El Parque Bruil de Zaragoza se ha convertido, una vez más, en el reflejo de la falta de rumbo del Ayuntamiento en materia social. Mientras los servicios de limpieza de FCC recibían órdenes de retirar colchones, mantas y enseres personales de las personas sin hogar que duermen en este espacio público. La Policía Local no ejecutó las instrucciones municipales, pues carecían de una orden específica, además de tratarse de pertenencias privadas, sobre las que no existe ningún 'derecho' a quitárselas.
El resultado fue una escena de confusión total: trabajadores sin instrucciones claras, responsables municipales ausentes y personas sin hogar tratando de proteger sus escasas pertenencias. Algunas se turnaban para no dejar sus cosas solas, otras se marchaban a trabajar o a comer confiando en que algún compañero las custodiara. “Hay personas que se han marchado a trabajar y dejan los colchones a otro compañero para que se los guarde; otras se van ahora a comer y tienen que hacer turnos para que no les quiten las cosas”, relatan desde el propio parque.
Según fuentes consultadas por AraInfo, la orden habría partido del área de Acción Social, dirigida por Marian Orós, aunque en ningún momento apareció nadie del equipo de gobierno para supervisar lo que estaba ocurriendo. Ante la falta de respuesta institucional, fue el concejal de Zaragoza en Común, Suso Domínguez, quien acudió al lugar para tratar de garantizar que no se vulneraran derechos básicos. “Nos encontramos aquí en el Parque Bruil donde hay congregadas unas 50 a 60 personas sin hogar que duermen habitualmente en este espacio y donde los servicios de limpieza pues han venido, tenían instrucciones de tirar todas sus pertenencias, de tirar sus colchones y todo lo que tienen. Bueno, pues ha habido una cierta movilización ciudadana que ha venido a pedir explicaciones y actualmente no hemos conseguido todavía que se contactara con la consejera Orós que es la responsable de la respuesta a esta situación”, ha denunciado Domínguez.
El concejal ha calificado la actuación como una muestra más del abandono institucional, recordando que la situación del Bruil “lleva más de dos años empeorando mes a mes, sin que haya una respuesta clara ni estructural”.

En los últimos meses, distintos informes y recuentos de Servicios Sociales han confirmado la presencia de entre 50 y 60 personas durmiendo en el parque. Muchas de ellas son jóvenes migrantes o solicitantes de protección internacional que, pese a haber encontrado trabajo, no disponen de vivienda ni de documentación regularizada que les permita acceder a un alquiler o a ayudas públicas.
El albergue municipal de Zaragoza continúa saturado y con parte de sus espacios de acogida por frío cerrados. Esta falta de recursos ha convertido el Bruil en un refugio improvisado y precario para decenas de personas que no encuentran otra alternativa.
Frente a esta realidad, Zaragoza en Común ha reclamado la apertura inmediata de los pabellones de frío del albergue y la habilitación de espacios extraordinarios, como ya se hizo durante la pandemia de la COVID-19.“Creemos que es urgente abrir los pabellones de frío de manera indefinida para dar respuesta a este colapso habitacional que tiene el albergue de Zaragoza y, también, que se tomen medidas extraordinarias como puede ser la apertura de pabellones como ya se hizo durante la Covid para acoger a las personas sin hogar”, ha señalado Domínguez.
El silencio de Chueca y Orós
Ni la alcaldesa Natalia Chueca ni la concejala de Acción Social Marian Orós se han pronunciado sobre lo ocurrido. Desde Zaragoza en Común denuncian la inacción y el silencio de ambas responsables y reclaman una respuesta “digna y urgente” a una situación que no puede seguir gestionándose a base de limpiezas y desalojos. “Lo que no puede mantenerse es esta situación. Es paradójico que una actuación de este tipo se lleve a cabo en el día internacional de erradicación de la pobreza. Nos parece que el Ayuntamiento está absolutamente ausente de cualquier medida de lucha contra la pobreza y se dedica a intentar esconderla debajo de una alfombra”, añadió Domínguez.
El episodio vivido en el Bruil no es un hecho aislado, sino un síntoma de una política social que confunde limpieza con dignidad. Las intervenciones municipales no resuelven el sinhogarismo: lo desplazan. De un parque a otro, de un barrio al siguiente.
Mientras el Ayuntamiento acumula titulares sobre “seguridad” y “puesta en valor del espacio público”, decenas de personas siguen durmiendo sobre el césped, entre mochilas y cartones, tratando de no desaparecer junto con sus pertenencias.
La pobreza no se borra con una escoba. Y lo ocurrido en el Bruil lo deja más claro que nunca: la falta de coordinación y la ausencia política han convertido la gestión del sinhogarismo en un caos que se repite, una y otra vez, sobre los cuerpos de quienes menos tienen.




