpretaron el “Cantar de la Etxeandre de Urrutia”, una pieza recogida en Iparralde que Zuberoa cantó en euskera mientras se acompañaba con el arpa; a continuación, Edurne recitó en castellano lo que parecía ser una versión del mismo texto.
Desde Inglaterra llegó “Mirie it is while sumer ilast”, una pieza del siglo XIII que expresa la nostalgia del estío frente al frío. El trío logró transmitir esa melancolía con una interpretación de gran sensibilidad, que resonó con fuerza en el recogimiento de la iglesia. El concierto incluyó también un bloque dedicado a Irlanda, con una canción en gaélico y una pieza instrumental del arpista Turlough O’Carolan: “King of the Blind”, interpretada con gran belleza.
Todas las piezas fueron interpretadas en su idioma original, permitiendo al público sumergirse en el espíritu de cada época y región. En una de las últimas piezas, el público fue invitado a cantar y acompañó con entusiasmo. La velada concluyó con una gran ovación. “Ecos de la Vieja Europa” fue, en definitiva, un viaje sonoro por músicas sacras y profanas, lenguas antiguas y timbres olvidados, recreados con respeto y elegancia.




