No, en Aragón no estamos en guerra, pero somos parte del negocio. Una parte fundamental y, además, nos vamos a encargar de ser parte de su industria.
En el caso de Zaragoza, con 15.000 militares y la tercera parte de su término municipal ocupada por instalaciones del ejército, la servidumbre militar es más que evidente. También tenemos el campo de maniobras más grande del Estado, San Gregorio, que llega desde Zaragoza hasta las Cinco Villas y en la misma linde de Cinco Villas el polígono de tiro de Bardenas en una zona natural de gran valor.
A toda esta realidad armada se suma el impulso al llamado Hub de la Defensa de Aragón que se presentó el pasado 10 de septiembre. Un eufemismo para no hablar de fabricación de armas, de la que el Estado español es el noveno exportador mundial.
La industria de la guerra nunca ha sido muy popular. Es más bonito hablar de defensa que pensar, por ejemplo, en amputados o cadáveres cubiertos de moscas (jo tío que mal rollo ¿no?).
Como viene siendo habitual, el proyecto industrial fue presentado a bombo y platillo por Gobierno central y DGA, que para la ocasión se llevaron muy bien.
Abrazos, sonrisas y buenos deseos, sobre todo de las 50 empresas inicialmente interesadas que han visto la tajada en los 800.000 millones de euros previstos para el llamado plan ReArm Europe de la Unión Europea. Nada nuevo en una UE que hace aspavientos por supuestas preocupaciones ambientales, por ejemplo, al tiempo que no le tiembla el pulso mantener industrias sucias.
El ruido de fondo aún asusta más: el de una Europa de la opulencia de algunos que apuesta por el rearme por un lado, sí, pero dentro de un militarismo creciente en que se plantean cosas como el retorno del servicio militar.
Por otro la pleitesía debida a la estructura de la OTAN y a su líder eterno EEUU. Los gobiernos dan por hecho acatar los delirios de Trump y destinar una cantidad ingente del PIB, hasta un 5%, en una industria de la guerra de la que el mayor beneficiario es el propio Estados Unidos.
Y a revuelta de todo ello una serie de empresas discretas, que sacan mucho dinero pero dan poco trabajo (la cifra más optimista habla de 700 empleos) a costa de esparcir sufrimiento.
A la cabeza de todas por supuesto Instalaza, la veterana del armamento en Aragón y que está declarada de Interés Autonómico. Igual no somos lo bastante espabilados, pero fabricar granadas o bombas no creo que se haga para otra utilidad que la guerra. Pero, claro, los cuerpos despedazados quedan feos en la publicidad institucional (Jodo, otra vez el mal rollito, controla tío) y por eso es una empresa que mantiene un perfil discreto.
Entre los mayores logros de Instalaza se cuenta haber fabricado bombas de racimo, munición ahora prohibida, por lo que se le acusaba de presunto uso contra la población civil (si es que somos unos tiquismiquis) por el régimen de Gadafi. Eso no quita para que su último proyecto haya sido declarado de interés militar por el Ministerio de Defensa.
De momento la inversión ya está lanzada con una campaña institucional y la oposición al hub parece poca y silenciada.
La próxima vez que veamos víctimas de una guerra en los medios podremos sacar pecho y fardar de que son un auténtico producto aragonés. No creo que nadie nos lo agradezca.
Acratorial semanal del programa El Acratador de Radio Topo, radio libre de Zaragoza.

