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Biela y Tierra conocen la agroecología y solidaridad en Euskal Herria

A la llegada a Euskadi, entre valle y valle, conocieron los puertos con los que con fuerza se ha entrenado la comunidad ciclista en Euskadi. De esta comunidad forma parte MTB Andreak club femenino de ciclismo en Bizkaia en el que “soñar, sentir, vivir experiencias y compartirlas es uno de los objetivos claves”. Su verdadero...
| 26 agosto, 2019 13.08
Biela y Tierra conocen la agroecología y solidaridad en Euskal Herria
Foto: Biela y Tierra

A la llegada a Euskadi, entre valle y valle, conocieron los puertos con los que con fuerza se ha entrenado la comunidad ciclista en Euskadi. De esta comunidad forma parte MTB Andreak club femenino de ciclismo en Bizkaia en el que “soñar, sentir, vivir experiencias y compartirlas es uno de los objetivos claves”. Su verdadero reto es fomentar el deporte femenino, en donde cada una pueda aportar su granito de arena. Con Gema, Montse y Esther, a relevos, estuvieron pedaleando desde Sodupe a Zeberio., para conocer MaskilluKonsertbak: conservas por la Soberanía Alimentaria. Esta iniciativa nace del proyecto Nekazalgunea, una apuesta del ayuntamiento de Zeberio por impulsar el sector primario en la zona. Con ella se querían abordar varias problemáticas que se encuentran en el mundo rural: el acceso a la tierra con la creación de un banco de tierras, a la vivienda alquilando viviendas sociales, y la puesta en valor de los productos locales a través de un obrador para la transformación.

Así, desde el municipio se cedió el espacio para la creación de una conservera colectiva donde se elaboran conservas de frutas, verduras y setas de temporada de forma artesanal, de alta calidad y con registro sanitario. MaskilluKonsertbak está integrada por trece socios que “recuperan y dignifican los conocimientos de los caseríos de la zona sobre la conservación de alimentos, e innovan con recetas y conservas creativas.” Cualquier persona puede embotar sus verduras y frutas de temporada durante todo el año, que provengan de huertas de autoconsumo, comunitarias y/o u otras productoras de la zona.

Tras una larga búsqueda consiguieron la maquinaria que necesitaban. Acostumbrados como estaban en el mundo campesino al intercambio de saberes y conocimientos, quedaron muy sorprendidos por lo difícil que fue obtener información sobre los procesos industriales de transformación. Rafa de Huerta Molinillo también lo reflexionó “Frente a las dinámicas de privatización del conocimiento en el sistema neoliberal, las experiencias campesinas se basan en compartir saberes y semillas.” Por eso en MaskilluKonsertbak tienen siempre sus puertas abiertas para recibir a todas aquellas iniciativas o personas que se lanzan a la aventura de poner en marcha un pequeño obrador. En MaskilluKonsertbak lo tienen claro “Queremos potenciar la agroecología progresivamente, a la vez que lo local, apostando por la agricultura campesina frente a un modelo agroindustrial.”

Iniciativas colectivas como MaskilluKonsertbak no salen de la nada, y es que el valle de Arratia-Nerbión se mueve. Y se mueve en clave de agroecología y solidaridad. Una serie de productores de la zona se dieron cuenta de que cada uno funcionaba por separado. Para incidir en la soberanía alimentaria y favorecer el cambio hacia la agroecología en su territorio era necesario juntarse. Así surgió la Agroasamblada IGITIE. Se reúnen una vez al mes para apoyarse y estar coordinadas. Comparten y afrontan las dificultades que se van encontrando para vivir dignamente del campo y de la producción artesanal. Esta agroasamblada es pieza clave en la difusión y sensibilización en el territorio sobre la importancia de la producción agroecológica de alimentos sanos, justos y sostenibles que se muestra como alternativa al sistema agroindustrial.

Foto: Biela y Tierra.

Uno de los integrantes es Geert, belga de origen y arratiano de vocación. Él ha puesto en marcha el vivero de árboles autóctonos Artadi, que significa encina en euskera. Geert contó que “aquí apenas existen bosques comunales porque están en manos privadas.” Estos montes se utilizan para cultivar pino Monterrey o pino de California que se utiliza principalmente en la industria maderera y papelera. Esta industria forestal tiene un enorme impacto ambiental. Por un lado, se homogenizan los bosques y montes eliminando del paisaje las variedades autóctonas y, por otro lado, los trabajos de extracción de la madera en el monte dejan el terreno muy erosionado.

Además, en los últimos años la aparición de tres especies de hongos está causando enfermedades a los pinos y el cambio climático ha favorecido su propagación y está afectando gravemente a los bosques en Euskadi. Qué hipócrita que las laderas de los valles estén cubiertas de pinos que llegaron de California y en cambio la entrada de personas es ilegal. Europa expolia recursos de determinados países, los empobrece y cuando su población migra en busca de opciones de vida digna nuestras fronteras están cerradas para ellas. Es responsabilidad de la ciudadanía europea reivindicar una acogida digna para estas personas. Red Artea trabaja en colaboración con OngiEtorriErrefuxiatuak proveyendo de hogar, red y alternativas laborales a personas migrantes. Mikel reflexionaba “están desposeyendo de tierras a los países del sur, y aquí aunque fuera simbólico, queríamos hacer lo contrario”. Así nació la Red Artea que se define como una red de gente, casas comunitarias y cooperativas: “desobedecemos al sistema y obedecemos a los derechos humanos”.

En la plaza del pueblo de Artea está la HerrikoBenta, un espacio de confluencia de soberanía alimentaria, feminismo y apoyo a migrantes en el que se recupera la figura de bar-tienda de toda la vida con productos locales, artesanos y ecológicos. Un lugar de 0 machismo y 0 racismo donde se apuesta por limitar la codicia. El último proyecto puesto en marcha por la Red Artea es una huerta de casi 6 hectáreas de producción de hortícolas en ecológico. Malu es una mujer luz, de esas que creen y crean nuevos caminos para la justicia social. Hija de familia baserritarra volvió a su pueblo Areatza tras unos años en Latinoamérica con una nueva visión del significado de trabajar en y con la tierra y decidida a hacerse cargo de la ganadería familiar. Para comercializar la carne, abrió una carnicería en Zeanuri que después se convirtió en HerrikoBenta y restaurante con productos de la familia y la zona: el TxokoSagarna. Además, recuperó el molino y empezó a hornear pan. Una mujer creadora que les recordó a las compañeras de El Colletero en Nalda, muy implicada en la Red Artea vio desde un principio que su tierra podía ser un lugar para acoger a las personas migrantes.

Desde hace varios años está funcionando el grupo EtxaldekoEmakumeak, un grupo de mujeres baserritarras, mujeres rurales y ligadas a la agroecología que quieren contagiar de soberanía alimentaria al feminismo. Malu, Sonia, Idoia y Mar mujeres que se definen como agroecofeministas contaban la importancia de encontrarse, compartir y apoyarse, con trabajos comunitarios (auzolan). Su propuesta es flexible, entendiendo y adaptándose a las distintas realidades y tiempos de los que disponen. Acogen las circunstancias vitales de cada una poniendo la vida y a las personas en el centro. Y en estos encuentros reflexionan, debaten y construyen identidad, recogiendo este valioso materialque nutrirá de nuevas narrativas a la agroecología y el feminismo.

El pedaleo por Euskadi es muy diferente a lo que habían encontrado hasta ahora. Cuando llegas a las zonas rurales, ves cómo las tierras más fértiles de los valles, cerca de los ríos, han sido ocupadas por la industria donde se concentran los núcleos de más población. Habían transitado por pequeños pueblos y ahora nos encuentran edificios y polígonos industriales. Y, en las zonas más montañosas, dispersos, los barrios y caseríos (baserris). Su siguiente parada las llevó a un entorno diferente, un valle al que no llegó la industrialización: Axpe – Atxondo.

Se abrió frente a ellas el Anbotocon 1.331 m de altitud y su cumbre rocosa. Y a sus faldas un verde valle salpicado de caseríos, por algo le llaman la pequeña Suiza. Es uno de los montes más destacados en EuskalHerria debido a su importancia geográfica y cultural. Según la mitología vasca, en el Anboto vive Mari, diosa femenina que habita en todas las cumbres de las montañas. Representa a la madre tierra, reina de la naturaleza y de todos los elementos que la componen.

Cenaron enAmillenaBenta, en Arrázola, una cooperativa formada por 3 mujeres. Hace solamente 3 meses que Vane, Lur y Jose abrieron esta venta con el objetivo de vincular este espacio a la soberanía alimentaria, la cultura, la formación y la investigación. En su carta encontramos productos locales, ecológicos y artesanos poniendo en valor a las personas productoras y los recursos que ofrece el valle. En la venta no solo se consumen, sino que también se pueden comprar esos productos. Es un espacio para compartir y aprender estableciendo alianzas con el primer sector. Su deseo es organizar durante todo el año talleres, charlas y actividades culturales que dinamicen y reúnan a las vecinas y vecinos del valle. Su base son los cuidados, poner la vida en el centro y, por ello, forman parte de ExaldekoEmakumeak. Podéis conocer a las protagonistas de Amillena en este video.

BiezkoBaserria es un caserío del siglo XVIII en el que habita la bonita familia de Aner y Oihane. Desde hace 12 años se dedican a la agricultura ecológica con gallinas ponedoras, hortalizas, fruta de temporada y transforman todo lo que pueden: mermeladas, patxaran, frutas desecadas… Comercializan sus productos en forma de venta directa: cestas semanales, cooperativas de consumo y mercado semanal de Durango. Este mercado tiene lugar cada sábado y son 7 los puestos que venden producto ecológico. Una parte del baserri es alojamiento de agroturismo. En un enclave tan especial a los pies del Anboto, BiezkoBaserria es un lugar perfecto para descubrir el valle de Atxondo.

En esta zona, antiguamente se cultivaba mucho trigo y maíz y cada familia tenía algo de ganado para su autoabastecimiento. Actualmente, la mayoría de la gente que vive ahí trabaja fuera, en los núcleos más industrializados. En el valle solo quedan 4 familias que se dedican al sector primario: 2 ganaderas, un pastor y BiezkoBaserria con huerta, huevos y fruta ecológica.

Aner fue reconstruyendo poco a poco el espacio además de gestionar la huerta de autoconsumo que tenía. Oihane estaba involucrada en distintos movimientos y fue ella quien empezó a investigar sobre agroecología. Con el baserri reconstruido tenían dos opciones: vivir allí y trabajar fuera, o ya que venían teorizando sobre agroecología y soberanía alimentaria, ¿por qué no aprovechar la oportunidad de poner eso en práctica? Dar sentido a lo que pensaban, cambiar de vida y mantener un entorno rural vivo. Lo definen como un “caserío que está en camino hacia la agroecología. Aprendiendo de biodinámica, permacultura, agricultura regenerativa, tracción animal…” Pese a las dificultades que se han encontrado a lo largo de estos años a causa de los fuertes vientos y las inundaciones, Aner y Oihane han aprovechado estas circunstancias para seguir aprendiendo. Ahora están iniciando un rediseño de la finca con el apoyo de Sustraiak para implantar estructuras que les permitan protegerse del viento con setos y cortavientos y controlar el agua para evitar inundaciones. Están trabajando para hacer un diseño hidrológico keyline que permita cosechar el agua y la tierra para evitar la pérdida de suelo por escorrentía e incrementar la fertilidad.

Foto: Biela y Tierra.

Otra de las nuevas apuestas de esta pareja son los bosques comestibles, ecosistemas formados por plantas, arbustos, árboles con frutas o semillas. Se instalan generalmente cerca de los asentamientos humanos. Se diferencia de un bosque espontáneo, natural, en que concentra en una superficie pequeña una producción intensiva de alimentos, y se diferencia de un cultivo en que requiere menos mantenimiento y baja o nula aportación de insumos. Genera más biodiversidad y un reciclaje total de la materia orgánica. Biezkobaserria tiene la idea de crear dos bosques comestibles: uno no productivo que sirva para albergar especies del bosque autóctono, y otro productivo utilizando variedades tradicionales de frutales. Quieren escoger patrones de manzano silvestre que, aunque tardan mucho más en iniciar la producción, son mucho más resilientes y requieren menos atención.

Cuando Aner y Oihane apostaron por esta forma vida se dieron cuenta de que si querían vivir los dos ahí y no trabajar fuera tenían que poner en marcha una actividad complementaria. Reconstruyeron y acondicionaron la parte de las cuadras para organizar un alojamiento de agroturismo. Consta de 6 habitaciones dobles, todas con baño, y en total pueden albergarse 24 personas en la casa. Tiene un enorme salón y una cocina de película. Un espacio amplio, confortable y cuidado, para disfrutar de la belleza de su entorno. AxpeAtxondo es un pequeño pueblo que, aunque está cerca de grandes núcleos de población, conserva un espíritu rural en el que la tranquilidad y la naturaleza son su principal atractivo.

Es un lujo conocer este pequeño rincón de Euskadi presidido por el imponente Anboto y que esconde tesoros como BiezkoBaserria, AmillenaBenta e interesantes iniciativas como el bar de las piscinas de Apatamonasterio gestionado por la agroasamblada de Elorrio, jóvenes decididos que apuestan por el mundo rural apoyando al sector primario y a las pequeñas iniciativas de producción local.

Xabi y Marilu en la primavera de 1979 decidieron dejar su vida urbana en Arrasatee instalarse en el caserío Haristizabal, un baserri del S. XV con una finca de 11 hectáreas de prados, frutales y bosque autóctono. Venían de movimientos anticapitalistas y ecologistas. Xabi, estudió empresariales, y el enfoque economicista que le dieron no le convencía. Le hablaban de un modelo de empresa basada en la oferta y la demanda, máximo beneficio con parámetros estrictamente económicos. La rentabilidad de una empresa no puede medirse sólo por el beneficio económico “¿y dónde queda el beneficio social o ambiental?” se preguntaba Xabi.

Xabi y Marilu contaban que llegaron llenos de ilusión a un caserío enorme que necesitaba una buena rehabilitación y mucha energía. Empezaron a vivir ahí desde un primer momento. Su objetivo era producir y hacer el caserío rentable. Al principio le dieron a todo: empezaron con la huerta ya que era lo más necesario; con los manzanos que había hacían sidra; y elaboraban su pan porque era más cómodo que comprarlo fuera. Siguieron con las gallinas que ya estaban en el baserri y, al poco, en contacto con el INIA, fueron el primer caserío en producir con la EuskalOiloa, raza autóctona de Euskadi. También tuvieron patos, ocas, palomas, ovejas, cabras y una vaca para leche. En su imaginario tenían la idea de que un caserío debía tener de todo. Nunca estuvieron solos para aprender y sacar toda la tarea adelante. “Los primeros 10 años sirvieron para enraizarse, era imprescindible aprender de todo, era el título básico que necesitábamos. Y a partir de ahí nos especializamos porque nos dimos cuenta de que éramos rentables ecológica y socialmente, pero no a nivel económico y una empresa ha de ser rentable también económicamente”. Se dieron cuenta de que necesitaban otra forma de enfocar la diversificación y especializarse.

En el sector primario se quedaron con frutales con casi 1.000 manzanos de más de 30 variedades y una huerta de autoconsumo. En el sector secundario producían pan, moliendo y panificando con trigo, espelta y centeno y trabajando para recuperar trigos antiguos. En el sector terciario comercializaban a través de la venta directa con cestas y grupos de consumo. Y en el sector cuaternario de educación y cultura a través del proyecto educativo Baserria: NaturEskolaBizia. A lo largo de estos años, con unos 50 grupos anualmente, más de 1.000 personas han pasado por esta aula viva. Y así, sentaron las bases de su caserío moderno. Hace 15 años también incluyeron la producción y venta de electricidad de forma cooperativa utilizando instalaciones de placas fotovoltaicas.

Pero todo esto no eran iniciativas individuales, sino que cada actividad tenía un grupo. “Si existía el grupo nos sumábamos, y si no, impulsábamos su creación” contó Marilu. Fueron motor de asociacionismo Hace 5 años Marilu y Xabi decidieron dar el relevo después de toda una vida dedicada a HaristizabalBaserria. “Ya no tenemos fuerzas para seguir con todas las actividades, no queríamos envejecer aquí y que el caserío también envejeciera”. Y el relevo llegó, Itxaso y Eneko, madre e hijo. Todo empezó cuando Itxaso y su marido Kepa se quedaron unos días a cargo del baserri mientras Xabi y Marilu estaban de vacaciones. Eneko, su hijo, fue a visitarlos. Mientras esperaba, se sentó a la sombra de los manzanos, respiró, miró hacia arriba y pensó “pues aquí, yo podría vivir muy a gusto siendo baserritarra”. Volvió a su rutina, pero la idea no se le iba de la cabeza. Lo comentó con su familia que lo miraban perplejos y pensaban que se olvidaría de todo esto. Pero lejos de esto, Eneko se encontró a Marilu por la calle y se ofreció como aprendiz en Haristizabal. Itxaso, su madre, entendió que el deseo de su hijo no era tan descabellado y que a ella también le apetecía. Así que se ofrecieron a Xabi y Marilu para ser el preciado relevo de Haristizabalbaserria.

A día de hoy Eneko e Itxaso llevan a cabo el trabajo de unos 900 manzanos, de 30 variedades distintas que proveen de manzanas diversas desde finales de junio hasta noviembre. También perales, kiwis, ciruelas, kaquis y melocotoneros y tienen 10 ponis para desbrozar. Todo el baserri sigue certificado en ecológico. Itxaso, al igual que muchas de las panaderas ecológicas, ha aprendido de Xabi y Marilu su trabajo, cariño y pasión por el pan. Itxaso continuará participando en el grupo de panaderas ecológicas de Guipuzkoa y en los encuentros anuales. En ellos, dedican una jornada para amasar, preparar y hornear el pan conjuntamente utilizando distintos tipos de trigo y así poder valorar sus características: sabor, forma de trabajar y aspecto. Esto es fundamental para establecer vínculos directos con los productores antes de hacer el pedido conjunto. Un cereal de calidad que ofrezca las características necesarias es la materia prima imprescindible para un buen pan y eso bien lo saben este grupo de panaderas. Por eso, para ellas, lo más importante es apoyar y cuidar la producción. El criterio por el que se rigen es la calidad, y por respeto al trabajo de quien cultiva, el precio nunca se negocia.

Eneko e Itxaso saben que tienen un largo camino por recorrer, pero las dificultades nunca han sido una barrera para ellas, sino un motor para continuar. Muchos son los apoyos que les rodean, como Kepa, el padre de la familia, que cada día después de trabajar sube a Haristizabal para poner sus manos y su corazón en la nueva aventura de la familia. La gente les dice que volver a un baserri no es de sentido común. Y Eneko con su sonrisa y buen hacer le dice a Itxaso, “claro que no madre, nosotros no tenemos sentido común, tenemos sentido del amor y de la vida.” Como el sentido que les empujó a Xabi y Marilu a levantar Haristizabalbaserria con centenares de corazones que los han acompañado en esta apuesta por la agricultura ecológica, el asociacionismo, la educación, la amistad y el respeto y amor a la naturaleza.

Después de estar en el precioso pueblo de Itsaso pusieron rumbo por la vía verde del Urola a Azpeitia. Las vías verdes son infraestructuras ferroviarias en desuso que han sido reconvertidas en itinerarios cicloturistas y senderistas. Azpeitia es una población de unos 18.000 habitantes eminentemente industrial. Antiguamente, la economía se basaba en la agricultura y ganadería, pero poco a poco, los caseríos fueron perdiendo fuerza frente a la industria. A día de hoy, hay pocos caseríos que sigan con una economía mixta y la mayoría se han convertido en chalets sin vinculación alguna al sector primario. Desde el barrio más alto se puede observar todo el fondo de valle, las tierras más fértiles, ocupadas por viviendas y la industria. Y así, para los productores quedan las laderas y los suelos más difíciles de trabajar.

Pese a ello, hay gente que sigue apostando por trabajar y vivir de la tierra de manera sostenible. SakonaKomuntzo y Elikagunea son dos claros ejemplos de ello.

En el año 2014 Aiora eIoiritz decidieron tomar las riendas del baserri familiar Komuntzo. Hasta entonces, solo su tío Jose Mari tenía un rebaño de ovejas y cultivaba la tierra. Mikel y Mailu, padres de Ioiritz tenían una empresa de jardinería. Ioiritz se formó para seguir con la empresa pero los astros se alinearon para que así no fuera. Aiora estudió magisterio musical, impartió un día clase y lo dejó para ser agricultora y pastora junto a su pareja en Komuntzo. Y así nació SakonaKomunzoEtxaldeEkologikoa. Ioiriz y Aiora se han tomado muy en serio la responsabilidad de dar continuidad al baserri de la familia. Siguieron con las ovejas de su tío Joxe Mari, raza Manexa de Iparralde, una raza muy rústica. Aumentaron el rebaño hasta las 120 cabezas que tienen actualmente y para poder obtener el valor añadido de la leche, hace poco que han construido un precioso obrador al lado de su finca. Recuerda a las granjas francesas de Iparralde en las que desde hace tiempo los pequeños proyectos transforman y venden sus productos a pie de granja. En el obrador elaboran cuaja y ahora empezarán con yogures. También comercializan leche pasteurizada y elaboran mermeladas de pequeños frutos, manzana y fresa, y zumo de manzana. Construir el obrador y obtener los permisos ha sido más sencillo ya que han contado con el asesoramiento de Leartiker. Desde 2016, en Euskadi, está vigente la flexibilización de los requisitos higiénico-sanitarios que se pueden aplicar a pequeños proyectos de transformación alimentaria con la limitación de que solo se permite la venta de ámbito local o de proximidad circunscrita a su Comunidad. La existencia de normativas que se adecuen al tamaño y a los requerimientos de las pequeñas explotaciones es esencial para mantener un mundo rural vivo con opciones y oportunidades laborales para este tipo de proyectos. Como todo baserri, la diversificación está presente. En SakonaKomuntzo cultivan 2 hectáreas de huerta en exterior y 1.800 m2 de invernadero.

A su llegada a Komuntzoera un día de plantación, ya habían plantado 23.000 puerros y a la tarde quedaban 4.400 coles. Jare, Ibrahim, Diassy, Luix, Alaia, Mailu, Mikel, Maixux, Eli, Janitz y Iosune estaban allí para ayudar. Y es que, en SakonaKomuntzo hay muchas manos que colaboran y trabajan la tierra. Como comentaron Ioiritz y Aiora “solo los dos no podríamos, es imposible”. De esta forma mantienen la idea del baserri tradicional en la que toda la familia está involucrada en el cuidado de la tierra y los animales.

En el gran caserío Komuntzo viven 5 familias y desde hace 10 meses Ibrahim, Yassin y Mamadou, de Guinea Conakry, colaboran en este caserío. Desde la Red de Acogida de Irún, Irungo Harrea Sarea se hizo un llamamiento a los baserris de EuskalHerria para ofrecer apoyo a personas migrantes y refugiadas del territorio. Aiora y Ioiritz lo vieron como una buena oportunidad de colaboración en la que las dos partes se podían beneficiar. Ibrahim, Yassin y Mamadou son parte de la familia y para la pequeña Alaia, hija de Aiora y Ioiritz, son sus tíos. Aiora nos dijo “mi hija está creciendo viendo la diversidad como algo normal en su día a día. Valores como el respeto y la integración son su referencia. No hace falta que le explique nada más.”

Toda la producción de SakonaKomuntzo se comercializa a través de 80 cestas semanales con venta directa y también surten a dos tiendas. Para ellos, poder tener una relación directa con el consumidor y explicar cómo se han producido los alimentos es esencial para que se valoren. Uno de los lugares donde se pueden encontrar productos de SakonaKomuntzo es Elikagunea, en Azpeitia. Elikagunea es una iniciativa promovida por el Ayuntamiento de Azpeitia que ofrece a las vecinas y vecinos del pueblo tener un fácil acceso a los productos de proximidad.

Todo surgió de un proceso participativo para decidir qué hacer con el espacio del antiguo mercado que era necesario rehabilitar. Las voces del pueblo expresaron la importancia de mantener un lugar para que losbaserritarras pudieran vender directamente su producto. Por otro lado, necesitaban un horario más amplio de venta y un servicio de producto local cocinado. Con estas premisas el Ayuntamiento abrió un concurso para recibir propuestas. Ioiritz, informático, Xabi cocinero y Agurtzane, carnicera, apostaron firmemente por este proyecto dejando sus trabajos para prepararse a fondo para la convocatoria. Y así, Azpeitia tiene la gran suerte de disfrutar de esta tienda que ofrece productos de proximidad (radio 150 km) solo de EuskalHerria. En la tienda se incluye una parte de frutas y verduras frescas, producto transformado y carnicería. Hay tanto producto ecológico como convencional, pero el ecológico está visiblemente identificado. Para el producto fresco siempre intentan que sea de lo más cerca posible y una buena parte viene de SakonaKomuntzo y del valle de Errezil. La cocina se encuentra al lado, y en ella se preparan diariamente 10 platos distintos elaborados con los productos de la tienda. Disponer de un lugar donde no has de preocuparte al hacer la compra por mirar el origen es todo un alivio para los consumidores.

Era una apuesta arriesgada y mucha gente creía que no iba a funcionar y, si funcionaba, otras tiendas y losbaserritarras venderían menos. Pero, nada más lejos de la realidad. Elikagunea ha supuesto un cambio en Azpeitia. Frecuentemente, en las conversaciones entre gente local ahora se puede escuchar la preocupación por apoyar a las pequeñas y medianas iniciativas de producción con su consumo. Y esto es solo el inicio de todo lo que está por venir. Lo que empezó como una cooperativa de 3 personas se ha ampliado, ya son 5 las socias y nuevos los proyectos que van llegando: cursos, talleres, actividades de sensibilización, apoyo a los comedores colectivos, catas, demostraciones…

El proyecto tiene como objetivo proporcionar productos locales a un precio justo para los productores y consumidores y sensibilizar sobre el consumo sostenible y responsable. Sobre todo, es un proyecto ciudadano, un proyecto hecho entre todos, productores, asociaciones y consumidores, basándose en la cooperación, el euskera, la igualdad y la filosofía de cero desperdicios. Con una apuesta clara y decidida por parte de la administración y con fuerza y energía por parte de la ciudadanía, Elikagunea demuestra que es posible que nuestra alimentación sea el motor de cambio.

Entraron en el valle de Errezilque les recordaba a Bernardo Atxaga en sus libros especialmente en  Obabakoak. Errezil, famoso por sus manzanas, es un pequeño pueblo de unas 600 habitantes en la comarca Urola-Costa, a 10 km de Azpeitia. Es un valle en el que la actividad agrícola y ganadera está presente. Las deliciosas manzanas reinetas de Errezil son muy apreciadas en toda Guipuzkoa. El caserío IrureTxiki pertenecía a la familia de Joxerra y hace 35 años fueron pioneros en el valle en hacer una plantación de manzanos moderna: pusieron 400 pies siguiendo las indicaciones de los técnicos. Eso sí, injertando la variedad autóctona de Errezil. Seguían los consejos, y llegó un momento en el que Joxerra pensó “¿qué estamos haciendo?”. El manejo utilizado no funcionaba con esta variedad. Así que, 8 años después, decidieron dejar a un lado los tratamientos y pasarse a ecológico. En esto también fueron pioneros.

Joxerra no era de baserri, era de kalea, es decir, se había criado en el pueblo, lejos del caserío. Estuvo trabajando como carpintero y, hace unos 16 años, su pareja Arrate le animó a que recuperaran juntos el baserri familiar IrureTxiki. “Cuando comenzamos a restaurar el caserío familiar no nos planteábamos dedicarnos plenamente a la huerta; sin embargo, una cosa llevó a la otra, fuimos ampliando el huerto y ahora trabajamos 1 hectárea de huerta, 2 de cereal, 100 manzanos y también hacemos pan. Todo, por supuesto, en ecológico.” Los primeros años estuvieron viviendo en una pequeña caseta de paja mientras arreglaban lo que hoy es el precioso y acogedor caserío IrureTxiki. Las manos expertas de Joxerra como carpintero fueron imprescindibles en la rehabilitación y construcción. Arrate y él comenzaron con el pan, la huerta y los manzanos. Hace 7-8 años comenzaron a llegar wwoofers. Wwoof es un movimiento mundial que conecta pequeñas explotaciones ecológicas con personas voluntarias que quieren aprender del sector primario de manera sostenible. Así llegaron Alice y Andoni, pareja cicloviajera. Durante 7 años estuvieron recorriendo el mundo en bicicleta: 70.000 km, 5 continentes y 2 hijos por el camino. Infinidad de vivencias y saberes para aterrizar en el valle de Errezil, en IrureTxiki. Parece que la linda familia de IrureTxiki y la magia del valle les ha atrapado. Alice, a día de hoy, es la socia de Joxerra en la huerta.

En Iruretxikihacer pan siempre ha sido una actividad importante que Arrate impulsó desde el principio. Construyeron un precioso horno de leña en el que hornean 2 veces a la semana. Mantienen parte del obrador con madera para amasar el pan. No fue sencillo que desde inspección de sanidad entendieran que en un obrador pequeño como el suyo se pueden mantener las superficies en madera sin ningún riesgo sanitario. En otros países como Francia es habitual que los pequeños obradores mantengan las instalaciones tradicionales para elaborar sus productos. Como dice Edurne cuando le preguntan “si estás convencido que quieres elaborar pan artesano y tener un obrador tradicional de madera, es necesaria tenacidad y convencimiento, hay que lucharlo”. Estar asociados y hacer fuerza en colectivo les ayudó mucho.

Edurne, hermana de Joxerra, se incorporó al equipo hace 5 años. Ella ya era panadera en otro proyecto y volvió a su casa para continuar con su pasión por el pan. Como nos explicó “el pan es un hilo conductor en mi vida. Hacer pan me ha ayudado a salir de situaciones difíciles. Me centro en el proceso, en el amasado. Pongo la atención en la acción manual y esto me ayuda a superar de los problemas”. A Edurne siempre le ha interesado seguir aprendiendo sobre el arte del pan. Sin dudarlo se fue de wwoofer a una granja en Bretaña a aprender nuevas técnicas y, aunque no sabía francés, el lenguaje universal del pan hizo de conexión. Durante su estancia en Francia ella se presentaba como panadera y allí le preguntaban “eres solo panadera o panadera y agricultora” y claro, en esa época en IrureTxiki no cultivaban su trigo. Así que volvió a Errezil decidida a tener un mayor conocimiento sobre el cultivo del trigo, ya que sin tener control sobre la producción del cereal su proceso de trabajo estaba incompleto. Junto a otros dos baserris, Xoxola y Solaka, decidieron empezar a sembrar su propio trigo, una mezcla de 7 variedades que trajeron de Bretaña. En esta última campaña han cultivado también la variedad Rouge de Bourdeaux. ¡Qué ganas de probar el pan con este nuevo trigo! Probablemente será tan delicioso como los que hacen hasta ahora, también de espelta y centeno y siempre con su levadura madre. Este tipo de pan aguanta más tiempo fresco y tienen un sabor más intenso. El proceso de fermentación es más largo lo que conlleva un pan más digerible y más nutritivo. A día de hoy encontrar un buen pan no es tarea fácil pero como decía Íñigo Hernaníes nuestro deber encontrarlo. Los panes industriales que se comercializan habitualmente en la mayoría de establecimientos son un engaño. No deberían llamarse pan.

Foto: Biela y Tierra.

Joxerra, por su lado, está involucrado en la Asociación IbarbiErrezilgoErrezilSagarrarenKulturElkartea, una iniciativa para dar a conocer y fortalecer el uso de la manzana de Errezil cultivada en Errezil. Entre todas las variedades de manzanas locales de Gipuzkoa, la más destacada es Errezil o Ibarbi, tal y como se le llama en la localidad. Esta manzana, de tipo Reineta, es de color verde-amarillo, tamaño medio y una forma plana.

Tiene una piel fuerte, algo áspera, y es de sabor ácido. La asociación está impulsando distintas acciones para poner en valor está variedad y la producción en el valle. Han creado la Ruta de la manzana Ibarbi, una ruta por senderos locales de 3,5 km de largo que atraviesa Errezil, que se puede hacer tanto a pie como en bicicleta. Paradas en el Molino, en un baserri, la ermita, recuerdo de fiestas populares y, por supuesto, el imponente Ernio no faltan en la ruta para acercarnos a los tesoros de este valle.

Desde hace años se celebra una feria entorno a la manzana Ibarbi de Errezil en el que se venden manzanas y sus derivados (postres, sidra, zumos…), se organizan talleres para aprender a hacer injertos de manzana y sidra. Un día de celebración que organiza la Asociación de mujeres el ErrezilgoAzokaque desde hace añosse han agrupado para vender y elaborar productos con manzanas Ibarbi y a la que se ha sumado la asociación IbarbiErrezilgoErrezilSagarrarenKulturElkartea. Esta feria les recordó a las fiestas de la ciruela Reina Claudia de las queridas compañeras de Nalda.

Durante la estancia en IrureTxiki aprovecharon para encontrarse y compartir unas ricas pizzas artesanas con las compañeras de EHKolektiboa colectivo del que forma parte IrureTxiki, SakonaKomuntzo, Biezkobaserria ,Haristizabal y Pikunieta. EHKolectiboa es una asociación que abarca todo el territorio de EuskalHerria, integrada tanto por personas vinculadas al primer sector como por consumidores que apuestan firmemente por un modelo de agricultura y ganadería basada en la agroecología. Este colectivo surgió por la inquietud de productores y consumidores con la puesta en vigor de la nueva normativa europea de agricultura ecológica, más flexible y laxa. Para defender proyectos agroecológicos es necesario poner en valor «la granja en su totalidad» y un modelo de producción basado en la soberanía alimentaria y la agroecología, diferenciándose así positivamente de las dinámicas de los grandes mercados. En EHKOlektiboase tienen en cuenta, además del modelo productivo, criterios de cercanía y circuitos cortos de comercialización, sociales, económicos y culturales dentro de los proyectos asociados. Hace tiempo que están trabajando en los criterios para asignar el identificadorEHKo y garantizar que se cumplen los requisitos, basándose en un «sistema participativo de garantía» donde los propios agricultores y consumidores son los que hacen el seguimiento de las granjas.

EHkolektiboa ha creado una red de granjas a lo largo de toda EuskalHerria que se conocen comparten y defienden valores comunes en torno a la agroecología, cercanía, son de escala humana y siguen criterios de economía social y solidaria. Transitar en comunidad hacia la máxima autonomía de cada uno de los baserris, colaborar y compartir conocimientos hace de esta red una gran herramienta para los pequeños proyectos.

En su recorrido para visitar iniciativas de alimentación sostenible en bicicleta, Ana y Edurne han pedaleado más de 1.800 km, visitado 83 iniciativas y han dejado de emitir más de 250 kg de CO2.

26 agosto, 2019

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