Es un tema recurrente en la prensa la larga reivindicación de los vecinos de Valdefierro y sus asociaciones defendiendo el uso del antiguo edificio del Reformatorio del Buen Pastor en Zaragoza, obra clave de la arquitectura civil pública aragonesa de la década de 1940. Son nueve años en lucha, 2012-2021, que según explica Apudepa “el Gobierno de Aragón debe respetar a través del Instituto Aragonés de Servicios Sociales, el IASS, propietario del edificio”.
En consecuencia, la entidad patrimonialista apoya la reivindicación vecinal de Valdefierro a favor de la conservación del edificio antiguo y su uso como residencia y centro de mayores principalmente.
“Rechazamos de forma enérgica la postura de Javier Lambán, presidente del Gobierno de Aragón, y de María Victoria Broto, Consejera de Ciudadanía y Derechos Sociales, de proponer el derribo del edificio antiguo para plantear la construcción de un centro de día y residencia de mayores de nueva planta, cuando el edificio histórico existente sería perfectamente reaprovechable para los citados usos con una mera rehabilitación, por un coste mucho menor económica y medioambientalmente, respetando nuestro pasado arquitectónico”, señalan.
Para Apudepa el Reformatorio del Buen Pastor representa una obra muy importante de Regino (1895-1976) y José Borobio (1907-1984), hermanos que desarrollaron una arquitectura de gran calidad en Zaragoza a lo largo del siglo XX, c.1920-1984, y en concreto en esta casa tutelar de niños y jóvenes, construida en la década de 1940.
Sus espacios y usos los concretaron los hermanos paso a paso en la Revista Nacional de Arquitectura bajo el título “Casa Tutelar del Buen Pastor de Zaragoza” (nº 77, 1948, p. 142).
Por tanto, además de la arquitectura de calidad, se debe preservar la memoria de esos espacios educativos de una época concreta vinculada a la dictadura franquista, por lo que se debe investigar en los archivos, como memoria social y educativa de un proceso de intento concreto enfocado a los niños y jóvenes, tal y como definen los hermanos en la referida revista.
Apudepa desea insistir en la relevancia de la arquitectura de los hermanos Borobio. Regino desempeñó numerosos cargos y su obra entronca con la tradición arquitectónica aragonesa y comprende todos los populismos regionales, salvo, eventualmente, desde 1925 a 1939, y sobre todo desde 1931 a 1939, a partir de la incorporación a su despacho de su hermano José, quien aporta el nuevo lenguaje racionalista (del Movimiento Moderno) con los modos formales aprendidos en Madrid con Fernando García Mercadal, Rafael Bergamín y Casto Fernández Shaw.
Al término de la Guerra Civil, periodo en el que se sitúa la obra que nos ocupa, la producción del despacho volvió a los cauces anteriores, pero sin abandonar nunca el sustrato moderno.
Regino y José Borobio llevaron a cabo una ingente e importante obra en Aragón, principalmente en Zaragoza. De hecho, algunos de los mejores edificios levantados en la ciudad a lo largo del siglo XX se debieron al Estudio Borobio.
“Su obra arquitectónica está dotada de una personalidad propia, se arraiga en la tierra en la que se levanta y es deudora de la tradición arquitectónica aragonesa, pero sin perder nunca un claro sustrato de modernidad. Los Borobio trasladaban su incuestionable calidad como arquitectos también a sus propuestas urbanísticas”, aseguran desde Apudepa.
Por ello, propone que se suspendan las licencias urbanísticas de derribo hasta que no se revise y actualice el Catálogo de Edificios de Interés Histórico Artístico del Plan General de Ordenación Urbana (PGOU) de Zaragoza.
“Revisión que se debe atender desde diversas perspectivas multidisciplinares, de acuerdo a la complejidad que representa la Cultura de la Edificación (o de la arquitectura)”, añaden.
Recientemente ha definido con el término de Baukultur la Conferencia de Ministros del Consejo de Europa en la Declaración de Davos, 2018, suscrita por el Estado español en el 2019, en la que se recoge: “La cultura permite e impulsa la sostenibilidad económica, social y medioambiental. Le da forma a nuestra identidad y define nuestra herencia. Por consiguiente, la cultura debe ocupar un lugar central en las políticas de desarrollo y conviene destacar su contribución en la búsqueda del bien común. No puede haber desarrollo democrático, pacífico y sostenible si la cultura no es su núcleo”.
“No forma parte de la Cultura de la Edificación derribar la antigua Casa Tutelar del Buen Pastor en Zaragoza”, advierten desde la entidad que recuerda que “tal planteamiento es negar nuestra identidad y la arquitectura de calidad, además de ser insostenible su derribo por los efectos de emisión de Co2 dada la enorme dimensión del conjunto formado por varios pabellones, una auténtica ciudad de tutela para los jóvenes que podría reaprovecharse para dar cabida a los múltiples usos planteados por los vecinos y plataformas vecinales del barrio de Valdefierro y aledaños”.

