Parafraseando, primero a la portavoz del PP en el Senado, Azcón gobierna “con el mando a distancia desde el búnker del Pignatelli, sin presentar presupuestos y sin pasar por las Cortes de Aragón”, y segundo, a su jefe Feijóo desde Madrid, Azcón “toma a los aragoneses por idiotas. Sin presupuestos o dimisión o convocatoria de elecciones”.
En su trayectoria política el actual presidente de Aragón por la gracia de Vox, Jorge Azcón Navarro, no destaca por ser un gran estadista, o un sólido intelectual, o un líder carismático o un gran gestor, destaca, como su antecesor Javier Lambán, por ser un ‘profesional’ de la política. Ambos, Azcón y Lambán, han hecho de la política su particular ‘nicho de negocio’, cobrando durante toda su vida generosos sueldos públicos, y sin actividad profesional alguna en el sector privado, sin necesidad de ser emprendedores, de jugarse su propio dinero, trabajo y esfuerzo compitiendo en la jungla capitalista, porque al cobijo del sueldo público la vida se afronta con más alegría.
Pero tanto a Azcón como a Lambán, tanto monta, monta tanto, mantenerse vitalmente de los sueldos públicos y librarse de las cuchilladas políticas (internas y externas) les ha convertido en excelentes peones del sistema, de la casta, del régimen borbónico, en cotizados monosabios al servicio de los oligarcas hispano-madrileños, en especialistas en encajar y propinar cuchilladas y traiciones para mantenerse en el poder. Quizá por eso la incesante campaña del PP contra el otro presidente, Pedro Sánchez, no parece afectar a Jorge Azcón.
Sánchez y Azcón comparten la misma debilidad parlamentaria y ejecutiva, y además ambos se resisten a presentar, como es su obligación legal, un borrador de presupuestos para su aprobación, o no, en sus respectivos parlamentos, el español uno, y al aragonés, el otro. Por eso no se entiende que cuando los jefes de Azcón en Madrid reclaman a Sánchez que o presenta los “presupuestos, o dimisión o convocatoria de elecciones”, no sé de por aludido.
Sánchez y Azcón también mantienen otra gran similitud: su reciente fervor militarista para prepararnos para la guerra contra el enemigo exterior (parece de perogrullo, pero se agradece, pues en el último siglo el único enemigo que ha combatido el ejército español ha sido su propio pueblo). Nos quieren preparar, no para la guerra real ya declarada por Trump contra el mundo con sus misiles arancelarios, si no para la “invasión militar de la Unión Europea por parte de Putin”, algo que, por ahora, solo se creen los oligarcas europeos y su pléyade de medios de comunicación (y los fabricantes de mochilas de supervivencia, claro). Sánchez va a destinar miles de millones de euros a rearmar a los ejércitos, sin que esto afecte a los servicios púbicos -sic-, mientras Azcón tira de marketing con su Hub de Defensa. Y ambos lo hacen sin presupuestos, es la magia de la política.
Donde sí existen algunas diferencias entre Sánchez y Azcón es respecto a la tortura a animales. A Pedro Sánchez no se lo conocen parafilias taurinas, mientras que Azcón destina tiempo y dinero a potenciar la tortura a rumiantes. Pasando, desde la creación de premios taurinos, a este mismo martes vanagloriarse su equipo de gobierno desde el Pignatelli en una jornada ‘de trabajo’ de “modernizar la gestión de los festejos taurinos”.
También existen diferencias entre ambos presidentes respecto a la necesidad de conocer la historia para no repetir lo peor de ella. Mientras Sánchez da tímidos pasos para el reconocimiento de las víctimas de la dictadura franquista, Azcón (sin verse obligado por los chantajes de su socio Vox) ha derogado la tibia Ley de Memoria Democrática de Aragón. Ya saben, aquello de “ha pasado mucho tiempo desde la guerra de los abuelos”, la excusa habitual de las derechas para esconder sus carencias democráticas.
Sin embargo, parece que fue ayer y han pasado dos mil años, sin que al presidente Azcón le parezca mucho tiempo, y la próxima semana participará en los actos de reconocimiento a las víctimas del Imperio romano, conocida popularmente como Semana Santa. Siete días cargados de ritmo, percusión, coloridos disfraces y homenajes al cabecilla del terrorismo palestino contra la legalidad vigente, Jesús de Nazaret.
Sin presupuestos, Jorge Azcón está dispuesto a crucificar a la Sanidad, Educación y Dependencia por un bien mayor y superior: su permanencia en el sillón del Pignatelli.

