Brindis por los libros (disidentes)

Pienso en los libros como en un salto al vacío. Los libros que más me gustan tienen mucho de abisales. De aquellos que he leído con mayor placer me ha costado casi siempre salir, como tras haber caído en una sima. Que se arriesgue por terrenos inciertos, que explore vericuetos -siquiera mentales- aún mal cartografiados, que profundice en el tema elegido aunque a veces sea con una única diminuta luz como guía sobre su frente,… a los libros les pido en ocasiones virtudes que son más propias de un espeleólogo. Con estas expectativas, podéis imaginar que soy un lector de …

Pienso en los libros como en un salto al vacío. Los libros que más me gustan tienen mucho de abisales. De aquellos que he leído con mayor placer me ha costado casi siempre salir, como tras haber caído en una sima. Que se arriesgue por terrenos inciertos, que explore vericuetos -siquiera mentales- aún mal cartografiados, que profundice en el tema elegido aunque a veces sea con una única diminuta luz como guía sobre su frente,… a los libros les pido en ocasiones virtudes que son más propias de un espeleólogo.

Con estas expectativas, podéis imaginar que soy un lector de libros disidentes. Disidentes, heterodoxos, y también leo mucha mala literatura de vez en cuando! Lo cierto es que soy un lector feroz, como cualquiera que se ponga en serio a este asunto, como muy seguramente lo seréis vosotras.

A los libros les debemos buena parte de lo que somos quienes estamos reunidos a esta mesa. Esos objetos que no saben mantenerse callados son memoria más o menos fidedigna de la especie, o de una parte de ella a la que pertenecemos. Tanto han hecho los libros por nuestra formación que una podría recorrer mentalmente, con un dedo acariciando sus lomos, los libros de la biblioteca que ha leído y ofrecerla poniéndola frente a los demás con las palabras “así soy, esto he leído”.

De todos los libros, con esta comida, hemos querido celebrar aquellos que se saltan de una u otra manera la lógica establecida. Contamos con que el comercio y los medios de comunicación ya celebran por su cuenta el libro en general, poniendo el foco en el libro generalista, en el libro sin sustancia, en el libro de mero entretenimiento, y en esa especie de hermano transgénico que le ha salido al libro en el e-reader. Sin embargo, libros como algunos de los que hemos leído hinchados por la fiebre literaria, libros como los que espero que nos queden tantos por leer, libros así pueden salvar tiempos mediocres, desafiar al fuego e incluso detener una carga policial. Donde no llegasen las imágenes de internet, llegaría nuestra imaginación, pero las fotos están ahí fuera.

Los libros, en tiempos de riesgo para el pensamiento libre, son acciones directas.

Añadiré tan sólo un par de ideas más sobre las bibliotecas. Pienso en ellas como en tesoros de la puesta en común, como en legados que están ahí para que sean preservados fraternalmente, creando a su alrededor su propia comunidad. En un mundo de libros disidentes, las bibliotecas abiertas serán monumentos a la paz y el entendimiento.

Tras esta introducción (innecesaria), quisiera proponeros un brindis:

Por el libro, disidente.
Por las bibliotecas, compartidas.
Por todo lo queda por leer.

Salù!
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Daniel Rabanaque compartió este brindis en la comida agroecológica celebrada en Birosta el 23 de abril de 2012, dentro de la celebración del Día del libro disidente que organiza cada año la Biblioteca Frida Kahlo.

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