Llamamiento a los aragoneses y aragonesas “a no callar y rebelarse contra la degradación” del Gobierno de Aragón “a través de una revolución de la decencia en las calles hasta que haya elecciones”.
Aragón “necesita una revolución, la revolución de la decencia y de la libertad. Y la vamos a liderar desde las calles y hasta las urnas, pasando por las instituciones. Y para esa revolución que comienza hoy, cuento con todos los ciudadanos honestos y libres de nuestro país”. Presidente Azcón “ríndase a la democracia. Convoque elecciones, las queremos ya, porque nadie le votó para esto”.
“Hay en mi partido, y fuera de él, distintos estilos, distintas intensidades, pero el mismo objetivo que compartimos, que es cambiar esta situación y cambiar este Gobierno. Nadie me va a mover de la centralidad, el único espacio capaz de volver a reunir a la mayoría” de aragoneses y aragonesas “que otros se han empeñado a dividir”.
Vamos a “abrir la puerta al palacio” del Pignatelli “no solo ganando, sino gobernando, que es el objetivo”. Presidente Azcón “deje de esconderse, de mentir y de huir. Antes o después tendrá que enfrentarse al pueblo, que no lo va a amnistiar”.
Nos hemos permitido este pequeño juego: cambiar, en los literales más destacados del discurso de Feijóo durante su pasado cónclave dominical, los términos España y españoles por Aragón y aragoneses y aragonesas, y el apellido del presidente español Sánchez por el aragonés Azcón.
Y hemos comprobado que funciona igual. Es lo que tienen los discursos vacíos, populistas e incendiarios, que lo mismo se aplican al amigo que al enemigo. Por que lo importante en el populismo no son las propuestas, la democracia o la necesaria crítica política, sino arengar a los propios y cabrear a los ajenos hurgando en la mugre. Por lo que, más allá de cifras y fracasos, el PP puede afirmar que este domingo: objetivo cumplido.

