Como cada otoño, llega el cambio al horario de invierno. En la madrugada de este sábado 24 al domingo 25 de octubre, los relojes deberán retrasarse una hora: a las 3:00 serán de nuevo las 2:00 horas. Esto permitirá dormir una hora más, aunque también supondrá que anochezca antes.
Los dispositivos electrónicos conectados a internet suelen realizar el ajuste automáticamente. A partir del domingo amanecerá más temprano según el reloj, pero también oscurecerá antes por las tardes.
¿El último cambio de hora?
La gran incógnita de este 2026 es si estamos ante el último cambio horario. El calendario publicado en el Boletín Oficial del Estado (BOE) en 2022 termina precisamente este domingo 25 de octubre. Sin embargo, eso no significa que se haya aprobado su eliminación.
En 2018, la Comisión Europea propuso acabar con los cambios de hora después de una consulta pública en la que el 84% de las personas participantes apoyó su supresión. El Parlamento Europeo planteó posteriormente 2021 como fecha límite, pero la iniciativa quedó bloqueada por la falta de acuerdo entre los Estados miembros.
El principal obstáculo sigue siendo decidir si se mantiene permanentemente el horario de verano o el de invierno, una elección que requiere coordinación europea.
El Gobierno español reabrió el debate en octubre de 2025. Pedro Sánchez defendió ante la UE la eliminación del cambio horario al considerar que apenas contribuye al ahorro energético y perjudica la salud. La Comisión Europea se mostró dispuesta a buscar un consenso, pero la propuesta no se ha traducido en una reforma aprobada.
De hecho, la normativa vigente establece el cambio horario con carácter indefinido y la Unión Europea ya ha publicado un nuevo calendario para 2027-2031. Por tanto, salvo modificación de las reglas actuales, los relojes volverán a cambiar en marzo de 2027.
Un cambio que también afecta a la salud
Aunque el horario de invierno permite recuperar una hora de sueño esa noche, la adaptación puede provocar alteraciones temporales del descanso, cansancio e irritabilidad. La reducción de luz por las tardes también puede afectar al estado de ánimo de algunas personas.
Los efectos sobre la salud y el cuestionado ahorro energético siguen alimentando un debate que lleva años abierto. Mientras Europa no tome una decisión, los relojes seguirán cambiando dos veces al año.




