Autonomía y resistencia en la Meseta p’urhépecha mexicana: “Esta lucha es por la vida, el bosque, nuestra seguridad y justicia por los desaparecidos”

Quince años después del levantamiento que expulsó a autoridades y policías vinculadas al narcotráfico, Cherán mantiene un modelo de autogobierno indígena basado en usos y costumbres. La defensa del bosque, la seguridad comunitaria y la lucha contra el crimen organizado siguen marcando el día a día de esta localidad de la Meseta p’urhépecha

10 junio, 2026. 13:11
María de la Luz Torres | Foto: LM

Para llegar a Cherán, en la meseta p’urhépecha de Michoacán, es necesario pasar unos puestos de control armados de la Ronda Comunitaria. En 2011, esta población expulsó a las autoridades locales y a la policía municipal que, coludidas con el narcotráfico y los talamontes, habían instaurado un clima de terror. El levantamiento popular indígena llevó a los habitantes a recuperar el poder local bajo el sistema de usos y costumbres; una organización comunitaria, sin partidos políticos, en la que la máxima representatividad corresponde al Concejo Mayor conformado por doce concejales o k’eris elegidos siguiendo un procedimiento de democracia comunitaria indígena. La seguridad la ejerce la Ronda Comunitaria, una autodefensa que controla y defiende el territorio. Los consejos comunitarios han logrado una distribución más equitativa de recursos y una representación más democrática para una población que supera los 20.500 habitantes. Aunque este proceso de autonomía suma ya 15 años de cohesión y defensa territorial, el municipio aún enfrenta desafíos como el crimen organizado que acecha al municipio y el relevo generacional.

El día previo al inicio de la celebración del Corpus Christi, en la primera planta de la Casa Comunal hay un trasiego constante de comparsas procedentes de diferentes barrios que se presentan ante las autoridades. En Cherán se celebra una de las festividades más singulares de la región que mezcla fe católica y cosmovisión indígena. Los protagonistas principales son los panaleros —recolectores de panales silvestres en los cerros boscosos— y la celebración marca la temporada de lluvias y el ciclo del maíz. Los panaleros cargan unos postes de madera, adornados con coronas de ramas y flores, traídos de los cerros llamados katarakuas. El ritual representa el regreso del monte al centro urbano en agradecimiento al bosque por el sustento brindado al pueblo durante el año.

En 2008, el PRI se hizo con el gobierno del municipio y enseguida comenzaron el desvío de recursos, clientelismo y tráfico de influencias. La corrupción y la alianza con el narcotráfico de las autoridades municipales hizo que se instalara el miedo en la localidad. Fueron años de caos, violencia e inseguridad en los que la población, a iniciativa propia, estableció un toque de queda a las 9 de la noche. La denominada “guerra contra el narco”, iniciada en 2006, hizo que llegaran a la zona grupos narcos que buscaban refugio procedentes de otras regiones, especialmente la Familia Michoacana, que acudió a la sierra p’urhépecha en un intento de escapar de la persecución del gobierno y expandir el mercado de sustancias ilícitas. Los crímenes que empezaron a darse no podían investigarse por los acuerdos entre el crimen y la municipalidad en seguridad. El crimen organizado se dedicó a explotar los bienes comunales y devastó la zona boscosa con el corte de madera y los incendios para cambiar el uso del suelo e instalar cultivos de aguacate.

Foto: LM

María de la Luz Torres, del Concejo Mayor, consejera del Barrio Segundo, recuerda las causas que llevaron a los cheranenses a rebelarse: “En 2008 empezaron a devastar y prender los cerros. Entonces estábamos gobernados por el PRI y comenzó la tala inmoderada por parte de la delincuencia organizada. Además hubo mucha gente desaparecida de la que todavía no tenemos noticias. Se decidió tomar la presidencia por la caída y desaparición de unos comuneros. En aquella época los talamontes bajaban más de 100 camiones, noche y día. Comenzaron a amenazar con llevarse a las mujeres. La comunidad de Cherán ha tenido muchos sucesos donde siempre ha defendido el territorio. Parte de la Iglesia y de los comuneros del barrio tercero se organizaron y decidieron tomar las riendas. Empezó en abril y estuvimos refugiados y atrincherados en la comunidad hasta noviembre, que se conformó un Concejo Mayor. El Estado [de Michoacán] se declaró incompetente en resolver el problema de la comunidad de Cherán y fuimos a México, donde una sentencia señaló que podemos regirnos por usos y costumbres. No estamos separados del Estado, recibimos dinero del Estado, entregamos informes y tenemos autonomía para decidir quiénes van a representar y gobernar la comunidad de Cherán; así tenemos la organización y los recursos más distribuidos hacia más gente, la representación cambia cada 3 años, a diferencia de los partidos políticos, que nada más cambiaba el presidente y quedaban sus allegados. Ahora no, ahora tenemos más repartidos los recursos que llegan a la comunidad”.

Cherán fue el primer municipio del país con autogobierno indígena reconocido al contar con el respaldo de la Suprema Corte de Justicia de la Nación, que autorizó que el Concejo Comunal pueda gobernarse por las leyes de usos y costumbres indígenas. No se permiten partidos políticos y, en procesos electorales a la Presidencia, Diputados, Senadores y otros cargos, los habitantes que deseen participar tienen que acudir a los municipios colindantes para votar.

La revuelta de 2011 dio paso a un proyecto político basado en la identidad p’urhépecha y en la comunidad. Se cambió de un gobierno basado en partidos políticos a uno tradicional elegido de forma directa. María de la Luz explica el funcionamiento del Concejo Mayor: “En México los partidos políticos que tienen colores nos dividen. Nosotros nos organizamos diferente, tenemos procedimientos para llegar a este puesto, no cualquiera llega al Consejo Mayor. Duramos 3 años en el cargo a tiempo completo, ahorita estamos en casi 2 años y a partir de octubre se estaría trabajando quiénes van a ser los que nos van a representar en la comunidad. Se trabaja políticamente, no podemos hacer propaganda, no podemos invitar gente. Los usos y costumbres es una forma de no perder la identidad ni la lengua, trabajar cómo lo hacían los abuelos, es la forma de organizarnos y dirigir a una comunidad. Nosotros somos parte de la meseta Purépecha, todas las comunidades son diferentes. Tenemos la doble identidad, somos comunidad y municipio indígena. La Ronda es parte de nuestra seguridad, es gente de la comunidad que la cuida y no se va a corromper. El año pasado hubo un asesinato de un integrante de la Ronda y otro fue herido. Tenemos la amenaza del crimen organizado, cerquita del territorio. Entre todas las comunidades, somos la única que no está pagando plaza. Se hizo una manifestación ante el Estado pero ni el Estado ni la Federación han dado respuesta”.

Foto: LM

El 2 de julio de 2025, el guardia comunal Francisco Macías fue asesinado mientras realizaba un patrullaje. “Ahora la Ronda está haciendo lo que le toca al Estado, la Federación todavía no nos ha indemnizado”, afirma María de la Luz en relación al suceso ocurrido hace casi un año. Aunque la k’eri afirma que están “seguros” en Cherán, la situación en seguridad en la región es complicada. El pasado 17 de mayo, la vecina comunidad de Sevina, municipio de Nahuatzen —a unos 10 kilómetros de distancia—, sufrió un ataque en el que dos integrantes de su guardia comunal fueron asesinados. La región de la Meseta Purépecha lleva años asediada. También en mayo, en La Estancia de Amezcua, municipio de Zamora, seis integrantes de la Guardia Civil fueron heridos por el Cártel Jalisco Nueva Generación y en junio del año pasado ocho soldados fueron asesinados con una mina antipersona en un ataque cometido presuntamente por exmilitares colombianos.

Antes del levantamiento de 2011, una de las principales actividades de “los malos” era quemar el bosque para plantar aguacates, el llamado “oro verde”, aparte de devastar los bosques. Daniela Rico y Edgards Martínez narran en “Las raíces del despojo, Historias y memorias de Cherán y su bosque” que el crecimiento masivo de las huertas aguacateras data de 1994, cuando despertó el gigante dormido de esta agroindustria; su lógica depredadora necesitaba grandes porciones de agua y tierra, además de abundantes cantidades de madera para fabricar cajas de empaque; el Tratado de Libre Comercio de América del Norte fue la arteria que irrigó la privatización agrícola en México, abriendo la producción del aguacate al mercado transnacional. Los cárteles de la droga se beneficiaron, infiltraron y propiciaron el auge del aguacate en la región.

“Esta sigue siendo una zona muy apetecida para el crimen organizado. La lucha de nosotros fue por la vida y la reconstrucción de nuestro territorio, porque al final lo que nos da todo es nuestro medio ambiente. Es fortalecer los ojos y las venas de agua que pasan por aquí, hubo un tiempo en el que se taló todo este cerro en la comunidad de Uruapan y ya no había agua, ahora Cherán es uno de los lugares de México donde se mantiene el bosque. Esta lucha es por la vida, el bosque, nuestra seguridad y justicia por los desaparecidos”, reflexiona María de la Luz.

“Desde 2013 se han reforestado los bosques, tenemos un captador de agua”. María de la Luz se refiere a las 10.000 hectáreas de pinos reforestadas en estos años y a la construcción del captador de agua pluvial más grande de Latinoamérica en el cerro Kukundicata.

“Lo que ahorita nos está dando problemas en el bosque son las plagas. En los alrededores de la comunidad de Cherán está la plantación de aguacate, un cultivo masivo y grande que hace que los árboles de nuestros cerros estén enfermando por el gusano barrenador, además del cambio climático, que hace que uno de los ojos de agua haya dejado de tener agua”, insiste la k’eri.

Diálogo intergeneracional con la juventud

Jacqueline, Juliette e Izcoatl | Foto: LM

“Los niños de 2011 tienen ahora veinte años, nosotros estábamos preocupados por quién iba a continuar el proceso, algunos de esos jóvenes ahora están en la Ronda dispuestos a defender la tierra para que no entren a la comunidad”, afirma María de la Luz.

Entre los jóvenes de Cherán se encuentran Jacqueline, Juliette e Izcoatl, pertenecientes al Consejo de Jóvenes. El día previo al inicio del Corpus Christi reparten entre los comercios locales unos volantes con la instrucción que recuerda la obligación de no vender alcohol a menores. Aunque destacan los avances en la protección del bosque, también advierten de nuevas amenazas ambientales, desafíos en la participación ciudadana y preocupaciones sobre el papel de las nuevas generaciones en la vida comunitaria.

Afirmaron que, gracias a la organización comunitaria, actualmente existe mayor conciencia ambiental y controles para el aprovechamiento forestal —incluyendo permisos, vigilancia por parte de guardias comunales y mecanismos de supervisión que han reducido significativamente la extracción ilegal de madera—. Sin embargo, señalaron que aún falta fortalecer la participación de la población en actividades de reforestación, el combate de incendios y la conservación ambiental.

Además, destacaron que cada vez más jóvenes buscan estudiar y contribuir al desarrollo local; sin embargo, la migración continúa siendo una aspiración importante debido a la falta de oportunidades laborales, por lo que subrayaron la necesidad de mantener el espíritu de solidaridad y participación colectiva que caracterizó a la comunidad durante la movilización de 2011.

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