Ahora que los aires de la actualidad nos traen la sequía en primera página y que, con toda seguridad, tirios y troyanos citarán a D. Joaquín Costa como ejemplo y modelo para camuflar su acrisolada incapacidad de gestión de las aguas y de las tierras, no estará de mas ampliar un poco el foco de nuestra percepción.
Es costumbre, que por repetición se convierte en axioma, recurrir en situaciones como está, al argumento de la importancia del campo en la producción de alimentos, de la justificación del regadío y de la idoneidad de continuar la política de su modernización y su crecimiento. Estas ideas que tienen una oscilante dosis de certeza, se suelen presentar como verdades absolutas por quienes buscan en una imagen idealizada del campo y de la agricultura la consolidación de su liderazgo social o político. No hay más que ver las declaraciones del consejero de Agricultura.
Volveremos asistir a la triste procesión del icono de Costa, que paradójicamente los sucesores de los caciques a los que combatió sin ningún éxito organizarán para convencer a la gente de que las medias verdades que cuentan nuestros mediatizados medios de comunicación, son verdades irrebatibles que explican y justifican la asimetría de la economía agraria aragonesa. Una agroganadería industrializada que alimenta escasos y ricos patrimonios apoyada en una silenciosa mayoría conformada.
Nadie duda de la importancia de la agricultura como productora de alimentos pero cabría decir también que cuando más de la mitad de esa producción se destina a la exportación, estamos hablando de un modelo de negocio regido por un mercado ajeno a Aragón y lejano de esa idea de soberanía alimentaria que con toda seguridad se escuchará dentro del próximo ruido electoral.
Precisamente, en este horizonte de sequía que se avecina en que seguro abundarán las noticias sobre las necesarias restricciones de agua que habrá que imponer, se debería caer en la cuenta de que la agroganadería es con muchísimo (80/85%) la mayor consumidora de agua y que con la expectativa de futuro de una disminución importante (20/25%) del recurso, no parece inteligente ampliar el regadío tal como planea el Plan Hidrológico del Ebro por exigencia de las comunidades de regantes con la bendición de la DGA.
Sería inteligente que el necesario debate de modelo de desarrollo que nuestra comunidad autónoma pospone permanentemente tanto en agroganadería como en otros aspectos como energía o turismo, no se convierta en un enfrentamiento simplista entre grupos sociales o entre rurales y urbanitas. En las últimas décadas la evolución del campo ha sido de tal dimensión que querer seguir utilizando los argumentos del regenaracionismo costista para avalar un sistema, cuando menos cuestionable, es de una demencia imperdonable.
El eco de la sequía que retumbará por la “España vaciada” no debería de servir de justificación para seguir haciendo lo mismo de la misma manera y puede que enmascare errores de bulto en la gestión del sector primario en Aragón que, pese a su escaso aporte estadístico en la economía, nadie duda de su vital importancia por toda una serie de valores entre los que el ecosistémico no es el menos importante.
La misma consejería que se alarma de que en esta tierra haya sequía, podría explicar la gestión de unas plantas de tratamiento de purines que se construyeron con (28 millones de euros) los fondos destinados a la depuración del pirineo y que, de momento siguen inactivas y de las que ya no habla nadie, no sabemos si es que ya se han pasado de moda o si los medios de “formación pública” optan por crear una realidad más amable y con menos responsabilidades hacia sus gestores.
Además de los problemas del tratamiento y depuración de las aguas, que en Zaragoza va a ser protagonista en cuanto se pasen los ruidos electorales. La sequía no debería de hacer olvidar a la gente que la gestión de territorios y paisajes en todo lo que tiene que ver con las energías renovables que parecen condenarnos a ser los suministradores de hidrógeno a Europa, es un problema tan importante como la escasez de agua.
Hace mucho que desde el movimiento ecologista se habla de la necesidad de evaluar adecuadamente la gestión del agua en Aragón: el verdadero coste de las obras de regulación, la verdad o falsedad del asentamiento de la población rural gracias al regadío o la evolución del mercado agrícola y si la proletarización del campo ha convertido a la agricultura familiar en tema de antropología o de programa de TV autonómica.
Como hablar de lo que se pudo hacer y no se hizo es trabajo baldío, sería interesante que esta sequía de ahora sirviera de ocasión para analizar y debatir por donde debería ir la gestión del agua y el modelo de agroganadería en el escenario de preguntas que la emergencia climática está lanzando a nuestra convivencia que, desde luego no debería recibir las mismas respuestas que nos han traído hasta aquí.
Siete llaves al sepulcro de Costa,
que su nombre en vano dejen de invocar.
Ronda de Boltaña

