Ni es oro todo lo que reluce, ni hay duros a cuatro pesetas
Estos últimos meses hemos sufrido las fanfarronerías del señor presidente de la DGA con respecto a la masiva apuesta por los centros de datos de algunas multinacionales —Amazon, Blackstone, Google, Microsoft y los que vendrán—.
Bueno, bonito y barato, es el concepto que nos ha querido vender bajo la idea de tener una impresionante vista de halcón (o de buitre, que también la tienen buena) para la gestión.
Falso todo. No es bueno para la comunidad porque consumen mucha agua en una tierra seca, con estrés hídrico; consumen energía de manera apabullante a precio de risa (los que hay proyectados, a la fecha, consumirán 7.400 MGV ellos solitos, el TRIPLE del actual consumo total de toda la comunidad).
Falso todo. No es bonito porque los centros de datos son unidades “fabriles” que pocos quieren en sus comunidades. Ni aportan empleos (ridícula tasa de empleo con respecto a los millones de inversión) ni aportarán beneficios de facturación, son empresas auxiliares, en cierta manera, de sus centrales y no existirá una facturación fabril como en otra empresa cualquiera. Y si existe, irá toda o la mayor parte a sus lugares de origen (Estados Unidos o cualquier país que esté a caballo del paraíso fiscal).
Falso todo. Porque no es barato. Las facilidades de recursos que se les han prometido, el precio pírrico del agua que gastarán (peor, a la pregunta ¿de dónde la sacarán?, la respuesta es demasiado fácil: al parecer, de pozos sin demasiado control), el precio prometido del kilovatio necesario, de proporciones escandalosas comparadas con los precios de mercado para el resto de ciudadanos y de PYMES, y la proliferación impúdica de cientos de molinos y de campos solares innecesarios a todas luces y que se están gestando con vistas a estos enormes imperios que, de nuevo, colonizarán territorios o países a la manera neoliberal, peor, casi siempre, que la clásica colonización negrera de los siglos XVIII y XIX.
En los últimos meses he alertado con diversos artículos (“Menos lobos, Caperucita”, AraInfo en 17-10-2024; “Duros a cuatro pesetas” en Facebook el 24-11-2024; “Azcón y la epidemia de los centros de datos” en Facebook el 31-12-2024); este es uno más, distinto puesto que tengo la satisfacción de ver recogidos mis argumentos por diversas organizaciones ambientalistas —ANSAR, Amigas de la Tierra, Ecologistas en Acción, Red Aragonesa por el Agua Pública, Ingeniería sin Fronteras, Tunubesecamirio, Plataforma en defensa de los paisajes de Teruel o SEO Birdlife, entre otras— que han alegado en bloque contra esas macro barbaridades disfrazadas de jactancia y fanfarria, más falsas que Judas.
Es una luz de esperanza para cortar lo que podría ser una barbaridad irreversible que hipotecaría a nuestro territorio por décadas en función de una letra pequeña de acuerdos que nunca se van a conocer. Se alega que es inaceptable el brutal consumo de agua en un contexto de estrés hídrico, contra el elevadísimo consumo eléctrico que, incluso, podría poner en riesgo otras industrias estratégicas (hidrógeno verde o movilidad eléctrica) o generar cortes de corriente, se apunta la tramitación opaca de estos contratos o la ridícula generación de empleo.
Aplausos sin restricciones a dichas organizaciones. Ahora, a apoyar la verdad.





