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Calle, sanidad y proyectos. Mónica Lasheras, una médica y cooperante aragonesa en Bolivia

Bolivia es un país donde las diferencias sociales se pueden contemplar, como en casi todos los lugares del mundo, pero aquí muy acentuadas, al pasear por las calles de sus ciudades. Bolivia es ese estado en el que la limosna está casi al mismo nivel que la lucha, una inevitable lucha entre la enorme dignidad...
| 3 diciembre, 2013 08.12
Mónica Lasheras. Foto: Ainhoa Fernández (AraInfo)

Mónica Lasheras. Foto: Ainhoa Fernández (AraInfo)

Bolivia es un país donde las diferencias sociales se pueden contemplar, como en casi todos los lugares del mundo, pero aquí muy acentuadas, al pasear por las calles de sus ciudades. Bolivia es ese estado en el que la limosna está casi al mismo nivel que la lucha, una inevitable lucha entre la enorme dignidad de sus clases populares empobrecidas, machacadas y ninguneadas por años de neoliberalismo, y la ampulosa soberbia de sus clases propietarias y de esa derecha (que también es pueblo) que la sustenta. Bolivia es ese país profundamente desordenado, donde todo se compra y se vende, donde el transporte público circula por los mercados abarrotados de gente y de comestibles, y donde ambos no tienen más opción que tragarse el humo de los motores de esos viejos (pero coloridos) micros de los años 70. Bolivia es ese país donde su clase trabajadora y campesina es ejemplo mundial, capaz de bloquear caminos durante días para avanzar hacia conquistas sociales básicas. Es ese mismo país donde se comienza a dignificar al indígena y donde no existe ningún respeto por el peatón. Es ese país de enormes contradicciones, reflejadas por su gran riqueza natural y su histórico empobrecimiento. Es el país de la coca, de la plurinacionalidad, de los quechuas, los aymaras y los indígenas del Amazonas. También es el país de los cleferitos y de los niños, que sin nada, viven de y en la calle.

Y sobre eso, conversamos harto rato con Mónica Lasheras, una zaragozana con conciencia social, militante, que lleva vinculada con Bolivia desde el 2004 y desde final del 2011 trabajando en Bolivia como médica y cooperante. Mónica es licenciada en Medicina y Cirugía por la Universidad de Zaragoza y especializada en medicina familiar y comunitaria. De esas personas que tienen claro que la solidaridad es práctica y no teoría.

Diego Marín Roig (AraInfo).- Mónica, eres una médica aragonesa que has elegido ejercer una parte de tu vida profesional en el Sur. Desde Zaragoza a Cochabamba. ¿Qué te trajo hasta aquí?

Mónica Lasheras.- Esto se remonta al 2004. En el 2003 me fui a San Salvador a hacer prácticas con la universidad. Mi vivencia fue un poco contradictoria, ya que por una parte estaba junto a gente de un altísimo nivel económico a la vez que realizaba las prácticas en el hospital, creo, más pobre que he visto nunca. Tuve contacto con población de muy bajos recursos, unos contactos muy fuertes con las madres, etc. Pero a la vez estaba todos los días de fiesta. Llegábamos a las siete de la mañana, y a las ocho íbamos al hospital. Esa fue mi vivencia. Al año siguiente en el 2004 me volvió a surgir la oportunidad de irme de nuevo a hacer prácticas. Entonces decidí que no podía viajar a un lugar donde la gente vive en unas condiciones tan precarias, a la vez que, a escasos metros me iba a discotecas en las que se paga un montón por entrar, todo en dólares y poniéndote de ron hasta arriba. Por ello busqué otras prácticas que fuesen más consecuentes con mis principios y con las vivencias de la gente, y justo, por otra amiga que  estuvo en un encuentro de gente que había hecho cooperación, y le hablaron de la Fundación San Lucas, que estaba en Cochabamba y que tenía trabajo médico, pero también educativo, con niños en las comunidades indígenas. Entonces nos llamó la atención, y en el 2004 vinimos tres amigas. Estuvimos realizando algo de medicina, no mucho, y trabajando en los centros UAINA.

DMR (A).- ¿Qué son los centros UAINA?

ML.- Son Unidades de atención integral a menores de cinco años. Son una especie de guarderías públicas donde se hace estimulación y se les da de comer. Se refuerza el tema alimenticio y el educativo. Las propias educadoras son la gente de la comunidad, las madres que van rotando. Estuvimos ahí enseñándoles a hacer un organigrama, a planificar actividades y juegos con sus propios recursos, etc.

DMR (A).-Hiciste entonces un gran cambio cualitativo en tus prácticas

ML.- Sí. Yo ahí estaba en quinto de medicina, justo un año antes de terminar. Pensé, acabo, y en lugar de hacer el MIR me quedo aquí trabajando haciendo prácticas médicas de atención primaria. Así, en el 2005 ya me vine y estuve casi diez meses trabajando en Sapanani y Laraty, que es dónde estaba cooperando la fundación San Lucas.

DMR (A).- ¿Qué es la fundación San Lucas?

ML.- Es una fundación que pertenece al arzobispado de Cochabamba, católica pero independiente, que inició su trabajo en las comunidades de Sapanani y Laraty. Me dedicaba al trabajo con desnutridos, pasar consulta, un poco de todo. Ahí sí que hacía más trabajo médico. También trabajé mucho el tema preventivo, esto es, educación para la salud (que lo trabaja mucho la fundación San Lucas).

DMR (A).- ¿Y cuál era la realidad con la que te encontraste y a la que te tuviste que enfrentar?

ML.- La realidad que veíamos era que de repente aparecían madres, tanto de las comunidades como gente de la calle que querían dejar a sus hijos porque tenían una mala situación económica, porque la madre se ponía enferma y no podía hacerse cargo, madres solteras, o que era su onceavo hijo y no podían mantenerlo,etc. Entonces venían y casi que nos regalaban a sus guaguas por no poder cuidarlas. Además estaban enfermas.  Nos decían; si la salvas, es tuya. Veíamos que a nivel sanitario sí que podíamos hacer algo, pero luego esos niños se iban. Tuvimos el caso de Juan Diego, un niño precioso, que nos lo trajeron desnutrido, lo llevamos al hospital, y ahora está adoptado en Barcelona.

Entonces en ese momento, en el 2006 con estas situaciones vimos la necesidad de montar un centro, hacer algo. La idea inicial era poder hacer algo también con las madres, un centro donde pudieran trabajar, un huerto ecológico, etc…ha habido mil proyectos y mil sueños para generar algo de sustento para que no abandonaran a los niños, pero todavía no se ha conseguido. Y así en el 2006 fundamos la Asociación Creamos.

DMR (A).- ¿Y qué es la Asociación Creamos?

ML.- Creamos se funda con la idea del trabajo con la infancia, rehabilitación de las madres, padres y la familia etc. Fue fundarlo en enero del 2006, y yo me marché en mayo, por lo que no vi sus primeros frutos. En Zaragoza hemos hecho un montón de actividades para conseguir dinero y seguir moviendo esto. Manteníamos el contacto. En el 2008, empezó el hogar en sí, la asociación seguía, se trabajaba con líderes de la pastoral, que es un programa que viene de Brasil “La Pastoral da Criança” que forma, por ejemplo, a diez madres de una comunidad, dedicándose después cada una de ellas a visitar a varias familias de su comunidad que le han sido adjudicadas.En las visitas se hace un control a nivel  sanitario de los niños y las embarazadas, y si hay algún problema derivan a la posta. Es en definitiva control social y comunitario. Eso es lo que estuvimos implementando al principio con Creamos…hicimos también una posta en Alalay, hasta que en el 2008 nació el Hogar con niños de las comunidades. Muchos eran niños con síndrome de Down, autismo o parálisis cerebral. Los teníamos entre semana, les hacíamos la estimulación, o los llevábamos a un centro para que los estimularan, y el fin de semana se iban con su familia a la comunidad. Y así, poco a poco fuimos haciendo Creamos.

DMR (A).- ¿Y hoy en día, cual es la situación de Creamos y tu trabajo en Bolivia?

ML.- Creamos hoy es un centro transitorio para menores de tres años, aunque tenemos a niños de más edad debido a la realidad de sus procesos, de los procesos de adopción, de los procesos de rehabilitación de las madres, de la familia, o a la espera de encontrarles otro centro. Yo estoy apoyando en Creamos, coordinando el proyecto y trabajando también como médica en lo que se necesita. Además como médica de atención primaria estoy trabajando aquí en San Lucas, en el centro social franciscano pasando consulta para gente de bajos recursos y/o de la calle. El año pasado estuve pasando consulta en la zona subtropical con un camión hospital, y este año estoy todas las mañanas de lunes a sábado pasando consulta aquí para gente de la calle y de bajos recursos de Cochabamba y de fuera.

El tema calle nos repercute mucho en Creamos, ya que mucha gente es de calle, semicalle o alcoholismo. Si queremos priorizar a los niños hay que sacarlos de la calle, los niños no pueden vivir en calle. Tenemos familias que han vivido toda su vida en La Costanera (lugar marginal de Cochabamba), desde niños. Hay tres generaciones viviendo allá.

DMR (A).- Hablando de la gente de la calle, que es uno de los mayores problemas de Bolivia, ¿Cómo es esa realidad?

ML.- Este es mi primer año en el que tengo un contacto tan directo con la gente de la calle. Tenía una idea de indigencia, niños cleferitos, trastornos psicológicos, etc. Pero no es así, la calle es un mundo. Hay mucha calle y de mucho tipo. Calle es la gente que trabaja en la calle, son los cleferitos, es la gente que tiene un cuarto pero se busca la vida delinquiendo en la calle, son las potosinas que vienen transitoriamente aquí durante una temporada, son personas que han pasado de ser cleferos a alcohólicos, son también las personas que han pasado por la calle y acaban sobreviviendo a eso, llegando a tener su cuarto y viviendo trabajando como ambulantes en la calle, sin olvidar la indigencia, gente que marcha sola, sin grupos…

DMR (A).- Como grupos, ¿hay diferente grupos o pandillas en la calle entonces?

ML.- Sí claro, tú tiendes a identificarte y a protegerte con pequeños grupos que se van uniendo según sus intereses. Es decir, la gente más joven se junta a clefear, o a papear (fumar pasta base), y acaban, en su mayoría, siendo alcohólicos. La mayoría de la gente viene de una situación de padres alcohólicos, violencia intrafamiliar, madres solteras, abandonos, niños de zonas rurales que han sido echados de casa para buscarse la vida en la ciudad etc.

DMR (A).- Y cuál es la realidad de las mujeres de la calle, ¿también se organizan en grupos?

ML.- La realidad de las mujeres de la calle es muy fuerte. Muchas veces vienen a la consulta y me dicen que se han juntado con el fulanito. Les pregunto por qué, y me dicen que porque prefieren que las viole él a que las viole todo el resto. Existe también mucha prostitución para poder sobrevivir.

DMR (A).- Es dura pues esa realidad

ML.- Muy dura. Este mes, que yo me haya enterado, han muerto dos. Uno de 28 años por problemas alcohólicos, y el otro de 45 años que tenía todo el cuerpo quemado porque lo han intentado quemar vivo varias veces. En el “Cementerio de Elefantes” se habla de todo esto, y es real, de cómo una persona comienza siendo cleferito, se junta en un grupo, pasa por alcohólico crónico y termina muriendo en la calle. Muchos mueren de VIH, de agresiones, de alcoholismo, hemorragias digestivas, cirrosis, etc.

Generalmente aguantan poco, pero hay algunos casos, por ejemplo una paciente, que debido a violencia intrafamiliar salió de la casa, fue cleferita en la calle, y ahora con cuarenta y pico años tiene todos  los brazos cortados de cuando era changa. Ha conseguido más o menos salir. Ahora tiene un cuartito donde vive, pero sigue lustrando botas y limpiando en la calle. Son personas que están un poco dentro y fuera de la calle.

Es una realidad que me ha conmovido mucho, ya que las otras veces que había estado en Bolivia me había relacionado más con los campesinos, que es una pobreza relativa. La gente de la calle es el sujeto de una pobreza mucho más extrema, con gran sufrimiento. Son personas, y es duro decirlo, pero es como si hubiesen perdido su dignidad. Es gente que no ha perdido mucho, que no ha tenido ni tiene nada a lo que se pueda aferrar, más han ganado otras cosas, libertad, un grupo que les acoge. Le dan otro valor a la vida, el tiempo es relativo, incluso su propio cuerpo. Por otro lado, sí que tienen sus cositas, alguien les guarda su ropa para cuando van al médico o a ver a su familia. Es un tema muy complejo que no acabo de entender en su totalidad.

DMR (A).- ¿Y que solución se plantea para la calle?

ML.- Hay muchos programas que trabajan la calle. Muchos mal planteados que perpetuán el problema, que hacen que la calle sea atractiva, es decir, tú estás en la calle y te llevan fresadas, comida, hacen partidos de fútbol, te curan, y otros programas que no acaban de cuajar, no tengo muy claro si es por el planteamiento del programa o por la propia estructura mental de las personas. Es muy complicado. Desde el  SEDEGES lo que planteaban es coger a todos y meterlos en una especie de cárcel o reformatorio. Es una medida superficial que no soluciona nada.

DMR (A).- Y estos programas ¿Son estatales?

ML.- No, so todos privados. Tenemos un compañero que ha intentado coordinar todo esto, hacer convenios con el estado, pero no se ha conseguido…mucho convenio, mucha palabra, mucha firma pero nada en concreto.

No hay ningún programa que restablezca una mínima estructura social o psicológica para las personas que han vivido toda su vida en la calle. En Creamos tenemos la política de no restituir a la calle a los niños que nos llegan. Ya que la experiencia nos ha enseñado que al restituir a los niños junto a unos padres con problemas de alcoholismo o drogadicción el niño va a correr la misma suerte. No va a tener ni cuidados ni condiciones de vida dignas. Sin embargo hay dos perspectivas, una de parte de los niños, que está claro que no pueden volver con sus padres, y otra de parte de los padres, que yo veo que hay que darles una oportunidad, que hay que buscar como rehabilitarles, que la recaída es normal dentro del proceso, pero claro, cuando la recaída supone recaer y caerte encima con los niños, es inviable. Los niños están completamente desprotegidos.

DMR (A).- Y el origen de todo esto, ¿Es la emigración del campo a la ciudad?

ML.- Yo creo que es multifactorial, que no se puede decir que sea solo una cosa. Las causas directas son principalmente el alcohol y la violencia intrafamiliar. Y las causas directas de que exista violencia, alcoholismo o malas condiciones económicas son varias: migración del campo a la ciudad, migración al extranjero con abandono infantil…son muchas cosas, es el propio sistema socioeconómico.

DMR (A).- Estamos hablando de la ciudad, pero, ¿en las zonas rurales se da esta realidad?

ML.- En las zonas rurales aisladas no. En las zonas rurales cercanas  a la ciudadse está empezando a ver. En las zonas rurales sí que hay alcoholismo y violencia, aspectos que se perpetuán en la familia, pero sin embargo no hay vida en la calle. Hay métodos comunitarios de protección y control social. La ciudad es lo más antihumano. Aquí nadie se preocupa del vecino. La zona sur de Cochabamba, que es muy pobre, está llena de futuros niños de la calle, es el germen porque los niños y niñas están todo el día solos, hay mucha violencia, mucho alcoholismo, precariedad laboral, que hace que los padres se vayan a buscar más dinero. Si tienes más dinero consumes alcohol y prostitución, y eso conlleva violencia intrafamiliar, junto a violaciones, condiciones de hacinamiento, que los niños ven como normal y es lo que aprenden y en lo que se socializan. Es el capitalismo en su más pura esencia.

DMR (A).- Y la gente de la calle, ¿Tiene acceso a la sanidad pública?

ML.- El sistema público tiene hospitales y son gratuitos para el SUMI (Seguro Universal Materno Infantil) que es hasta los cinco años, y el SSPAM (Seguro Para el Adulto Mayor) que es para los ancianos. Estos seguros cubren a niños menores de 5 años, ancianos a partir de 60 años, y mujeres embarazadas hasta  seis  meses después del parto. Para el resto de la población, los hospitales públicos tienen un costo más accesible que el privado. Los trabajadores tienen caja, que es similar a la mutua en el Estado Español. También existen seguros privados, que pagas una cuota y te garantizan sanidad. La gente de la calle acude o a entidades privadas como son las ONG´s, que también ofrecen una atención más o menos gratuita. Por ejemplo aquí (San Lucas) tiene un coste simbólico por dignidad, 50 centavos, un peso boliviano, lo que pueden. Cuando es algo que requiere de operación, hay que ir al hospital público, y lo bueno que tiene es que se puede pagar mediante trabajo social, y te rebajan el coste. Otras veces no les dan de alta porque nadie va a pagar, o cosas como que ha fallecido la persona y su cuerpo está en la morgue, y como no hay nadie que pueda pagar la cuenta, pues ahí se queda. Nadie puede sacarlo ni enterrarlo.

DMR (A).- ¿Y no se hace cargo de eso el estado?

ML.- Cuando ha pasado mucho tiempo y nadie lo ha reclamado, pasa a los estudiantes de medicina.  Y la cuenta pendiente, para el estado.

Aquí he visto gente que no tiene plata y no puede ir al hospital. Eso me frustra un poco a nivel profesional. Por ejemplo en Zaragoza si alguien necesita una ecografía se le hace sin problema, aunque tarde meses. Aquí te la hacen al día siguiente si tienes plata. Si no tienes, nunca te la vas a hacer. Muchas veces hago tratamientos a ciegas, pensando puede tener esto,  o aquello, pues le daré un poco de todo para que cubra varias posibilidades…. Recién, se murió un paciente por una hepatitis aguda provocada por alcoholismo que no pudo ir al hospital por no tener plata.Aquí tampoco tenemos los recursos necesarios para atender a un gran número de población ni problemas muy complejos. Todos los días tenemos casos de madres que vienen llorando para que les demos asistencia o paguemos cuestiones hospitalarias de los niños. Hace poco murió un niño del Chapare debido a agroquímicos (que están prohibidos en otros países) y a una negligencia médica gravísima. Por eso, la familia se frustró con los médicos y se arrepintió de no haberlo llevado al yatiri (curandero). ¿Qué va a pasar con esta familia? Que la próxima vez que un hijo se enferme no lo va a llevar al hospital, porque en el hospital me lo matan. Esa es la conclusión directa que sacan. Ya no es una barrera sólo económica, sino de cómo te tratan en el hospital. Encima, si eres campesino y no hablas castellano te tratan de una forma muy denigrante, a gritos y con maltrato psicológico. Bolivia es el país de Sudamérica cuya mortalidad materno-infantil es más alta, y una de las causas es no ir al hospital, además de tener hijos desde los 14 a los 45 años. Suele ser la gente del campo, aunque en la ciudad también se da. Toda una vida pariendo, incluso hasta 12 embarazos. Muchas muertes son porque la madre dejan morir a los hijos, por accidentes, etc. La realidad de la infancia es tremenda.

DMR (A).- Imagino que en esta situación la atención sanitaria a los niños no será la más adecuada. ¿Nos puedes comentar como afectan estas situaciones a los niños y qué medios se ponen para salvarlas? ¿Cuál es la situación de los niños y niñas de Creamos?

ML.- Lo triste es la institucionalización de estos niños. Son niños de hogar, y el acabar mal por ser niños de hogar es muy probable, porque aunque se le den todas las condiciones dignas, todo el amor, todo lo básico, no es lo mismo que una familia estructurada. Tienen como referentes de madres a las trabajadoras del hogar, y eso es muy complicado. Tienen un concepto diferente de mamá, que es la persona que le cuida y le quiere un poco más, pero también es mamá la voluntaria que llega y se queda un mes o una semana. Eso a nivel psicológico y emocional les marca.

Estuvimos haciendo un estudio comparativo entre la cantidad y proporción de niños institucionalizados de Bolivia y del Estado Español. Era la misma proporción en los dos estados. Nos quedamos sorprendidos, pues pensamos que no podía ser. Pero la explicación radica en que los criterios para quitarles los niños a los padres en el Estado Español es muy estricto, y aquí muy laxo. Aquí están la mitad de los niños fuera de casa. Realmente hay pocas muertes y accidentes para las que podría haber por puras negligencias y por dejadez y abandono de los adultos.

Por otro lado hay centros muy buenos, pero también hay otros no tan buenos. Por ejemplo no son extrañas las violaciones en centros mixtos de adolescentes. Por otro lado están los centros para discapacitados, que, o son públicos y son un infierno (con un muy mal uso de los recursos humanos), o son privados y no tienen cupo. Hay poco control y mucha impunidad. Además que existen unos prejuicios tremendo sobre la discapacidad. Los niños discapacitados se esconden, no se les da importancia, no se les estimula, se cree que es una maldición para la familia, o incluso dejarle morir si se puede.

Los que más apoyo deberían tener, que son los sectores más desfavorecidos, ancianos, niños y discapacitados, son los más olvidados. El resto sobrevive y se las busca.

DMR (A).- Y las viejitas arrugaditas que están en la calle pidiendo,¿cómo es su situación, no tienen pensión por jubilación?

ML.- Pues estos viejitos solo tienen jubilación los que han trabajado durante bastantes años cotizando y con contrato. Aquí entra en juego  la propia cosmovisión e idea de mucha gente sobre vivir al día. Para que voy a cotizar si  no se lo que me va a pasar, yo para que voy a pagar la caja laboral (seguro médico) si estoy bien, para que voy a malgastar el dinero en un seguro que no voy a usar, para que voy a guardar ese dinerito para después si me puedo morir mañana…Es vivir al día, que por una parte es muy bonito, y es algo que se ha perdido en el Viejo Mundo, que somos muy previsores y apenas vivimos el momento. Pero aquí por el contrario se vive demasiado el momento. Mucha gente nunca ha tenido contrato en su vida. Otra gente si demuestra que tiene carnet y que tiene tantos años, sí que les dan el  Bono Dignidad que son 200 pesos bolivianos. Si todos los ancianos quisieran y pudieran, lo tendrían, pero muchos no tienen ni certificado de nacimiento, no existen y entonces no se puede seguir el trámite. Es imposible demostrar cuantos años tienen, donde han nacido, etc. Los que fueron a la Guerra del Chaco (1932-35) sí tienen buena pensión. En definitiva, que es muy poca la población que ha cotizado. La mayoría subsiste como puede. Es un pueblo muy contradictorio, que si se hace falta bloquea tres días una carretera para conseguir algo, a la vez que si tienen que estar un mes sin comida, pues lo están. La limosna por un lado y la lucha por otro.

DMR (A).- ¿En qué ha cambiado la sociedad en estos años, desde el 2006, del Proceso de Cambio?

ML.- Desde el 2004 cuando yo vine la primera vez ha habido muchos cambios a nivel sanitario, a nivel educativo. Veo que sobretodo el tema campesino está mucho mejor. Donde no había posta, donde no había escuela, se han hecho escuelas y postas. El SUMI empezaba con vacunas, con alguna cosa, y se ha acabado de instaurar y marchar más o menos bien. El SSPAM creo que hace años no existía. He visto muchas mejoras. Se ha conseguido equilibrar un poco el campo y la ciudad a pesar del personal  educativo y sanitario poco responsable, en los que cualquier excusa es buena para no llegar.Esto es, médicos que si tienen que trabajar tres semana y librar una, lo hacen al revés, o profesores que salen de la comunidad el miércoles porque es el día que hay movilidad.

Soy muy pro-Evo, ya que veo que ha habido cosas muy positivas en este Proceso de Cambio, sobre todo a nivel de zonas rurales, aunque también he de decir que a nivel de calle, por ejemplo, no ha habido apenas cambio.

DMR (A).- ¿Y cómo ves el futuro de Bolivia?

ML.- Es muy complejo. A nivel político no se qué va a pasar, porque hay mucha gente proEvo, pero también hay mucha gente muy disgustada, que le ha decepcionado. La clase media alta, obviamente, está muy en contra. Solamente ven lo negativo, pero creo que ha hecho muchas cosas positivas. Como país creo que es necesaria una mejor organización y planificación, que es un país muy caótico y desordenado. Muchos problemas son por falta de organización y planificación, no por falta ni de recursos ni de capacidades. También es muy importante el tema de la corrupción, que hace que el país no avance y se estanque. Sí que es cierto que el gobierno está trabajando el tema, se han tomado medidas drásticas, pero en las estructuras de abajo, siguen funcionando sin control y de manera alternativa. Otro problema es la  cuestión del narcotráfico, que está muy fuerte, cada vez más. Cada vez hay más violencia intrafamiliar, violencia en las calles, asaltos con pistola, con arma blanca…a mi hace un tiempo Bolivia me parecía un país de lo más tranquilo, y cada vez estoy viendo más cosas de ese tipo. El tener armas puede tener mucho que ver con el narcotráfico. Es un tema que va a perjudicar mucho. Yo no diría ni creo que tenga nada que ver que el Evo ha permitido no sequé a los cocaleros y hace que haya más cocaína. En definitiva, el fututo es incierto…

DMR.- ¿Y tú futuro?

Pues me vuelvo para Aragón a final de febrero. Parece que van a salir oposiciones, esa es un poco mi idea, o volver a hacer otra especialidad, o a precariar por ahí con sustituciones y cosas, a buscar un poco la vida otra vez. También con ganas de luchar allí por una sanidad pública, de pelear por algo que creo y que además aquí he reafirmado que genera mucha desigualdad. La desigualdad genera enfermedad, y la enfermedad, que es un medio de lucro, genera aún más desigualdad y más enfermedad. Con ganas de volver a militar. Por una parte tengo ganas de volver, a nivel profesional, pero por otra también estoy muy cómoda aquí. Creo que es importante, y espero que sirva de algo dar allí el testimonio de otras realidades, los peligros a los que nos enfrentamos y a lo que se puede llegar.

Web de Creamos / Fundación San Lucas

[Diego Marín Roig, corresponsal de AraInfo en América Latina y redactor en Somos Sur]

3 diciembre, 2013

Autor/Autora

Colaborador de AraInfo. @DiegoMRoig


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